¿NEOPARENTALIDADES?

Parecería que las preguntas que pueden plantear las nuevas configuraciones familiares debieran someternos a los psicoanalistas a una dura prueba…

¿Habrá una diferencia significativa en el modo de relación materna y/o paterna en el caso de un embarazo tradicional y en el caso de una fecundación «in vitro»? Los procesos de subjetivación de un niño adoptado ¿se diferenciarán de los de un niño creado en un proceso de inseminación artificial con un donante anónimo? Por otro lado, los niños criados por uno sólo de los padres o aquellos criados por una pareja de un mismo sexo, ¿tendrán necesariamente problemas de subjetivación?

adopción homosexuales

Si nos encontramos con la falta de uno de los padres –monoparentalidad- o con la presencia de dos sujetos del mismo sexo –homoparentalidad- ¿estas formas de paternidad tendrán repercusiones en los procesos identificatorios y, por consiguiente, en la organización psíquica del nuevo sujeto?

Al colocar entre interrogantes en el título la alusión a las neo-parentalidades, estoy ya trasmitiendo mi punto de vista personal de que, una vez más, se cumpliría la vieja sentencia del Eclesiastés: «Nihil novo sub sole», no hay nada nuevo bajo el sol… a pesar de nuestras supuestas «novedades» humanas.

En este contexto, tampoco considero que debiera ser nueva la actitud de cuidado y respeto con la que hemos de aproximarnos a observar a los sujetos (¡sin juzgar!), estando dispuestos a revisar nuestros planteamientos si los hechos nos conducen a ello. Desde luego, siempre convendrá que nos hagamos algunas preguntas respecto a unos posibles padres: ¿han alcanzado suficiente individuación? ¿han diferenciado adecuadamente la relación entre uno y otro sujeto? ¿han llegado a una verdadera relación de respeto al otro? ¿son capaces de simbolizar? ¿pueden ejercitar una auténtica empatía? ¿dejan cabida al tercero en la relación de pareja?

Me parece que son estas preguntas y no otras las que debiéramos hacernos antes de decidir –por pura ideología o moda imperantes en un determinado momento cultural- quiénes son «aptos» o no para ser padres y criar hijos suficientemente sanos… Por supuesto que podremos encontrar individuos verdaderamente muy enfermos y parejas de homosexuales patológicas… pero ¿es que resultan suficientemente saludables todos los componentes de las parejas heterosexuales?

Es evidente que, durante milenios, las parejas de hombre y mujer han engendrado hijos con todos los tipos conocidos y todos los grados posibles de patología… y recordemos que los homosexuales nacen también en las familias tradicionales. ¿Por qué no conceder a las demás variaciones posibles de pareja humana (incluso a los que piensan en ser padres en situación aparentemente «single») al menos el beneficio de la duda?

Lo que conviene reflexionar respecto a cada ser humano (y respecto a la pareja que pueda constituir) desde el punto de vista de su desarrollo psico-sexual es:

  • El estado de fusión-confusión con otro ser humano y por consiguiente su nivel de relación simbiótica, “pegajosa”. Tanto mayor la indiscriminación entre sujetos, tanto más patológica resultará la relación, porque no habrá posibilidad de delimitar dónde empieza y acaba cada cual. La mirada no podrá reflejar nunca al «otro», ya que será una mirada narcisista, que exige que sea siempre el otro quien refleje al sujeto, formando un «todo» con él. En estas condiciones, la parentalidad resultará muy patológica.
  • El grado de control posesivo que el sujeto precisa mantener sobre los demás. A mayor control, más profundo el deseo de que los otros no tengan vida propia ni posibilidad de autonomía.
  • La capacidad de sostener la «terceridad», es decir el espacio mental necesario para que, incluso en el «entre-dos» de pareja, exista la referencia al tercero.

 

Un desarrollo suficientemente satisfactorio de todo lo anterior aseguraría la capacidad de diferenciar los sexos y las generaciones en el psiquismo y es eso (y no el ser uno o dos, ni el sexo real físico de cada cual) lo que permitiría un continente adecuado para recibir a un hijo y criarle saludablemente.

 

 

José María Erroteta

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