LA PASIÓN DEL FÚTBOL

En una memorable escena de la película “El secreto de sus ojos” (2009, segunda película argentina en ganar el Óscar a la mejor película extranjera), dirigida por Juan José Campanella, y protagonizada por Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, y otros actores) Pablo Sandoval, (Guillermo Francella),que trabaja en un juzgado, hincha del Racing Club de Avellaneda expone lleno de inspiración en un tugurio de hinchas a Benjamín Espósito (Ricardo Darín),agente judicial retirado,las profundas conclusiones sobre su propio funcionamiento psíquico y también sobre el psiquismo humano; “Mirame a mí, soy un tipo joven y como vos decís me sigo cagando en la vida viniendo a un sitio como éste…..Más de una vez me dijiste ¿Por qué estás ahí Pablo? ¿Qué hacés ahí? ¿Y sabés por qué Benjamín? Porque me apasiona. Me gusta venir acá, ponerme en pedo, cagarme a trompadas si alguien me hincha las pelotas,….y vos lo mismo Benjamín……no hay manera de que te pueda sacar de la cabeza a Irene“-

Posteriormente en otra secuencia de la misma escena, “Una pasión es una pasión” dice otro personaje, el “escribano”, el “doctor” Andretta;verdadero experto en la historia del club, explicando su incondicional amor por éste. “¿Te das cuenta Benjamín?” “El tipo ( el hombre) puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín: no puede cambiar de pasión…..”

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En estos días de pasión futbolística, hemos visto al presidente Obama repetir y animar ante un grupo de entusiastas el “We can” ante un decisivo partido de su resistente selección de fútbol, y a muchos otros como el de Uruguay, mostrar abiertamente su pasión deportiva, ”Los de la FIFA son una manga de viejos hijos de p….”. “Me adhiero a las palabras del Presidente”, corroboró su mujer. 

Por otra parte, las multitudes nacionales de uno u otro equipo han manifestado sus emociones tan desbordantemente que en varias ocasiones los hechos han concluido con incidentes violentos como la quema de autobuses en Brasil después de la gran decepción. Pudimos ver a los seguidores de uno u otro equipo gritar, llorar, saltar, reír o mostrar la alegría desbordante.

Y es que el fútbol canaliza como ningún otro deporte fenómenos emocionales de masas, movilizando elementos básicos como la pertenencia al grupo, las identificaciones, la lucha con el rival y por tanto con el padre, la castración y la sublimación o actuación de las pulsiones. Los deportes de masas, especialmente el fútbol, pueden canalizar y favorecer, siempre en el límite, la sublimación y la elaboración de estos procesos y también hacerlos descarrilar cuando son desmedidos, su expresión abandona la sublimación y se convierte en abierta y actuada agresividad, como el caso del “hooligan”.

Por otra parte, el éxito deportivo supone para cada país una poderosa imagen de marca, un símbolo y un logro institucional de primer órden donde son evidentes los logros de la secundariedad freudiana (en oposición a la primariedad) en elementos tales como el liderazgo, la planificación, la estrategia, la táctica, el entrenamiento, la tenacidad, la capacidad de lucha y sacrificio.

Las estrellas futbolísticas son poderosas figuras de identificación para los jóvenes (y no tan jóvenes ), especialmente los adolescentes, en su proceso de maduración, tarea esencial cuyo objetivo es crear un yo bien equipado que pueda canalizar los impulsos instintivos hacia formas de expresión y de descarga socialmente aceptables. Muestran valores especialmente importantes para éste como el espíritu de equipo, la necesidad de disciplina, juego limpio, espíritu de lucha y la eventualidad de ganar o perder, en escenarios dinámicos llenos de situaciones válidas para enriquecer su universo de representaciones, identificaciones y resolución de conflictos. También en la evidencia de los propios límites, instaurando así la dinámica de la castración.

Los expertos en programas de prevención de toxicomanías en grupo de riesgo adolescente proponen como modelos a figuras del deporte, especialmente futbolistas, aunque con carácter casi universal, cual adolescentes, todos conservamos la permanente oscilación entre actuar las pasiones o sublimarlas.

De forma que la fijación de la pasión al club de pertenencia, como expone Pablo (Guillermo Francella) a Benjamín (Ricardo Darín) se convierte así en incondicional y perenne, análoga a la pasión que siente por Irene y en la medida en que este se convierte en una vía de drenaje de las pulsiones agresivas, grupo de pertenencia y homologación, espacio de relación entre iguales, modelo de identificaciones, y sobre todo, en vía de expresión de innumerables representaciones afecto, imposibles de expresar de otro modo y bloqueadas en la mayor parte de los ámbitos de nuestra convivencia diaria.

 

Pedro Gil Corbacho

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