HAY QUE ESCUCHAR A LOS POETAS

“En un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…… ¿Qué no quieres acordarte? ¿Pero, por qué…? no me dejes con la intriga….yo quiero ir a ese lugar, quiero conocer a ese hidalgo….

– Ah! que ya no vive.

– ¿Cómo… ¿que no vivió nunca?… ¿que es ficción?………

– Uhmmm….eso ya es otra cosa…. tendré que buscarlo en los libros.

 

 Image

Sí, ellos; mis amigos. No, mejor dicho; mis compañeros. Van conmigo adonde yo quiera. Me hablan, me muestran el mundo. A veces los trato un poco mal, los doblo, los pintarrajeo, hago señales… incluso escribo en los márgenes, pongo signos exclamatorios cuando no estoy de acuerdo con lo que dicen o cuando quiero dejar una marca profunda en lo que dicen…bueno, pues a pesar de todo, siempre están ahí. ¿Sabes? a veces parece que me están hablando a mí. Cuentan cosas que también a mí me han pasado. Uff, ¡que tranquilidad!, cuando puedes identificar tus propios problemas con los de otros. Bueno, no te diré más que en alguna ocasión ha sido ahí, en el libro, donde he encontrado, si no, la solución…sí, un camino por el que transitar hasta llegar a ella. Lo que te digo… ¡anda que no le debemos gratitud a los libros!

Sigue leyendo

Anuncios

“PINOCHO, VAMOS A CONTAR MENTIRAS”

El terreno de los cuentos infantiles es el terreno de la fantasía, del soñar despierto, de la ilusión, en este ámbito cualquier historia es posible; los animales hablan y piensan, los objetos tienen vida, los sueños se tornan reales, y es que el ámbito del cuento está poblado de una realidad psíquica que necesita desmentir los límites: la ausencia, la muerte o las diferencias. Es el lugar de las creencias, de la ilusión.

Image

Las aventuras de Pinocho es un relato escrito por Carlo Collodi, el cual inicialmente consistió en entregas semanales que se editaban en un semanario romano dedicado a los niños en 1.881 y es en 1.883 cuando se publica la primera edición de la obra en un volumen.
Esta obra por su carácter universal y riqueza, ha trascendido y su carácter de difusión es permanente.
Leer Las Aventuras de Pinocho de Carlo Collodi, supone acercarse a un personaje complejo, diferente al de otros cuentos. Implica poner la mirada en el transcurso vital de un niño, con lo que conlleva el atravesar la situación edípica, la declinación de los deseos prohibidos, para poder transformarse en un niño con un padre que a su vez también se habrá transformado. El relato de Pinocho y Gepetto nos acerca una clave respecto a la pregunta por lo humano.

Trataré de considerar algunos aspectos de la historia que nos ayuden a entender el proceso de su transformación en niño, la importancia de la función paterna y el sentido que pueden tener las mentiras.
Sobre los orígenes: No nacemos Cromagnon
La historia de Pinocho literalmente comienza así:

Érase una vez…
-¡Un rey!- dirán en seguida mis pequeños lectores.
– No chicos, os habéis equivocado. Érase una vez un trozo de madera…

Cuando se inicia así la historia, el autor sustituye al rey por un pedazo de madera, entonces por asociación ya quedan enlazados de forma inconsciente rey y madera, aparece el deseo de que de ese trozo de madera surja el rey, esto supone la necesidad de una transformación. De esta forma podemos empezar a pensar que ya está en juego y puesta en escena la trama edípica.
No nacemos Cromagnon, ni tabula rasa, puesto que los recuerdos de nuestros padres y de nuestros antepasados están incluidos en nosotros.

Somos representantes de una historia, aunque no lo sepamos, y a partir de ella nos vamos a desarrollar.

 

Virginia Mora Febres

UN SORDO QUE GESTÓ LA MÚSICA MÁS MARAVILLOSA

Acerca de Beethoven a los 187 años de su muerte

“Fidelio y la Oda a la alegría, esas flechas del idealismo revolucionario. Beethoven, el Prometeo que es castigado por los dioses y magnificado, porque nos ha dado el fuego nuevo, la chispa divina”, Pierre Boulez (Puntos de referencia).

Los seres humanos tenemos, entre otros rituales, los correspondientes a la libertad, ese lugar donde lo más esplendoroso del espíritu y lo más estremecedor de la carne hacen de una dicotomía siempre frustrante un acorde único y espléndido. Los pentagramas de Beethoven son uno de los espacios donde se asienta ese ritual de la libertad. Esa música que signa nuestra vida cotidiana, nuestra sensibilidad, nuestras costumbres. Los derechos del hombre son el titular de la batalla que el ser humano libra por la convivencia armónica, los derechos elementales y la solidaridad social. Cuando Leonard Bernstein, ante la caída del muro de Berlín, dirigió frente a la puerta de Brandemburgo una interpretación conmovedora de la Novena Sinfonía de Beethoven en la que la palabra alegría (Freude) fue sustituida por libertad (Freiheit), dio en la tecla de lo que esos pentagramas de Beethoven significaban para la humanidad, adquiriendo su validez universal y por ello transformándose en alegoría cósmica de un hombre sordo y libre.

Image

El espíritu iluminista de Beethoven (la fraternidad humana, el triunfo de la verdad, la lealtad, la lucha por el triunfo del amor, la exaltación del héroe, los ideales de la libertad, la lealtad, la perseverancia y el sacrificio) junto con su pasión romántica, hacen de él el portavoz de un sentido del mundo complejo, alejado de caminos de sentido único. Cuando en Fidelio, el coro de los prisioneros, exalta la alegría de su liberación, lo que está en juego, reivindicando su validez ecuménica, es justamente el derecho a la libre expresión de nuestras vidas, a liberarnos de los catacúmbicos recesos de la celda, a poder gritar nuestra esencia de seres humanos sin renuncias ni postergaciones.“¡Oh, libertad, vuelve a nosotros!” dibujan las gargantas hasta un momento antes atenazadas.

Beethoven, más que cualquier músico, ha sido objeto de diversas interpretaciones. La densidad humana del personaje, sus arrebatos temperamentales, sus dramas familiares, su vocación ética, su aislamiento, lo han trasformado en la insustituible voz del humanismo. Gustav Mahler lo llamó heftig ausbrechend (“la violenta erupción”) y eso fue Beethoven, un mar bravío que hizo del ser humano el destinatario de lo más noble que lo humano ha podido gestar. Por eso es de justicia imperecedera recordarlo también en estas fechas.

 

Arnoldo Liberman y Ariel Liberman