VIOLETTE

Martin Provost, el director de “Violette”, rescata en algunas de sus películas a personajes importantes que fueron relegados al olvido o permanecieron en el anonimato. En “Séraphine” (2008) siguió los pasos de una pintora autodidacta, mujer primitiva, desarraigada y enferma mental. Para crear sus cuadros, Séraphine se inspiraba en la naturaleza y en un aliento divino. La descubrió casualmente un marchante que, impactado por su talento, intento darla a conocer.

En esta línea de cine autobiográfico, el realizador francés rinde homenaje a la escritora Violette Leduc, nacida en Arras, Francia, en 1907 y fallecida en su casa de Faucon el 28 de mayo de 1972. Provost leyó un ensayo que Leduc había escrito sobre el personaje de Séraphine. Éste fue el motor que le impulsó a rodar esta película. “Violette” fija su mirada en episodios de la vida de la novelista, magistralmente interpretada por Enmanuelle Devos.

Comienza esta producción franco-belga en su refugio de Normandía durante la Segunda guerra mundial. El pasado se cuenta a través de las evocaciones de la protagonista sobre su azarosa vida. La película se estructura en capítulos que corresponden a los personajes que se fueron introduciendo y modificaron la trayectoria de Violette. Alterna citas literarias de la autora con metáforas que no han necesitado la letra para recomponer su vida en la pantalla. Metáforas visuales representadas en los espacios interiores y en el caminar de la protagonista por las calles de París, por escaleras y angostos pasillos y por los senderos del bosque. Caminos hacía la búsqueda de sueños, esperanzas, desafíos y para conjurar fracasos derivados tanto del amor como del mundo literario.

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Violette conoció la obra de Simone de Beauvoir y quedó fascinada. Esa experiencia marcó su devenir vital y creativo al descubrir el poder de la palabra y su función transformadora. Posteriormente Beauvoir se convirtió en su protectora. Estas vivencias impulsarán a Violette a escribir en 1944 su novela “La asfixia”. Ambas mujeres transitaron desde entonces por caminos paralelos. Beauvoir en “El segundo sexo” demuestra que la escritura puede implicar una reflexión y una búsqueda de la libertad y de la emancipación femenina.

Para Leduc escribir sobre su propia biografía significó un hallazgo que supo convertir en un proceso de redención y reparación de su dolorido mundo interno. La primera línea de “La asfixia” está dedicada a su madre. Mi madre nunca me cogió de la mano repite la protagonista en la película mientras la cámara encuadra sus ojos, atraviesa las ramas de un árbol desnudo y se detiene en el cielo. El anhelo de esa tibia mano será para Violette guía perpetua de su vida sentimental. Encontrará la escritora la calma y el sosiego que no halló en las pasiones, en el viaje catártico a su mundo interior. Se acompañará en este proceso con el tacto suave y aromático de las páginas de los libros y de sus cuadernos de notas donde ilustrará, sin pudor, sus vivencias.

Retrata la película a un círculo de escritores, artistas y pensadores de una época fértil y comprometida. Compromiso que abarca tanto al mundo del arte como al de una ideología al servicio de rupturas con el orden establecido. Además de Beauvoir y alusiones a Sartre, desfilan por la pantalla escritores reconocidos como Maurice Sachs, Jean Genet, Albert Camus y Jean Cocteau. También muestra la película cómo Violette sufrió amargamente el dolor de no sentirse una mujer agraciada físicamente. En su lucha personal, intentó compensar esta deficiencia con una personalidad provocadora, brillante y libre. Provost nos muestra un perfil femenino frágil y conmovedor, pero también nos habla de la valentía y de las rupturas con modelos de una época represora y paternalista con el mundo de la mujer. En la década de los 50 escribió sobre el aborto, la sexualidad y sobre las relaciones lésbicas.

Hija ilegítima de un burgués y de una criada, en “La bastarda” (1964) escribe su retrato autobiográfico. Esta novela con prólogo de Simone de Beauvoir, significó la consagración literaria de Violette Leduc. Finalmente encontró su lugar y fue adoptada por el movimiento de liberación femenina.

 

Magdalena Calvo Sánchez-Sierra

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