“LOS SUEÑOS DE CAJAL”

“LOS SUEÑOS DE CAJAL” es un libro que está en el taller de impresión de Biblioteca Nueva. Después de un año de laboriosa redacción, de sucesivas versiones, sus tres autores (José Rallo, Francisco Martí, Miguel Angel Jiménez) están preparando actualmente su presentación. La figura de Santiago Ramón y Cajal como  “el científico español más notable de todos los tiempos” (Calvo Roy, EL PAIS BABELIA 28.06.14).

Dos de las más prestigiosas revistas científicas actuales, “Nature” y “Science” siguen ensalzando en los últimos años a nuestro sabio.

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El Director del Instituto Holandés de Neurociencias escribe que la mente es el resultado del funcionamiento de las neuronas, “y el alma un malentendido”, basado en el temor a la muerte, “el deseo de volver a ver a los seres queridos” y otras erróneas y arrogantes ideas. La mentalidad biológica prima sobre la psicológica.

Cajal sostuvo públicamente estas mismas ideas durante toda su vida, hasta la última cuartilla escrita unas horas antes de su muerte en octubre de 1934, donde muestra su confianza en el progreso del “homo sapiens”. La novedad de nuestro libro es la de que evidencia que Cajal mantuvo, al menos desde 1918, un conflicto íntimo, a través de las cien páginas manuscritas que han llegado a nuestras manos. Según le escribía a Gregorio Marañón deseaba atacar a Freud y demostrar la falsedad de sus teorías. Sin embargo, sufría de insomnio, tomaba Veronal, y, desde su vida retirada en el sótano al que llamaba su “cueva”, no conseguía su empeño de validar sus propias teorías y derribar los conceptos freudianos sobre el sueño como realización de deseos, sobre el inconsciente, la libido y el valor de los recuerdos infantiles reprimidos.

Hemos escogido dos ejemplos diferentes de los sueños que anotaba. El primero que nos consta fechado, en 1918 y en el escenario del Ateneo madrileño, donde nos parece que Cajal no puede recurrir a un contenido latente en sus sueños, por debajo del contenido manifiesto que nuestro sabio constata que se le repite con los temas neurológicos, filosóficos y de ideas en general.

Son los “sueños de arriba” de los que habla Freud, que en la investigación neurofisiológica moderna corresponden a los sueños en la etapa III de sueño profundo, y que en todo caso remiten al superyó desgajado de sus raíces pulsionales o al pensamiento “operatorio” que se asocia con las manifestaciones psicosomáticas. Cajal sufría cefaleas además de insomnio, y su discípulo Achúcarro le va a diagnosticar una “congestión arterioesclerótica senil”, recetándole una “cura de silencio”.

En una madrugada de Abril de 1918 Cajal anota: “estoy emperorando ante auditorio popular. Hablo de la teoría de las neuronas. Fogosidad, elocuencia al hablar de cómo se descubrió su forma y de relatar los milagros de los métodos de Golgi y Ehrlich. No se me olvida nada. Pero me fatigo de hablar y llega un momento en que me pregunto “¿No estaré soñando? Me despierto”.

“Se explica teoría del desuso. Hace tiempo no hablo de esto. Reminiscencia conferencia ateneo. No tengo deseo de tratar este asunto superabundantemente narrado en libros. Ningún disparate. Lo que sé … es memoria. No hay creación, sino es de alguna frase”.

El Ateneo madrileño había sido escenario, unas décadas antes, de dos cursos sobre sus descubrimientos neurológicos, que formaban parte de la intensa vida cultural que se ha mantenido desde entonces en dicha institución. Bastantes de los personajes que aparecen en los sueños de Cajal han sido ateneístas con los que nuestro sabio ha compartido tertulias y las noticas de actualidad.

Si el primer párrafo transcrito de este primer sueño evidencia cómo llega al cansancio y al despertar desde ese estilo fáctico y desprovisto de fantasías que le caracteriza, el segundo párrafo que anota Cajal testimonia su lucha titánica por conseguir sus propias teorías, alejándose el resumen freudiano del que entonces disponía. Más adelante, en su biblioteca particular podía consultar las obras completas de Freud que, con el aliento de Ortega y Gasset, traducía López Ballesteros y publicaba la actual Biblioteca Nueva.

 

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El segundo sueño que hemos elegido es muy diferente. El trabajo onírico que postula Freud se hace evidente, no sólo en cuanto a la regresión que el mismo Cajal percibe (“Vuelta a la niñez”), en la mezcla de pasado y presente que nuestro sabio no entiende y rotula como “incongruencias”, sino además en aquello que nosotros defendemos como un ejemplo de desplazamiento onírico. Cuando nos preguntábamos por qué se alude a la calle Arcos de Santa María, resulta que ese pequeño elemento manifiesto del sueño contiene la importante relación que Cajal sostuvo con Luis Simarro, y que Sorolla retrató brillantemente como “El laboratorio”.

“Cruzo Madrid acompañado de una criada (la actual). En el camino topamos con una señora conocida que entraba en su casa. Cojo furtivamente de su emparrado (en la puerta) un racimo; se enfada y echo a correr. Cruzo varias calles, entre otras, la de Fuencarral y Hortaleza y doy en mi casa situada en las inmediaciones de la calle Arco de Santa María y allí me escondo. Mientras, la criada acompaña a la señora que venía en la misma dirección, probablemente aplacándola y disculpándome. Yo me despierto”.

“Incongruencias. 1) Anacronismo, criada de hoy y travesura de antaño. 2) Yo no me crié en Madrid, la primera vez que vine tendría 22 años. 3) Las uvas no soy hoy mi plato mi plato favorito, apenas las como. 4) No he vivido nunca ni mi familia en la calle Arco de Sta María. 5) En Madrid no hay ninguna parra en calles céntricas y menos en las puertas. Todo puro disparate sin finalidad. Juego de la imaginación que ha combinado una escena tomando elementos de tiempos diferentes”.

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En el Museo Sorolla explican que “A su vuelta a España, Simarro sigue sus estudios en un pequeño laboratorio privado en la calle Arco de Santa María y posteriormente en otro en la calle General Oráa que será el lugar donde Sorolla pinte su cuadro”. Es de destacar su influencia y enseñanza sobre un joven Ramón y Cajal, que aprendió de su mano el método de tinción de Camillo Golgi (1843-1926), con quien compartiría en 1906 el premio Nobel de medicina. En sus memorias Ramón y Cajal escribe: “Debo a Luis Simarro, el afamado psiquiatra y neurólogo de Valencia, el inolvidable favor de haberme mostrado las primeras buenas preparaciones con el proceder del cromato de plata, y de haber llamado la atención sobre la excepcional importancia del libro del sabio italiano…”.

Aclararemos que Golgi se convirtió en la realidad en lo que llamaremos un “revenant”; una figura paterna persecutoria que no descansa ni siquiera en los discursos de recepción del premio Nóbel compartido por ambos. Se convirtió en un episodio que marcó la vida ulterior de Cajal. El último sueño que anota en 1934, pocos meses antes de su muerte, es el de la vuelta al laboratorio abandonado. Su ama de llaves manifestó en los periódicos del día de su muerte que la búsqueda sin remedio de su libro sobre la Textura del sistema nervioso podía haber precipitado su muerte. Y, de hecho, “Neuronismo y reticularismo” fue el último libro que publicó, como si necesitara seguir reafirmando sus teorías frente a un acoso que hoy, aceptada universalmente su teoría de la neurona, resulta anacrónico. A la muerte de Simarro, Cajal, en una carta al Dr. Cortezo escribió: “…murió sin haber leído mis Recuerdos y sin saber lo mucho que yo le veneraba y quería”.

Para nosotros, los autores de este libro, el contenido manifiesto de este segundo sueño remite a un contenido latente, del que podría ser una asociación el tema preconsciente y negado de Simarro. Uno de nosotros, José Rallo, ha propuesto que existen dos contenidos latentes en el sueño. Si el primer contenido precisa de asociaciones, el segundo revela estructuras y funciones, aquellas relaciones objetales de las que se ha compuesto nuestra personalidad. En este sentido el relato de este sueño plantea la disociación en la figura materna, entre la señora que persigue al niño y la criada que le defiende. Los juegos infantiles en los que pretende coger racimos de uva son corrientes, si bien parece que Cajal los ha olvidado.

Además, el deseo de coger la fruta prohibida remite a los obstáculos en la adquisición del conocimiento, según un conflicto que nuestro sabio sufrió toda su vida. Bien que la epistemofilia poderosa que poseía le permitió formular una teoría como la de la neurona. Se podía especular que el contacto con Simarro, una figura paterna, le salva del anterior conflicto con la figura materna, hecho que se puede ligar con sus relatos biográficos. Ahora bien, en el segundo párrafo Cajal explica las incongruencias que encuentra en el sueño, olvidando que la censura onírica puede situar en Madrid las actividades infantiles que en él persisten inconscientemente. Los disparates que ve son, precisamente, aquellos que señala Freud en su “Interpretación de los sueños” como prueba del trabajo onírico y de los mecanismos que transforman los deseos reprimidos e infantiles.

Nuestras hipótesis generales y la discusión del ataque que Cajal necesita hacer imaginariamente sobre Freud serán objeto de otra entrada en este blog.

 

Francisco Marti Filipo

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