LOS SUEÑOS SEGÚN LEÓN GRINBERG

León Grinberg* dedicó toda su vida a la enseñanza y a la práctica del psicoanálisis, alcanzando una gran popularidad. Tanto en España, donde acabó residiendo, como en el mundo psicoanalítico internacional a través de libros tan originales como “Culpa y depresión” o “Psicoanálisis de la experiencia migratoria”. Respecto al tema onírico que nos ocupa, perfiló tres valiosas aportaciones con las que usar mejor los sueños durante los tratamientos.

pesadillas

En primer lugar, Grinberg se fija en la cantidad de pacientes que le cuentan sueños de la víspera al llegar a la primera sesión de la semana. ¿Qué sentido tiene? ¿Será acaso una forma de expresar las vivencias sobre la separación del fin de semana? Tanto respecto de aquello que sienten que han dejado a medio analizar, como sobre lo que se figuran de loque hace su terapeuta durante esos días en que las sesiones quedan interrumpidas.

Así pues, estos “sueños del día lunes” (1960) indican cómo viven las personas las separaciones y las pérdidas, así como el descontrol y otras defensas con las que se las procuran arreglar. Las “rutinas” de la vida diaria se han abandonado temporalmente. Según la forma de ser de cada persona, el grado de ansiedad varía. Lo mismo ocurre con las fantasías que se nos ocurren y con las relaciones personales que sugieren los argumentos de nuestros sueños. En especial, si nos enfadamos y hasta odiamos, van a resultar sentimientos difíciles de encajar. A veces toma la forma de las relaciones sexuales entre una pareja, del abandono y hasta de la muerte. 

Además, los Grinberg creen que el acto de soñar durante el fin de semana, o en unas vacaciones, intenta “compensar la vivencia de pérdida del vínculo con el analista, procurando restablecerlo a través de la recreación latente o manifiesta en dichos sueños, con sus distintas características”. El acto de soñar suple la sesión y rememora la relación abandonada con la otra persona, como es tan frecuente en los periodos de duelo. En el sueño se está con el analista, nos comunicamos con él, pero a la vez negamos su ausencia.

En un segundo trabajo, León Grinberg introdujo los sueños evacuativos, en 1967 y cuando dirigía un grupo de estudios argentino.

A veces pasa que lo importante, a la hora de contar un sueño, es tener a quien hacerlo, aunque sea para así olvidarlo. Se precisa un objeto continente interno o externo, al que se ataca o preserva; pero a la vez se temen las interpretaciones por si va uno a sentirse tan perseguido como aquello por lo que, originariamente, necesitaba contarlo. Los ataques que aparecen en el sueño pueden literalmente volverse contra uno mismo, o tener un valor sexual demasiado concreto. Según eso, el paciente no puede pensar en sus sueños, porque los experimenta como que realmente va a ocurrir lo que soñaba. Por ejemplo morder a la otra persona o disparar un misil, ya que los efectos y destrozos le van a parecer demasiado reales.

Mientras que, en otras ocasiones, algo nos intriga de aquello que hemos soñado, y necesitamos al analista para que nos ayude a entender cuál es el significado emocional de ese sueño, a conocer la realidad psíquica. En especial, porque la relación que ambos mantienen puede arrojar una mejor luz sobre el conflicto inconsciente que aparece en el sueño, sobre la culpa y los elementos depresivos que tienen arreglo. En el sueño sabe el paciente que hay símbolos, se siente responsable por los desperfectos y se identifica con un analista que le ayuda en ese sentido, algo así como con el preconsciente que describió Freud. Son los “sueños elaborativos”.

La relación “transferencial” puede ser vista a veces como lugar de descarga, abreacción o evacuación emocional, de una ansiedad amenazante que se lleva a alguien representado en el sueño o al mismo sueño. En tanto que, en otras ocasiones, lo que ocurre en el escenario del sueño es más importante que el hecho de simplemente contarlo, y aparece una nueva versión del pasado que revive. La proporción entre descarga y elaboración puede variar en cada sueño, y aparecen los “sueños mixtos”, donde se representa combinada la culpa y la manía.

self

A mitad de camino hacia la madre, y antes de encontrar como sustituto al padre, el niño patalea para no caer en el vacío. Precisa de una relación objetal y el propio cuerpo o un sueño puede ser un continente evacuatorio. Los sueños evacuativos tienden a librar del aumento de tensión, y se observan actuaciones previas al sueño que parecen asociaciones, o que repiten el sueño por fracaso de la contención/eva­cuación de conflictos.

Freud (1914) distingue entre recordar y actuar. El paciente no recuerda nada de lo que ha olvidado y reprimido, pero actúa  fuera. Él lo reproduce no como un recuerdo, sino como una acción que se repite, sin, por supuesto, saber que la está repitiendo. Anteriormente se había dirigido a una persona o situación en la infancia, pero ahora se manifiesta precisamente a través de los sueños, silencios, y de la relación con el analista.  La actuación en la realidad podría tener graves consecuencias, precipitando los desastres en la vida del paciente y echa por tierra cualquier esperanza de mejora. La hipótesis de León Grinberg es la de que a veces actuamos como reacción a un duelo insuficiente por la pérdida de un objeto antes de tiempo.

Por eso, Grinberg (1987) mantiene que esa actuación o acting-out sería un sueño dramatizado y actuado durante la vigilia, un sueño que no pudo ser soñado. Primero es la acción y luego el pensamiento, por lo que habría que discriminar entre los aspectos comunicativos y los aspectos destructivos, algo así como ocurre con los sueños resistenciales. En el ejemplo del autor, las actuaciones van pudiendo elaborarse mediante sueños evacuativos y elaborativos. Los elementos oníricos destrozados daban paso, dentro del mismo sueño, a un deseo de colaborar. No en vano, soñar es equiparable a pensar.bion

En los últimos años de su vida, León Grinberg trató personalmente al psicoanalista británico Wilfred Bion y se entusiasmó con las posibilidades del modelo onírico del trabajo-del sueño- alfa (dream-work-alpha), una extensión del trabajo onírico a la vida cuando estamos despiertos.

Sería un precursor de la capacidad de ensoñación o rêverie, aquella que necesita una madre para poder “soñar”, entender y ayudar a su bebé.

 

 

 

 

Francisco Martí Felipo

 

(*León Grinberg (1921-2007)

  León Grinberg

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