LOS SUEÑOS AL ALCANCE DE TODOS (*II)

Misterioso fenómeno el del apresurado olvido de los sueños. ¿Deseo de ver fracasar a un ser querido? ¿Desear una relación sexual con un jefe odiado? ¿Suspender un examen? ¿Qué persona podría vivir tranquila al entender que alberga en lo profundo de su alma deseos de tal calibre? Para protegernos de todas estas ideas y de los sentimientos que acarrearía, disponemos de defensas.

Mientras dormimos, también descansan las defensas que separan a esas dos modalidades de pensamiento. Con las defensas relajadas, todo lo inconciliable se abre paso en la mente, y encuentra un descanso diario para descargarse en nuestra conciencia dormida. Durante ese tiempo, todo un enjambre de sentimientos e ideas, salen a tropel, agobiados, como si hubieran estado encerrados en un armario durante horas.

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El objetivo final del aparato psíquico es tratar de procurar la armonía de todo un sistema, dando forma y modulando, en este caso al contenido del sueño, para que nos permita seguir durmiendo. Si bien salen a airearse (descargarse) todas esas ideas, también es verdad que salen con un disfraz (censura). Por otro lado, las defensas, recelosas del despertar y por tanto de provocar angustia y desazón, se afanan en borrarlo todo para que no nos atormentemos.

El sueño tiene mucho que ver con lo artístico, donde nunca nada es tal y como lo vemos. El sueño es una creación de quien sueña.

Trataré de explicar dos mecanismos básicos en la formación de sueños: la Condensación y el Desplazamiento.

La Condensación es al sueño como la metáfora y la metonimia a la poesía: es otorgar un significado diferente a una cosa, pero siempre relacionado por alguna idea/asociación. La condensación recoge varios contenidos o significados en uno solo.

Por ejemplo, el soñar con reyes puede ser una manera enmascarada de representar a los padres y, a la vez, una forma de representarse a uno mismo de manera idealizada. Otro ejemplo, soñar con pistolas y espadas, que para algunos soñantes podrían representar la fuerza de un pene, pero también el poder, la agresión… Es importante señalar, que los sueños, son siempre creaciones personales únicas y no es posible establecer una lista de significados universales. Aunque aquí trate de dar ejemplos sencillos, al final sólo se puede validar durante la sesión psicoanalítica esta transformación realizada por el soñante.

El otro mecanismo para la formación de sueños es el Desplazamiento: las ideas en forma de imágenes campan a sus anchas durante el dormir, desligadas de las emociones que suscitan. Así, algo que aparece como un detalle banal del sueño puede ser un punto de alta intensidad emocional.

Los sueños discurren en un idioma distinto del que utilizamos normalmente. La poesía y el arte en general están más familiarizados con los procesos de condensación y desplazamiento, mecanismos básicos de formación de sueños. En el sueño, el orden del espacio y del tiempo está alterado. Hay pocas reglas fijas, por eso Freud nos dirá que sólo en el contexto de una relación terapéutica nos es lícito interpretar un sueño. Además, se trata de un contenido velado a la conciencia, y es que por algo será. Se trata de material altamente inflamable que conviene manipular en un entorno protegido.

La herramienta básica es la interpretación. La interpretación es un acercamiento a una posible comprensión que nunca puede ser completa, es una forma de desplegar un significado de todos los posibles. Siempre revisable o reinterpretable. Interpretación como una partida de golf, donde se van haciendo sucesivas aproximaciones.

Muchas de las cosas más importantes de la vida no podemos hacerlas solos, y aquí otra vez, la ayuda del psicoanalista nos va a permitir acercarnos a una cierta comprensión de un sueño, a la traducción de un lenguaje que es tan familiar como ajeno. Si al final el psicoanalista es el intérprete, cuantas más sesiones tengamos, más nos adentraremos en la comprensión del singular idioma de los sueños.

Cecilia Caruana

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LOS SUEÑOS AL ALCANCE DE TODOS (*I )

A los niños les fascinan los sueños. Los viven como creaciones personales que les hace despertarse con cierta perplejidad. A veces ilusionantes y a veces aterradores, los sueños no dejan indiferentes a los niños, y siempre que pueden buscan a un adulto al que poder contarle lo soñado. Pienso que en mucha medida la pasión del psicoanalista tiene que ver con ese misterio.

Saber que había alguien con ganas de escuchar el relato del sueño es un aliciente para cada mañana retenerlo en la memoria. Al hacernos mayores, eso no siempre es posible, y nuestros sueños tienden a diluirse con el trascurso del día. Una alternativa al olvido natural puede ser la de escribir al levantarse un esquema con las ideas básicas, y a lo largo del día relatarlo.

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En relación a la interpretación de los sueños, la sesión psicoanalítica es sin duda el espacio idóneo. Sin embargo, y esto no excluye a lo anterior, al apuntar una serie de sueños de una temporada, podremos ver cómo la temática puede ser parecida a lo largo de los días. Hacer el esfuerzo de crear lazos entre lo vivido y lo soñado, también abre vías para poder comprenderlos.

Pintar un sueño, dibujarlo, hacer relato o crear alguna melodía con él son procesos en los que uno se relaja y se conecta de manera diferente con los contenidos del sueño. De la idea inicial al resultado siempre se advierten transformaciones que permiten descubrir nuevos matices.

Pero, ¿qué son los sueños? Los sueños son historias en forma de imágenes que no pueden compartirse más que parcialmente ya que son creaciones exclusivas del soñante, y ni siquiera a él le pertenecen de igual manera en todo momento. De la mano del sueño está el despertar que siempre se lleva consigo algo del sueño.

Sabemos que el soñar es, entre otras cosas, una antigua modalidad de pensamiento que tenemos los seres humanos. En el principio, para el bebé no existe la razón ni, por tanto, el pensamiento lógico. La conquista de la madurez es paralela a la incorporación de esta nueva modalidad de pensamiento. Así los bebés no distinguen entre el soñar y el pensar: son la misma cosa. Empujados por la realidad, que nos obliga a postergar y a renunciar deseos en favor de una vida en sociedad (papás y hermanitos como primera vida en comunidad), nuestro aparato anímico se resiste a dar por perdidos sus anhelos y consiente, a través del sueño, las satisfacciones de las que nos vemos privados durante la vida diurna.

Las cosas se tornan más complejas cuando dejamos de ser niños, y lo mismo ocurre con los sueños. Si bien de niños soñábamos con un juguete anhelado o con volar, de más mayores las temáticas se nos presentan más enigmáticas. Por ejemplo: un niño puede soñar que su hermano cae por el precipicio cuando por el día han tenido una fuerte discusión y el hermano ha salido indemne a ojos de los padres. Este mismo niño, pero con 40 años, y ante una discusión con el hermano, soñará con un compañero de trabajo que es calvo (como su hermano) y al que la policía arresta y condena a la silla eléctrica. Es un ejemplo simple, pero la idea es entender la evolución de una censura que se va a ir desarrollando a medido que crecemos.

Cecilia Caruana

 

*Este post consta de dos partes. La segunda se publicará en breve.