GUILLAUME Y LOS CHICOS, ¡A LA MESA!

En la entrega en Madrid de los Premios del Círculo de Escritores Cinematográficos, Guillaume Gallienne, el director, declaró: Estuve años psicoanalizándome y me gasté una fortuna, pero ahora voy a recuperar con creces todo lo que invertí. Esta película es la historia de mi vida, bueno he incluido algunas licencias, pero es mi vida”

Guillaume y su madre comparten un secreto. Como casi todo lo oculto, no está puesto en palabras pero entre los protagonistas hay una complicidad inconsciente. Aunque no hablado, el secreto planea furtivamente sobre sus vidas. Al final de aquella proyección que significó la presentación en España de Guillaume y los chicos ¡a la mesa!, el director, actor y hombre real desveló su secreto.

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Antes de rodar esta película, el director, miembro de la trouppe de la Comèdie Française, se subió a los escenarios de París con esta obra autobiográfica que luego convirtió él mismo en guión cinematográfico. Guillaume Gallienne da vida al entrañable niño, adolescente y adulto que es él mismo, e incluso a transvertirse en su madre. Que el director escenifique y se desdoble en la pantalla parodiando a su progenitora tiene que ver con la genialidad, ¿No es esta la mejor representación de una madre amante, fálica y omnipotente?

Los juegos temporales que el director arriesga en la singular narración de la película, tienen que ver con la influencia de Proust y con la búsqueda del ayer en el hoy. Gallienne ha manejado con maestría estos referentes para dar a su película una impresión de libertad, fluidez y veracidad. Estos juegos temporales nos recuerdan a los que plasmó Carlos Saura en La prima Angélica, cuando presentó una regresión cronológica del personaje en el actor José Luis López Vázquez encarnando al niño Luisito, pero con el aspecto de un adulto. En una secuencia, Gillaume entra en el baño y sorprende a su padre desnudo. Imaginamos que esta escena ocurrió en el pasado. Como todo niño comparó su cuerpo con el de su padre y se sintió en gran desventaja. Además de estas diferencias, existen otras humillantes para los niños como el privilegio paterno de dormir con la madre. Esta escena del padre desnudo se enlazará con otra, cuando Gillaume adulto se encuentre frente a una aventura con otro hombre y con otro torso desnudo. El joven huirá despavorido.

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Probablemente Guillaume piensa que si pudiera ponerse en el lugar de las mujeres que tanto admira, si ocupase el espacio de su adorada madre, sería más fácil acercarse a su padre, entenderse con él y que lo amase. Pero entonces tendría que renunciar a algo valioso, propio de su yo masculino. ¿Se podrá tener todo y ser todo en esta vida? ¡Vaya confusión! ¿Y que significa esa llamada materna repetitiva a la hora de comer? Gillaume y los chicos ¡a la mesa! Escucha la llamada, se contempla y observa a sus hermanos varones y no comprende esa demanda materna. Entonces ¿qué soy, quien soy yo? se pregunta el muchacho mirando aturdido a un lado y a otro en su afán de identificarse con alguien.

Construimos nuestra identidad bajo el deseo y la mirada de los otros. Por esta razón el camino de las identificaciones conduce a este protagonista a buscar desesperadamente modelos masculinos -servicio militar, natación, fútbol- clichés que le ayuden a convertirse en adulto. Pero ¿cómo hacerse un hombre frente a un padre que lo mira extrañado y ausente, un padre que no comprende ni comparte su sensibilidad?

El director probablemente se ha ilustrado en la teoría psicoanalítica, pues entre sus licencias reconocemos que ha introducido El caso Juanito de Sigmund Freud (1909). Gillaume, al igual que Juanito, también desarrolla una fobia a los caballos. Juanito consiguió desviar su hostilidad y sus temores a ser castigado por el padre por desear rivalizar con el. De este modo, ingeniosamente el niño pudo proteger y dejar a salvo el amor al padre y colocar lo conflictivo en otro escenario. Nuestro protagonista también dominará su temor a los caballos, un temor que oculta detrás la figura del padre.

Toda esta historia será comprendida por el protagonista cuando entienda la frase materna y de un vuelco a su vida por medio de un cambio aparentemente sencillo y fundamental: Guillaume y las chicas ¡a la mesa!

El director consigue llevarnos a la risa. Sería complejo hablar del dolor de la propia vida si no es en clave de humor. Este cometido se consigue en la película aunque en ocasiones pueda llegar a ser grotesco. Como planteó Freud, la risa y la sorpresa es otro camino regio para adentrarnos en el mundo del inconsciente.

Entre las secuencias memorables, destaco la escena en la que Guillaume es sorprendido por su padre disfrazado de Isabel de Baviera. ¿Por qué habrá elegido el director a la dulce, desconcertada y bucólica Sisí? Después de la unificación de Austria, la emperatriz morirá en un atentado callejero y una daga fina como una aguja atravesará su corazón. Posiblemente nuestro protagonista, Guillaume, también habrá de aceptar para siempre la herida que supone la renuncia, la elección de la identidad y la búsqueda de la propia verdad.

No cabe duda de que los años de psicoanálisis le han brindado a este director una fortuna vivencial.

 

 Magdalena Calvo Sánchez-Sierra

 

Premio a la mejor película en la Quincena de realizadores del festival de Cannes

Premios del público, opera prima y mejor película en los festivales de Dauville y Angoulême

Dirección y guión: Guillaume Gallienne

Nacionalidad: Francia/Bélgica, 2013

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