LA VIDA SEXUAL EN LA ADOLESCENCIA

Recientemente se ha podido leer en los medios de comunicación que, entre los adolescentes de 16 años, se ha convertido en un «rito de iniciación» tener relaciones sexuales exactamente a esa edad, siendo tachado de raro, «friky», quien no accede a ellas.

Se diría que los jóvenes de hoy en día se inician cada vez más temprano en la sexualidad… ahora bien, ¿en qué sexualidad se inician? ¿en una sexualidad como manifestación de afecto y deseo hacia el otro? ¿o como forma de apoderamiento, incluso de relación interpersonal de usar y tirar?

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Hay ocasiones en las que, escuchando las conversaciones de algunos grupos de chicas y chicos, se podría decir que las relaciones entre iguales sugieren más una «cacería» que una ocasión de encuentro y descubrimiento de alguien diferente a uno mismo.

Anteriormente me he referido al hecho como «rito de iniciación» porque, se podría pensar –al igual que en otros tiempos se decía del tabaco, del cannabis y de otras sustancias- que su «consumo» convierte al adolescente en adulto. Ilusión mágica de crecimiento: planteamiento desde el que cualquier situación de la vida personal, escolar o social que confronte con límites y frustraciones, puede llevar a creer que si las cosas no se resuelven o no resultan según lo imaginariamente previsto, quizás se deba a que uno «no puede» o «no sabe» cuando, probablemente, lo que ocurre es que no se ha dado el tiempo de aprender, incluso el tiempo de querer y de disfrutar del otro y con el otro.

Evidentemente, la vida sexual es algo más que una descarga física, si se concibe como el encuentro entre dos personas que sienten, piensan, desean, tienen dudas y temores…

Cabría preguntarse si, con frecuencia, la vida sexual fugaz no es una manera de tramitar la necesidad del otro sin poder reconocer la propia… como si ser consciente de la necesidad de ser querido y deseado, convirtiese al adolescente en dependiente y vulnerable.

¿Facilitará acaso el funcionamiento impulsivo y compulsivo el crecimiento y la maduración?

 El sexo se consume como la comida rápida: «esto quiero-esto tengo», prescindiendo de ese proceso de elaboración que conlleva el encuentro previo, el conocimiento, el deseo, el juego y… tal vez, después, el encuentro sexual.

 

Elsa Duña Llamosas

 

*Foto cedida El Universal México

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