FREUD Y ZWEIG

El escritor austríaco Stefan Zweig (1881-1942) en sus memorias, “El mundo de ayer”, trazó uno de los más bellos retratos de Freud que se hayan escrito:

“Había conocido en Viena a Sigmund Freud, ese espíritu grande y fuerte que como ningún otro de nuestra época había profundizado, ampliándolo, en el conocimiento del alma humana, en una época en que todavía era amado y combatido como hombre huraño, obstinado y meticuloso. Fanático de la verdad, pero a la vez consciente de los límites de toda verdad… se había aventurado en las zonas terrenales y subterráneas del instinto, hasta entonces nunca pisadas y siempre evitadas con temor, es decir, precisamente la esfera que la época había solemnemente declarado “tabú” “.

Stefan Zweig

Zweig reencuentra a Freud anciano y enfermo en su exilio londinense:

 “Por primera vez descubrí a un verdadero sabio, que se había elevado por encima de su propia situación, que ni siquiera percibía ya el sufrimiento y la muerte como una experiencia personal, sino como objetos de consideración que superaban a su persona; no menos que su vida, su muerte fue una hazaña moral”.

“En aquellas horas con Freud a menudo hablamos del mundo de Hitler y de la guerra. Como persona estaba profundamente conmovido, pero como pensador no le sorprendía en absoluto aquel escalofriante estallido de bestialidad. Siempre lo habían tachado de pesimista, decía, porque negaba la supremacía de la cultura sobre los instintos; ahora se podía ver horriblemente confirmada su opinión de que la barbarie, el elemental instinto de destrucción, era inextirpable del alma humana”.

freud

Setenta y seis años después, el 13 de setiembre, en el noreste de Italia, conmemorando a las víctimas de la Gran Guerra y de todos los conflictos, el Papa Francisco en su homilía nos recordaba, sin saberlo, una verdad kleiniana: las ansiedades depresivas son de más difícil elaboración que las ansiedades paranoides: “La humanidad tiene necesidad de llorar y esta es la hora del llanto”. Sus palabras fueron recibidas por más de 10.000 asistentes a la misa, con un prolongado silencio.

“La guerra es una locura, su programa de desarrollo es la destrucción”, denunció Jorge Bergoglio.

Francisco hizo una visita de sólo cinco horas, pero muy intensa, a la región de Friuli Venecia Julia. Después de aterrizar en el aeropuerto de Trieste, se dirigió en un vehículo al cementerio austrohúngaro de Fogliano-Redipuglia, donde reposan los cuerpos de 14.550 soldados muertos durante la I Guerra Mundial, la mayoría de ellos desconocidos y procedentes de varios cementerios diseminados por esa zona.

Posteriormente se trasladó al muy próximo cementerio militar italiano donde descansan los restos de 100.187 soldados italianos, también fallecidos en la I Guerra Mundial. De ellos se conoce la identidad de 40.000 soldados. Francisco levantó su voz contra los conflictos bélicos y denunció que en estos momentos “está en marcha una III Guerra Mundial que se está librando “por partes”, esparcida en distintos escenarios con una crueldad inaudita”.

 

 

Ricardo Jarast

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