¿PARA QUE SIRVEN LOS CUENTOS DE HADAS?

Los cuentos….esas historias que se cuentan a los niños, plagadas de personajes fantásticos, de seres irreales que intervienen en aventuras extraordinarias que ocurrieron en la dimensión temporal Érase una vez” y se localizan en El país de nunca jamás”. Tienen la cualidad de recoger fantasías universales en el tiempo y en el espacio y ofrecen a la imaginación del niño nuevas dimensiones a las que le sería imposible llegar por sí solo.

Aunque son relatos anclados en la fantasía, en realidad hablan de aspectos reales de la vida, de problemas cotidianos, de grandes conflictos psicológicos, que toman forma de situaciones cotidianas. El cuento permite confrontar la realidad mediante la fantasía de lo irreal, esta paradoja es la entrada al acceso directo del niño consigo mismo. Los cuentos de hadas son exploraciones espirituales y por lo tanto, lo más parecido a la vida real, puesto que revelan la vida humana vista o sentida desde el interior” es así como los describe Lewis Carroll.

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Los cuentos hablan al Yo en formación del niño, pero envían importantes mensajes al inconsciente, dado que hacen referencia a problemas universales. A veces el niño puede no captar el contenido del cuento a nivel consciente, pero sí lo hace en el registro inconsciente gracias al lenguaje simbólico que metaforiza los pensamientos y sentimientos, llevándolos fuera de su contexto original. Lo que no nos permitimos decir ni decirnos, ya está dicho, lo dicen las Hadas por nosotros y nos invitan a apropiarnos del pensamiento sin culpa ni remordimiento. Es un lenguaje simbólico, claro está, pero como el simbolismo del lenguaje permite entrar en contacto con lo simbolizado sin tener que nombrarlo y el niño, que no puede hacerse cargo de su pulsionalidad emergente, de sus deseos imperiosos que demandan satisfacción inmediata, sí puede gestionarlos y tramitar sus urgencias internas si se presentan convenientemente simbolizadas.

El niño o la niña (no importa el género) se identifica con el personaje del cuento tanto en sus aspectos dulces y delicados como en los malvados y atroces, estos últimos, depositados en otros comparsas del relato, pudiendo así aceptar el dualismo esencial de la naturaleza humana que hace que placer y dolor vayan de la mano.

El Cuento de Hadas es de gran utilidad para la elaboración de conflictos que hacen sufrir al niño si no encuentra donde depositarlos. El conflicto envidioso, por ejemplo, está presente en multitud de cuentos. Los celos, la envidia, la rivalidad no sólo fraterna, sino también hacia los propios padres… el cuento actúa como herramienta terapéutica que permite elaborar la angustia.

¿Qué no decir de la madrastra? La bendita madrastra, el personaje que posibilita hacer una disociación entre los dos aspectos de la figura materna y poder vivirlo sin culpa. Se trata de separar (disociar) a la “madre buena” que gratifica y colma de placer, esto es, la madre pre-edípica; de “la madre mala” que frustra y niega el acceso al padre investido de la fantasía edípica de la niña. Cuando para la niña, la relación con su madre es complicada y difícil de manejar, viene en su ayuda la figura de la madrastra perversa, que se hace cargo de todos aquellos aspectos contradictorios y generadores de culpabilidad. Es una disociación de los aspectos malévolos de los bondadosos, para poder así sentir la protección de estos últimos. Toda la hostilidad depositada en la madrastra, rescata a la madre buena de la rabia y los deseos destructivos.

Pero ¿para qué sirven los cuentos de Hadas además de para todo lo dicho? Pues sirven para leer…. y la lectura sirve para distanciarnos de nuestra naturaleza primaria y visceral, y poder acceder a un registro humanizante que ponga a nuestro alcance los recursos necesarios para no quedar atrapados en lo primario. Algunos pensadores dicen que no es suficiente haber accedido al lenguaje para considerarnos humanos, sino que lo que nos caracteriza como especie humana es la utilización del lenguaje para narrar historias y cuentos, dando así sentido al caos; que somos el homo sapiens porque somos el homo narrans y quenarrar y contar historias, es una forma de oponerse a la muerte. Si fuésemos inmortales, quizá no contaríamos historias. Leer y contar historias “sólo” sirve para saber contarse la vida. Total…..¡nada! Y por otra parte, si en la infancia hay cuentos de Hadas, en la vida adulta habrá libros.

Un material clínico en torno al cuento de Jack y las habichuelas mágicas tratará de ilustrar desde la clínica lo expuesto desde la teoría.

Mayte Muñoz Guillén. Psicólogo clínico. Instituto de la APM.

 

(Resumen de la Conferencia que Dña. Mayte Muñoz Guillén impartirá el Miércoles 21 de Mayo en el Círculo de Bellas Artes a las 20 hrs).

 

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