ADOLFO SUÁREZ

Figura histórica, providencial e irrepetible para España al igual que lo fuera Mandela para Sudáfrica. Ambos ocuparon enclaves de poder singulares y excepcionales desde donde era posible transformar el sistema político y social tanto hacia la construcción como hacia la destrucción; desde una actitud de dejar hacer, a otra, de coger el toro por los cuernos.

Su visión, estrategia, gestión y legado son lo real y verdaderamente constituyentes, pues han generado un estado de relaciones humanas inédito entre los distintos actores pues han sido capaces de ordenar e integrar un sistema social y político desarticulado, obsoleto, primitivo, rígido y caótico conviertiéndolo en otro articulado, moderno, actualizado, flexible y ordenado. Sin ese necesario consenso emocional y humano nada habría sido posible por mucho que los legisladores hubieran escrito los más depurados textos constitucionales.

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En sentido opuesto, un ejemplo  es la oportunidad perdida tras la Constitución liberal de las Cortes de Cádiz de 1812; auténticamente moderna para su tiempo, inspiradora de muchas otras constituciones modernizadoras, tanto en Latinoamerica  como en Europa. ( Lamentablemente frustrada en España por Fernando VII y su sometimiento a Napoleón).

La constitución de 1812 adscribía  la soberanía a la nación y no a la figura del monarca o emperador con poderes absolutos. Reconocía también la separación de poderes, el sufragio universal aunque limitado, la libertad de imprenta, el derecho de propiedad, la abolición de privilegios y de los poderes de la Inquisición. En Europa, la Constitución de 1812 fue la referencia oficial aceptada en los estados que luchaban contra el absolutismo de Napoleón, concretamente en Rusia y en Prusia dada  la limitación que hacía de los poderes absolutos del monarca.

El psiquismo infantil en sus estados primitivos transcurre en una dinámica desintegrada análoga a un país destructurado donde el bebé siente, piensa, y desea considerar tan sólo la existencia de los elementos amados e idealizados, disociando  y proyectando la existencia de los aspectos temidos y odiados junto a la propia agresión y envidia  en los otros; a los que ve como extraños, amenazadores, persecutorios y peligrosos.

Las observaciones de los psicoanalistas que empezaron a tratar niños a través de la técnica del juego, recogen con sorpresa las extraordinariamente intensas emociones agresivas y los insólitos castigos y sometimientos que infringían  a las figuras odiadas o envidiadas.

El trabajo terapéutico de los primeros psicoanalistas de niños consistió en ayudarles a reconocer que tanto los aspectos amados e idealizados, como los odiados y denigrados correspondían a las mismas figuras que les rodeaban, padres, hermanos, maestros, etc.

adolfo suárez solo

Permanece como una importante tarea del psicoanalista  el ayudar a los pacientes, niños y adultos a lo largo del tratamiento a integrar estos y otros aspectos desintegrados y donde éste deberá reconocer junto a los aspectos y vínculos amorosos y constructivos, la culpa por los ataques y agresiones efectuados,  la propia envidia, la voracidad, las visiones irrreductiblente narcisistas, los celos y la rivalidad causantes de trayectorias biográficas de aislamiento, fracaso, desintegración, negación de la realidad o impulsividad.

Las funciones que han ejercido estos dos líderes irrepetibles son análogas a las que efectúa el psicoanalista en su función de contención, son esenciales también para los líderes actuales y tienen que ver con esta identificación, e integración de elementos  contrapuestos, de estas tremendas antinomias y oscilaciones a las que se enfrentaron, donde se arriesgaron personalmente y donde pudieron zozobrar mil veces. Oscilaciones y vaivenes históricos y sociales que iban de la democracia al autoritarismo, del pasado al presente, de la historia al futuro, del consenso  a la confrontación, de los privilegios  a los  derechos, de la aproximación a la separación, del respeto al  desprecio, del escuchar al estar sordo, del destruir al crear, del integrar al  desintegrar,  de la reconciliación a la persecución, de la venganza al perdón.

Descanse en paz.

Pedro Gil Corbacho.

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