LOS AMANTES DE DEPORTES EXTREMOS (II)*

Algunos niños pequeños lloran golpeando la cabeza contra los barrotes de la cuna, otros se ponen a la defensiva alejándose lo más que pueden de la fuente de inquietud, de esta mamá que los deja en el desbordamiento, desamparados,  parece que se quieren escapar cuando se los coge en brazos. Se enferman, vómitos, cólicos, problemas para dormir….Serán niños con vulnerabilidad para las enfermedades y que al crecer tendrán tendencia en muchos casos a preferir juegos que se desenvuelvan con menos componentes emocionales y que requieran  más de lo mecánico y de la acción que de la imaginación.

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Evitarán las emociones a medida que crecen, se automatizarán en sus juegos.

Como automatizan sus juegos los niños mayores que han sufrido situaciones traumáticas, situaciones en las que no han podido reaccionar emocional e intelectualmente para poder metabolizarlas, asimilarlas. Esta falta de poder “digerir” tiene que ver a veces con el factor sorpresa que no les permite ponerse en guardia para lograr hacer algo, para defenderse psíquicamente al menos ( un accidente de coche en el que hay heridos y muerte, por ejemplo). Lo que podemos observar en los tratamientos de estos niños que han sufrido una situación traumática es el intento de elaboración a través de una conducta repetitiva, de un juego repetitivo que expresa algo de lo ocurrido, y también un gran empobrecimiento de sus capacidades psíquicas para enfrentarse con su vida cotidiana. Esto se hará evidente en la mecanización y rutina de sus juegos, monótonos y repetitivos. En la falta de matices de su vida emocional.

Lo curioso es que la manera de funcionar de estos bebés, de estos niños para defenderse de una angustia inmanejable tiene mucho en común con los adultos que acuden a consulta por situaciones traumáticas.

Muchos de los deportistas del extremo manifiestan estas características de su funcionamiento centrado en la acción, en las rutinas, en la extenuación, en la búsqueda de control,  en el establecimiento de rutinas de exigencia, en la necesidad del éxito, del logro de objetivos, de la superación de metas. Vencer. Poder con lo que otros no pueden. Llegar a lo imposible (¿recuerdan el curioso nombre del programa “Al filo de lo imposible?). Rozar la muerte.

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Szwec dice que estos “galeotes voluntarios” buscan como los bebés desamparados, como los niños traumatizados, la reproducción de una situación en la que se enfrentan a la inmensidad  a la desmesura, como desmesurado y desproporcionado respecto a sus fuerzas es el mundo para un bebé, para un niño, para cualquiera en una situación en la que no se puede reaccionar. Un mundo en el que cuenta  mucho el dominio del propio cuerpo, tener la “mente fría” para lograr encontrar el “gesto” adecuado, el movimiento, la velocidad que los lleve a vencer el miedo, el horror, la muerte. Cada vez enfrentarse y vencer. Prepararse para ello, ser siempre el superviviente, el fuerte, el mejor.

Concentrarse, vaciarse internamente, volcarse en las rutinas, dejar de lado los dolores internos, los sentimientos dolorosos, ser todo cuerpo, ser una máquina. Una máquina perfecta. Sufrir para no sufrir.

Poder finalmente dominar lo que alguna vez fue desbordamiento, indefensión y muerte.

Cristina Rolla

(*Este post tiene una primera parte)

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