EL DESCONCIERTO DEL INDIVIDUO EN LA SOCIEDAD

Asistimos todos los días a la experiencia de nuestra perplejidad frente al espectáculo que ofrece la vida cuando ésta no nos da respuestas o éstas son inadecuadas o absurdas. Quizá en este devenir, sospechamos saber por qué actuamos de una forma u otra, pero solo aprehendemos la vida desde su suceso. Para nuestra sorpresa, somos más de lo que desearíamos. Todas las personas en un infinito deseo de justificar lo que dicen o hacen, acaban por preguntarse por qué hacen o dejan de hacer una cosa cuando inicialmente creían saber porqué.

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Hablo como no podía ser de otro modo de lo que acontece en la vida sin que nosotros podamos planearlo. Nuestra vida sucede pese a nosotros mismos. Justificamos cada acto, cada acontecimiento y quizá cada decisión, a sabiendas que la elección es la necesaria y además justificable de nuevo para nuestro quehacer. Pero no es así. Todos somos un puzzle en donde encajamos cada suceso de nuestra vida.

En ciertos momentos necesitamos respuestas sensatas por parte de personas autorizadas para de una forma concreta, nombrar o dar forma a lo que nos ha sucedido por éste u otro hecho.

La sociedad actual se ve inmersa en un montón de información que no siempre sabe seleccionar y busca de un modo inquietante, expresamente buscado, los tags ó etiquetas que justifican su zozobra. Preguntas tales como ¿por qué se suicida una persona?, ¿cómo puede matar un padre a un hijo?, ¿por qué existe la deselealtad entre iguales?, ¿cómo pudo abandonarme mi madre? ¿cuáles son las claves de la felicidad?, o ¿cómo vivir mentalmente sano?, pueden ser preguntas que se lancen al aire cada mañana y que aparentemente nos sea imposible contestar.

No puede existir un lugar más enriquecedor que el del propio conocimiento de quiénes somos y cómo procedemos con nuestros actos, para que de una forma singular, concreta y hasta excesivamente curiosa, podamos adquirir cierta lucidez sobre lo que nos hace infelices, sobre lo que nos sigue produciendo malestar.

La apuesta por la felicidad pasa por dar cabida en la mente a lo que nos ha sucedido, ya que hasta lo más pequeño, nos afecta y nos hace mover de casilla. En ese constante tirar el dado para seguir caminando, no siempre tenemos las herramientas necesarias para poder comprender lo que nos ha sucedido, no siempre controlamos nuestros sentimientos, nuestra ansiedad y nuestra propia inquietud. A eso lo llamamos vida. Cuantas más respuestas demos a lo que nos sucede, más estable será nuestro devenir, que como he comentado anteriormente, no siempre podemos preverlo porque tenemos la certeza de que el mundo que nos rodea y el que nos identifica internamente es tan complejo que necesitamos al menos algunas respuestas fiables acerca de ese “ser que nos habita” que también somos nosotros mismos.

En el afán de saber, conocer y dar respuestas a preguntas formuladas frente a la incoherencia que nos rodea o nos constituye, a las actuaciones contradictorias, a los inexplicables modos de proceder y a la insatisfacción permanente, el psicoanálisis ofrece la posibilidad de averiguar dónde nacen, donde acontecen, cuáles son las respuestas y las claves.

Dejemos los tópicos de desesperanza e ironía que por desconocimiento hace que prejuzguemos descalificatoriamente a los profesionales que, como Freud y posteriormente sus discípulos en el ámbito de la psicología profunda, están ayudando a las personas frente a lo incomprensible de su dolor psíquico en estos últimos cien años.

La vida sucede, enmarcada por esos dos acontecimientos azarosos, que son nacer o morir, y acudimos cotidianamente al espectáculo de lo sorprendente e imperfecto dentro y fuera de nosotros que nos hace preguntarnos, ¿por qué hice yo esto? ……si volviera a nacer no haría esto otro. Quizá sí, seguramente sí, porque todos hacemos, pensamos, creemos, soñamos, experimentamos, sufrimos, amamos, lloramos, etc, etc, según lo que hayamos experimentado desde el momento en que empezamos el juego de la vida, se tiró el dado y empezó el azar. Estas memorias nos constituyen pero no sabemos cuáles son, cómo están registradas, qué sorpresa nos darán. Todos los días asistimos al desarrollo de ese juego.

Llegar a saber los porqués de ese juego y de las sorprendentes combinaciones de las memorias internas puede ser quizá más sorprendente y duro aún, que no saber, pero ofrece el alivio de la comprensión de lo hasta entonces incomprensible y de posibilidades de libertad hasta entonces insospechadas.

Esto ofrece el psicoanálisis; el diálogo con un desconocido llamado yo.

Por eso, creemos, las personas que visitan este blog intentan encontrar en los artículos de los psicoanalistas algunas respuestas plausibles frente al azaroso e hipercomplejo juego de la vida que cotidianamente nos golpea.

 

 

Ana María De Luis Otero

Periodista. Community Manager APM
Consultora de Comunicación de Medicina, Psiquiatría y Psicología.

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