¡¡¡EMPIEZA EL COLE!!!

Momento deseado por unos y temido por otros…

Deseado por los niños y adolescentes para quienes el aprendizaje y el encuentro con los iguales es un tiempo de ilusión.

School

Tiempo de ilusión, en la medida en que el enfrentamiento con lo desconocido y no controlado del nuevo curso, de los nuevos compañeros y profesores… no despierte una ansiedad superior a la capacidad del sujeto para digerirla.

Ansiedad que es importante que padres y profesores puedan entender, contener y calmar, porque los niños y adolescentes miran con gran atención a los adultos a ver cuál es su reacción cuando afirman: “no quiero ir al cole” o “no puedo hacer tal o cual cosa”.  

En ocasiones, los muchachos se encuentran con adultos que no diferencian bien entre lo que es la expresión natural de deseos o sentimientos propios con la realidad, es decir, que esas expresiones u otras, no significan necesariamente en lo real, que ese niño, o ese adolescente no quiera y/o no pueda.

Sin duda, cuanto más dude el adulto en su respuesta, más insistirá el niño o el joven en su protesta porque, en definitiva, lo que necesita es encontrarse con un adulto que, funcionando como tal, le pueda decir que no pasa nada por estar asustado, que los adultos también se asustan en algunas ocasiones y en algunas situaciones… pero que eso no significa “no poder”.

La vuelta al “cole” es un momento que no sólo atañe a los alumnos, sino también a los padres y profesores.

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Es importante que tanto unos adultos como otros no pretendan que sean los niños y adolescentes quienes calmen la inquietud o ansiedad que les puede provocar a los mayores esta situación, dado que con ello privarían a niños y jóvenes de su derecho a ser lo que son, invirtiendo los papeles y pasando a exigir que sean precisamente los más débiles quienes no sólo cuiden de sí mismos sino que, además, con su ausencia de protesta calmen a los adultos… Y, cuando no consiguen funcionar así y siguen reclamando sus deseos y su necesidad de ser escuchados en sus demandas, los adultos responsables de ellos llegan en ocasiones, a pensar que lo que necesitan esos muchachos es ser calmados-anestesiados por un fármaco…

 

¿Quién tendría verdaderamente un problema: el niño o el adolescente, por manifestar sus sentimientos o los adultos que no pueden escucharles?

 

Elsa Duña

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