PARAíSO: AMOR, FE y ESPERANZA

El Paraíso que antecede al título de estas tres películas parece  conducirnos al Edén,  a la felicidad utópica, al germen de nuestros ideales y  al placer de los deseos soñados.

La obra fue gestada como una sola película, pero, dada la extensión de la cinta, el director decidió fraccionarla. Cada una de las  piezas tiene entidad por sí misma y puede ser vista como una unidad, pero las tres  están interrelacionadas. Como en “Vidas cruzadas, de Robert Altman, estas tres composiciones cruzan los caminos de las tres protagonistas, unidas por vínculos de parentesco: la madre, la hija y la hermana y tía respectivamente. Discurre la trilogía durante la época estival. De este modo, cada heroína disfrutará de sus vacaciones según sus fantasías, deseos y necesidades.

      Paraíso Amor (2012) nos describe la aventura de Teresa, una mujer madura que viaja a Kenia con el deseo de descansar, además de satisfacer y experimentar una sexualidad que en su vida personal está frustrada y casi extinguida.

La composición de esta primera obra  nos enfrenta al turismo sexual tan frecuente en lugares deprimidos social y económicamente, colonizados por otros países donde impera el capitalismo.

El director austriaco establece ángulos  muy diferenciados en la película para mostrarnos las playas virginales de un complejo turístico donde Teresa conocerá a otras mujeres que viajan con el mismo objeto.

Las imágenes, unas veces hermosas, otras casi oníricas e inquietantes del complejo de vacaciones, nos muestran en planos largos y longitudinales a los turistas tumbados tomando el sol. Cuerpos estáticos y mortecinos separados por una línea de seguridad. Al otro lado se agolpan ordenadamente los nativos tratando de vender  baratijas y su propio cuerpo como un abalorio más. Como contrapunto  Seidl nos pasea por el pueblo indígena. Un contexto plagado de miserias humanas y la dramática realidad de cada nativo que vende amor adulterado para sostener la propia vida y la de su familia.

No es frecuente que se muestre la sexualidad femenina con tanta libertad y crudeza. Una sexualidad impregnada de soledad, de amargura  por la juventud perdida, de conversaciones excitantes  y de utilización de los jóvenes africanos como productos de consumo.  El director ha escudriñado en la psicología para exponer un retrato femenino sobre la angustia y el patrón al que se someten las mujeres para alcanzar un ideal propuesto desde el entorno, ideal de amor/sexo, ideal de belleza, ideal de espiritualidad.

Los psicoanalistas sabemos que no existe una sexualidad sin historia infantil, sin fantasías, sin temores, anhelos y fantasmas. Por eso hablamos de psicosexualidad y por esta razón la protagonista, que viaja a por sexo, regresa con el corazón maltrecho.  Pero no nos engañemos, viene a decirnos Ultrich Seidl, nadie miente a nadie y todos compran y venden.

La segunda obra Paraíso Esperanza (2013) nos enfrenta al complejo mundo de los adolescentes con problemas de obesidad. En este caso, la hija de Teresa pasa el verano en un campamento para jóvenes que desean rehabilitarse de sus problemas de adicción a la comida.

Asistimos a las conversaciones de los adolescentes sobre sus inquietudes sexuales, sus dificultades para elaborar lo corporal, sus juegos y su avidez. A pesar de la disciplina marcial a la que están sometidos, la curiosidad propia de una sexualidad adolescente y de las emociones que la acompañan se abrirán paso de forma turbulenta.

El juego amoroso entre los niños y los adultos puede adoptar formas eróticas, pero ha de permanecer siempre en clave de la ternura. La admiración e idealización de los adolescentes por las figuras que representan la autoridad, maestros, médicos sitúa a estos jóvenes y principalmente a la protagonista frente al halago de ser seducida, reconocida y elegida. En paralelo observamos la indefensión de los adolescentes al verse sometidos a la identificación con su agresor. Sandor Ferenczi define los procesos de seducción traumática y establece dos tipos de lenguaje entre el de la pasión del adulto y el de la ternura en los niños. Ambos idiomas deberían ser inequívocos. El director se mueve en estas turbias aguas, aunque el contexto elegido sea un bello bosque, como en el cuento de “Caperucita”, y el lobo sea una figura representativa  de la institución.

Para finalizar Paraíso: Fe (2012) nos presenta a Anna Maria, hermana y tía de las anteriores. Otra mujer que invierte sus vacaciones tratando de convertir y salvar a descarriados y marginales por medio de la religión. En esta película el fanatismo, las prácticas religiosas extremas, como sacrificios y flagelaciones, desvelan lo que se esconde tras los rituales obsesivos compulsivos y su margen de placer. Una caricatura de la religión donde el director ha forzado al máximo la historia hasta convertirla en un esperpento.

Atrapados en sus dramas, en sus mentiras y en la pérdida de la inocencia los personajes de este tríptico nos atrapan como espectadores.

El director nos ha convencido; definitivamente, el Paraíso no existe.

Magdalena Calvo Sánchez-Sierra

PARAISO:AMOR, FE Y ESPERANZA

Director: Ultrich Seidl (2012/2013)

(Austria, Francia, Alemania)

 

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SOBRE LAS TERAPIAS DE PAREJA, RELATOS CORTOS DE CASOS

Para ser fiel al compromiso de confidencialidad con las personas que vienen a tratamiento no expondré ningún caso real. El que presento es totalmente imaginado, aunque naturalmente, apoyado en mis experiencias terapéuticas.

En mi opinión,la presentación de un material clínico en forma de pequeña historia, aunque ésta sea ficticia como es el caso, permite a quien lo lee una mejor representación mental y un mejor entendimiento; por esta razón me lo he permitido. El tema a resaltar es el de la utilización que, con muchísima frecuencia, y de maneras más o menos sutiles, hacemos de nuestros hijos. No hablaré de aspectos técnicos porque no cabrían en este relato.

Imaginemos pues, el caso de una pareja en tratamiento que tienen tres niños de cuatro y dos años, y pocos meses el tercero. La pareja muestra una enorme y recíproca violencia; son jóvenes, los veo una vez a la semana  y llevan unos meses en tratamiento.

terapia

Desde la primera entrevista las acusaciones entre ellos van mostrando la utilización inconsciente de los hijos para hacerse daño el uno al otro. A los hijos se les dicen cosas como: “Mamá siempre está de mal humor y no nos deja vivir ni a vosotros ni a mí”, o, por el contrario, puede hablar la madre y decir: “ Papá se hace el buenecito pero vuelve tarde a casa todos los días, con su futbol y otras zarandajas, y yo, sola, tengo que encargarme de vosotros además de trabajar fuera y ganar para la familia”. Estos u otros comentarios, (o gestualidades), más sutiles  y descalificadores suelen formar parte de las relaciones cotidianas.

Independiente de quién tenga o no la razón, en este relato, ya lo he dicho, me voy a centrar en la muy frecuente utilización que los padres hacen de sus hijos, consciente o inconscientemente, buscando alianzas frente al otro miembro de la pareja a la vez que le descalifican.

Pareciéndome importante este hecho que ya desde el principio del tratamiento era muy evidente para mí como terapeuta, aunque no tanto para ellos ya que parecían no ser conscientes, fijo la atención en su relación con los hijos y les pido que me hablen de ellos; el mayor tiene cuatro años, no come apenas, no duerme y en el colegio o guardería permanece en silencio, alejado de los compañeros y con “carita de estar muy asustado”. Por primera vez en estas entrevistas-sesiones veo a ambos padres conmovidos y centrados en el dolor de sus hijos, más conscientes del daño que podrían estar haciéndoles. Del segundo niño relatan los mismos síntomas aunque algo atenuados y nada dicen del tercero, de momento. Terminada la sesión nos despedimos hasta la semana siguiente.

A la siguiente sesión acuden emocionados y sorprendidos del cambio “tan espectacular” que han dado sus hijos; “los niños están contentos, mas cariñosos, comen y duermen mejor, y así toda la semana, pero no sabemos a qué se debe ésto, porque cuando llegamos a casa la semana pasada les atendimos como siempre, les dimos la cena, les acostamos, en fin, como cualquier otro día.”

Yo les dije que seguramente no les atendieron “como siempre” ni “como cualquier otro día”, y que era probable que “preocupados por sus hijos, se olvidaron de ustedes mismos,  de sus diferencias y de sus discusiones, para centrarse en el sufrimiento de ellos, y éstos, en respuesta, se han mantenido “espectacularmente” felices toda la semana, según ustedes dicen.”

Lo que quiero subrayar de manera especial en la exposición de este relato es mostrar la importancia que tiene para la salud de los hijos el trabajo terapéutico dirigido a las primeras relaciones padres-hijos para que el efecto preventivo (o efecto vacuna) tenga su mayor eficacia. Es lo que vengo llamando la “terapia familiar precoz”.

No olvidar a los hijos en los tratamientos de pareja tiene, además del efecto beneficioso sobre ellos, el estímulo terapéutico que supone para los padres contemplar, y, además sentirse artífices, de la evolución favorable de los hijos. Pero este tema puede ser motivo para otro relato corto. Como puede verse, el tratamiento a los hijos puede hacerse sin la presencia de éstos en las sesiones; ya Pichón Riviere, a mediados del siglo pasado, vino a decir que toda persona en tratamiento genera un cambio en las personas de su entorno.

Luciano Sánchez.