JOSÉ RALLO Y EL PSICOANÁLISIS DE LOS SUEÑOS (*I)

A lo largo de su carrera el Dr. José Rallo se ha forjado un prestigio científico, tanto en España como fuera de ella, por ser un especialista en el psicoanálisis de los sueños. Aquí esbozaremos algunos de los hitos más importantes ya que, a pesar de su avanzada edad,   transmite a las generaciones más jóvenes ese punto de partida para el conocimiento del inconsciente que radica en la comprensión onírica. De los sueños que todos tenemos por las noches aunque en su mayoría los olvidemos.

Cuando soñamos, nuestras actividades se ligan estrechamente al servicio de la unidad y la continuidad entre la vigilia y la vida psíquica del sueño, entre las vivencias actuales y las pasadas, con sus vicisitudes y las pulsiones que permanecen constantes (Rallo et alt, 1974).

 

pesadillas

Esta tendencia a

1) La unificación, a la integración y vinculación, a la adaptación al principio del placer, se acompaña de

2) El trabajo de intentar elaborar los traumas que se arrastran a lo largo de la vida, junto a estas experiencias dolorosas.

En una entrada anterior en este blog ya hemos señalado la insistencia de otro psicoanalista español, Angel Garma, en la situación traumática como génesis onírica.

Valdrán estos ejemplos: Una paciente soñaba que temía que en el consultorio existiera una grabadora que fijara sus palabras, de forma que ella siempre hablaba de lo mismo. Otra paciente, cada vez que deseaba ir de viaje, soñaba que su maleta quedaba sobre la cama de matrimonio y allí buscaba inútilmente algo perdido. (Su madre había fallecido tempranamente.)

Lo repetitivo de algunos sueños demuestra que el conflicto traumático no se ha elaborado, y que ha fracasado el funcionamiento de la vida onírica hasta entonces.

Respecto al espacio en el que acontece el sueño, la capacidad de pensar y de soñar nacen en ausencia de la persona clave. Es una búsqueda diferida de ella. Las deficiencias en la estructuración de la pantalla del sueño, por ejemplo en los niños y en los fenómenos psicóticos, corroboran que la constitución del soñar está en relación con la capacidad de pensamiento.

Rallo propone una tercera función del sueño, 3) la comunicación para con uno mismo y para con sus personajes internos, o bien hacia los demás. Nosotros dialogamos con las personas que conocimos en nuestra vida, y así estos se van acercando un poco a los actuales. En el sueño existiría una tendencia a comunicarnos con aquel que escucha el relato, donde se contiene una historia que ni siquiera nosotros percibimos del todo, a veces por el contenido inconsciente que se va desvelando.

Por ejemplo, una paciente le cuenta a su marido su sueño con la fábrica, donde se ve rodeada por policías en huelga. El día anterior había contado en sesión otro sueño en el que estaba en el coche con su esposo, quien le regañaba mientras ella se bajaba para coger unas flores, ante

la mirada de los policías. Se siente culpable de abandonar a su marido, para contarle al analista cosas que siente que pertenecen a su esposo.

Los pacientes revelan en la sesión estados afectivos que a ellos mismos les asombran, por tratarse de una comunicación que ha hecho posible el sueño y sus contenidos latentes desconocidos. Concluye Rallo afirmando que el sueño, por su función comunicativa, hacia uno mismo y con los demás, participa también en esa labor de favorecer la unidad y la continuidad de la vida psíquica.

El sueño resulta un material privilegiado durante el tratamiento y es natural que nos interese la utilización del sueño cuando aparece en la sesión. Otro aspecto que se tiene en cuenta es el contenido manifiesto, es decir, la historia que soñamos y que no va ser la misma que aquellas ideas a las que nos lleven nuestros pensamientos en libertad. También los afectos y los colores de los episodios oníricos, los restos diurnos y el material infantil. A veces, el analista “construye” hipótesis que precisamente se apoyan en los sueños del paciente.

Rallo discutió la perspectiva intuitiva de Galdós en “Fortunata y Jacinta”. Destacó la gran presencia de sueños en las novelas de Galdós, por ejemplo en la cinematográfica “Tristana”. Su casuística personal le ha permitido caracterizar los episodios oníricos según los distintos estados clínicos, las estructuras de personalidad y las enfermedades psicosomáticas. El uso de los sueños en la clínica también se puede relacionar con la agresión individual y con las defensas del yo, con las modificaciones del contenido manifiesto en el transcurso de la psicoterapia y de la enfermedad, según las distintas edades, etc…

Una de sus posteriores aplicaciones será la del sueño de la víspera de la consulta. La expectativa de la entrevista se puede considerar como un resto diurno, y es muy frecuente (casi un 40%) que los pacientes recuerden sueños al acudir con nosotros. Con una técnica adecuada se recrean las condiciones patógenas y se llega a considerar la sesión entera como asociaciones a dicho sueño de la víspera. Se formulan así los conflictos recientes y pasados, la relación transferencial y el proyecto terapéutico.

La hoja de sueños se podría incorporar así de un modo sistemático a la historia clínica que se utiliza en salud mental. Por otra parte, la consideración de la sesión como un sueño es algo muy moderno, que distintos psicoanalistas van a expresar: Bryce Boyer, Antonino Ferro, Ogden,…

Rallo ha elaborado conceptos más complicados, como la existencia de un doble contenido latente en el sueño, en el que se recogen enfoques de escuelas más modernas. Si estudiamos las hipótesis científicas sobre el trabajo onírico, entenderemos más fácilmente que proponga esos dos contenidos:

1) El primero, el clásico, histórico, descrito por Freud, está constituido por los pensamientos latentes, en los que confluyen los restos diurnos y los deseos y recuerdos infantiles reprimidos. A él se accede a través de las asociaciones que parten del contenido manifiesto, rehaciendo en sentido inverso el camino seguido por el trabajo del sueño.

2) El segundo contenido latente nos remite a la estructura y al funcionamiento actual del aparato psíquico, en el que se incluye la

fantasía inconsciente, las ansiedades básicas, las relaciones internas de objeto y los mecanismos de defensa.

reloj

 

La complementariedad y sincronicidad de la historia biográfica y de la estructura de funcionamiento puede hacerse patente en todo material onírico. Se trata realmente de dos perspectivas desde las que considerar un mismo sueño y la relación con el terapeuta. En el fondo “son dos aspectos de la forma de trabajar con los sueños que creo que, en mayor o menor medida, todos utilizamos y que pueden servirnos … como un motivo de reflexión sobre nuestra práctica analítica con los sueños” (Rallo, 1985).

Hay otro enfoque de gran utilidad clínica si uno lo entiende y se acuerda de él: Las imágenes oníricas tienen una doble vertiente: narcisística y objetal. Cada imagen 1) puede representar un aspecto del soñante, al tiempo que 2) constituye el punto de partida de las asociaciones que, a través de lo desconocido, conducen a los deseos inconscientes.

Un ejemplo en el que Rallo basa este enfoque es el siguiente: “En el seno de una relación transferencial positiva surge el siguiente sueño, soñado la víspera: <<Veo la cara de mi padre, y sus ojos eran como dos lucecitas que se encendían y se apagaban.»… La primera asociación que surge es la de que los ojos de la paciente eran iguales a los del padre … En esta imagen onírica de la cara del padre muerto, que había fallecido, se condensa una representación objetal, el recuerdo de la cara del padre, y al mismo tiempo una representación narcisística de la paciente a través de la identificación con el padre por el parecido -igualdad para el inconsciente de los ojos”.

En otro trabajo de los años ochenta, Rallo compara dos series de sueños en los que, alternativamente, aparecen figuras muertas como vivas, y figuras vivas como muertas. Interpreta que es la consecuencia de la acción vengativa de los muertos que aparecen como vivos, y el resultado de la acción agresiva del soñante sobre los vivos que surgen así como muertos. En los sueños de muchos de nosotros reaparecen algunas de las personas que hemos perdido, en ocasiones idealizadas pero otras con el carácter de objetos destruidos y dañados a los que se busca regresivamente.

Más sorprendente resulta, si no tenemos en cuenta la existencia del inconsciente y de los contenidos latentes, es el hecho de que soñemos como muertas algunas personas queridas con las que vivimos. ¿Acaso no existieron en algún momento, ya en nuestra infancia, deseos hostiles contra los personajes familiares con los que hemos vivido?

El tema de los sueños es inagotable. Cuando el analista aparece sin camuflar, sino tal como es, en el contenido manifiesto, siempre ha parecido una señal de mal pronóstico. Sin embargo, es muy corriente que, sea el consultorio o bien el mismo analista, aparezcan incorporados a distintos momentos o caracteres del propio paciente, hasta de su misma infancia. Hay que preguntarse si el trabajo del sueño no ha podido con el proceso primario de pensamiento, y a la relación con el analista no se adjudican temporalmente deseos fusionales y simbióticos de diversa índole.

Como colofón de sus estudio de los sueños, diremos que Rallo ha alertado frente a una de las confusiones más comunes en relación con el contenido manifiesto de los sueños: la de tomarlo directamente como realidad psíquica, tal como sucede en los sueños traumáticos, sueños de psicosomáticos y en los sueños que reflejan los estados afectivos de uno mismo. El inconsciente ha penetrado incompletamente en el contenido manifiesto. Cada imagen onírica representa a la vez impulsos instintivos y narcisistas, a uno mismo en relación con los otros tanto como el propio estado. Hay pues un doble contenido latente, y no hay que quedarse en lo manifiesto, un incierto aliado, sino buscar el contenido latente para poder ponernos en contacto más estrecho con la auténtica realidad psíquica.

 

 

Francisco Martín Felipo

 

*I (Este post consta de dos partes)

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