EL JUEGO, UN TRABAJO PSÍQUICO PRIVILEGIADO PARA EL PSICOANÁLISIS CON NIÑOS

El juego es uno de los lenguajes preferenciales del niño para dar forma a sus fantasías y modular las angustias que están ligadas a ellas. Ocupa un espacio y un tiempo para sentirse actor, autor y director de un escenario que vincule su teatro interno con la realidad de los objetos externos que experimenta y que explora, para poder ser confrontada e integrarse a los capítulos de su escena psíquica, transformándola y consolidando su arquitectura. El observador es testigo en ese momento de un intenso trabajo psíquico del cual tanto lo serio como el placer no se le pueden pasar por alto. Crea símbolos, y su creatividad es indisociable del proceso de vida. El psicoanalista D. Winnicott nos dice que corresponde a la manera de vivir y sentirse vivo, (1975).

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Debemos a la psicoanalista M. Klein la idea de la utilización del juego del niño en el núcleo de la situación psicoanalítica. Ella lo considera como el equivalente a las asociaciones libres del adulto en psicoanálisis.   Winnicott se interesa particularmente en el proceso del juego, se pregunta cuáles son los procesos  que están funcionado, cuando el niño juega.  Jugar es hacer. El juego en un estado intermedio entre el adentro y el afuera. De esta manera se conceptualiza así la relación del juego con la realidad.

En palabras de Winnicott “El juego es una forma de comunicación en psicoterapia” y, en último lugar, se diría que el psicoanálisis se ha desarrollado, como una forma muy especializada del juego puesto al servicio dela comunicación consigo mismo y con los otros. Lo que es natural es el jugar, mientras que el psicoanálisis es un fenómeno muy sofisticado del siglo XX. La psicoterapia se efectúa allí donde se solapan dos áreas de juego, la del paciente y la del terapeuta. Si el paciente no puede jugar, eso quiere decir que es necesario hacer algo para permitirle tener la capacidad de jugar; “si el terapeuta no puede jugar, quiere decir que no está hecho para este trabajo” (1975).

El marco de las sesiones con niños, los juegos compartidos es un lugar donde se producen los acontecimientos aleatorios inentendibles para los dos protagonistas, el pequeño paciente y su analista.  Más allá de la repetición del pasado y de retomar de lo simbólico que de las huellas anteriores se abre un pasaje hacia lo desconocido que tenemos que franquear con nuestro paciente. Cuando los psicoanalistas jugamos, estamos plenamente comprometidos y nuestro estilo revela nuestra subjetividad. Por lo tanto juntos existe un hiato entre lo esperado y lo recibido.

Marcos, un niño de 9 años, sobredotado. Había comprendido todo esto en la relación analítica compartida, cuando me comentó: “ciertas sesiones me parecen largas y otras más cortas, siempre depende de mi humor, alguna veces, he podido perder tiempo jugando, pero siempre, me encuentro muy sorprendido porque cuando juego y hablo contigo lo que tu dices quiere decir otras cosas que yo no había pensado, cuando uno se hace preguntas, siempre hay un montón de respuestas”.

Alicia Monserrat.

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