EL SÍNDROME ALIENACIÓN PARENTAL; UN PROBLEMA SIEMPRE ACTUAL

El Síndrome de Alienación Parental (S.A.P.) hace referencia a una forma de maltrato a los menores, quienes no pueden dejar de ver en sus padres la garantía de seguridad y bienestar para su desarrollo frente al mundo exterior. En un proceso de separación legal, ambos progenitores pueden utilizar a los hijos como “armas” para dañar al cónyuge, sin percatarse que no sólo infligen daño a la ex pareja, sino también a los niños.

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En estas circunstancia se suele utilizar información, no pertinente , que es falsa o que está manipulada por un adulto, con la finalidad de obtener una respuesta específica, por parte del hijo en su propio beneficio. En la mayoría de los casos, las consecuencias para los pequeños pueden llegar a ser irreversibles si no son oportunamente tratados por especialistas. También debe atenderse a quien ejerce este maltrato (padre o madre), pues o tiene miedo de perder o ya perdió el límite entre una batalla legal y el daño que puede provocar en sus hijos, al utilizarlos como “elementos de guerra”.

Si uno de los progenitores es señalado como el culpable de la ruptura familiar, los menores sufren un gran impacto emocional y entran en confusión por la información que reciben. La separación altera su rendimiento académico y su funcionamiento social, al no existir claridad acerca de lo que sucede. Así, los niños en etapa preescolar, entre los cuatro y seis años, que debieran de confiar en ambos padres terminarán por confiar tan sólo en uno de los adultos. En fases más avanzadas, se complica la detección del trastorno. Por ejemplo, padre o madre favorecen esta respuesta emocional, pueden utilizar el chantaje, bienes materiales y datos falsos para convencer al hijo o la hija de las ventajas de permanecer a su lado. En general, la situación presiona indebidamente a los hijos, altera sus respuestas emocionales, manipula su forma de pensar, porque se altera la imagen y relación del pequeño con sus progenitores. Asimismo, esta situación repercute en el futuro en las relaciones sociales de los menores, quienes pueden llegar a presentar cuadros de ansiedad y depresión.

Esta situación fue definida con el nombre de “Síndrome de Alienación Parental”(S.A.P.) en 1985, por el doctor Richard Gardner, psiquiatra estadounidense. Gardner creó el término Síndrome de Alienación Parental, (S.A.P.) después de evaluar diversos casos de divorcios conflictivos o destructivos, para referir al conjunto de comportamientos que resultan del proceso por el que la madre o el padre, mediante distintas estrategias, transforman la conciencia de sus hijos, con objeto de impedir, obstaculizar o destruir los vínculos con el otro.

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Ello implica que el infante acabará teniendo una idea distorsionada sobre uno de sus padres, contra el que se dirige el ataque. Se lastima la relación y favorece la aparición de problemas emocionales. Este síndrome no es aceptado por la Organización Mundial de la Salud, ni por la Asociación Americana de Psiquiatría. Esta última analiza aún la posibilidad de incluirlo en una próxima edición del “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (DSM).

En realidad aún no existen estrategias para identificar, con claridad, si una persona es víctima de alienación parental o si los padres simplemente están desorientados y utilizan cierta información, sin darse cuenta del efecto que puede tener. En la familia adquirimos recursos básicos de convivencia, control de emociones, autoestima, manejo de problemas y toma de decisiones. En un ambiente sano, donde los niños se sienten valorados, amados y seguros, si un integrante provoca aversión, estos elementos no se desarrollan totalmente. La imagen de los ascendientes es uno de los pilares fundamentales del desarrollo emocional de cada individuo. Al ser sana, se favorece el crecimiento personal. Quien ejerce la patria potestad debería procurar el respeto y acercamiento de los menores con el otro padre. En consecuencia, cada uno de ellos debe evitar cualquier acto de manipulación o alienación parental encaminada a producir en los niños rencor o rechazo.

En los últimos años en España, lo mismo que en otros países de nuestro entorno, se ha ido infiltrando en las sentencias judiciales bajo la supuesta rúbrica científica del S.A.P. argumentos para cambios de custodia u otras acciones legales de enorme repercusión para el niño y la familia; argumentos sin embargo no aceptados por una amplia mayoría de profesionales de salud mental. Creemos que el éxito que ha tenido el término en el campo judicial se debe a que da una respuesta simple (y simplista) a un grave problema que preocupa y satura los juzgados de familia, facilitando argumentos seudo-psicológicos o pseudo-científicos (Escudero, Aguilar y de la Cruz, 2008) a los abogados de aquellos progenitores litigantes por la custodia de sus hijos. Esta explicación puede ayudar a entender por qué ha sido aceptado, pese a su falta de rigurosidad, sin apenas cuestionamientos. El riesgo actual de que tal “construcción de la realidad” se infiltre también en los sistemas diagnósticos internacionales, como el DSM V, ha hecho que muchas asociaciones y profesionales de diferentes países pongan reparos e incluso se pronuncien en contra de este supuesto. Las bases sobre las que se construye el S.A.P. corresponden exclusivamente a la descripción que hace R. Gardner en 1985 basándose en sus investigaciones personales.

El S.A.P. podría llegar a suponer un grave intento de medicalizar lo que en realidad es una lucha de poder por la custodia de un hijo. Se pasa así, a explicar las complejas dinámicas de interacción familiar en base a la “programación” del niño que hace el cónyuge denominado “alienador” con objeto de denigrar al cónyuge “alienado”. Supone un abuso de la utilización de lo “psiquiátrico-psicológico” que evita, así, considerar el papel que también juega en el conflicto el cónyuge que es considerado “víctima” del “alienador”. Tampoco busca otras explicaciones como puede ser una reacción esperable o justificada del niño después de una separación parental, que en la mayoría de los casos en los que no hay violencia familiar, suele resolverse pasado un tiempo. En las investigaciones de Gardner, en opinión de muchos especialistas, el sesgo de género en las descripciones del SAP es innegable. La mayoría de los cónyuges “alienadores” son en su opinión “mujeres que odian a los hombres”. Cualquier intento de estas por rebelarse ante el riesgo de retirada de custodia de su hijo, se convierte en nuevas pruebas de la alienación y de la programación a que someten al hijo.

Por otra parte cualquier intento de protesta del niño o niña se convierte, por mor de los criterios diagnósticos que Gardner inventó, en nuevos síntomas de su programación. Incluso los terapeutas que argumentan en contra del S.A.P. se convierten también, según Gardner, en sujetos vulnerables a la programación que entran a formar parte de una especie de “folie à trois”, en palabras del propio Gardner (1999). Es decir, en contra de cualquier planteamiento científico, el S.A.P. se construye de modo que nunca pueda ser refutado, porque cualquier intento de refutación lo convierten, por si mismo, en verdadero.

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Muchas veces se desoyen, con base en el S.A.P., las protestas o acusaciones del niño (y de los padres) de maltrato o abuso. Aunque Gardner especifica que en caso de abuso no se debe de diagnosticar de S.A.P., el riesgo de dejar a un niño sin protección, cuyas quejas son descalificadas y no escuchadas por considerarlas producto de una programación, en manos de un progenitor maltratador es muy alto. A ello se suma el que los intentos de proteger al niño por parte del otro progenitor se pueden convertir en mentiras y nuevos intentos de “programación”. En estas circunstancias se deja en manos de un potencial maltratador/ra a un niño, aislándolo de su único vínculo de protección. Por otro lado, se ha demostrado por el propio Consejo General del Poder Judicial tras un minucioso estudio de 530 resoluciones, que de todas estas, sólo una – en la que es la propia mujer quien niega la veracidad de su primer testimonio- podría tipificarse como denuncia falsa.

La “terapia” que propone Gardner para acabar con la supuesta “programación” y que él mismo denominó “terapia de amenaza” cierra cualquier salida a un niño/a víctima de abusos de escapar de la situación temida. Amenazar con encarcelar o quitar las visitas al cónyuge (usualmente la madre pero a veces, también el padre, según la edad del menor) con quien el niño tiene el vínculo más estrecho, fuerza a la niña/o a aceptar la relación con el progenitor litigante. Es cierto que el S.A.P. tal y cómo lo inventó Gardner, no teniendo todavía un claro e incontestable fundamento científico, puede entrañar riesgos para su aplicación en la corte judicial sin el complemento de una profunda investigación por los profesionales de la Salud Mental y por los equipos psicosociales de los Juzgados de Familia. Las complejas y con frecuencia violentas, o cuanto menos altamente conflictivas dinámicas familiares que abocan en un litigio por la custodia de un menor, tienen que ser estudiadas específicamente, es decir, caso por caso.

El profesional de salud mental no puede ocupar el papel de dictar la verdad o falsedad de un asunto, aspecto que corresponde al juzgado. Pero también, en los juzgados no deben emplearse por los equipos técnicos adscritos, y si son requeridos, por profesionales de salud mental, constructos tales como los contenidos en el S.A.P. (ya sea bajo esta rúbrica terminológica u otra) por su origen conceptual teórico-retórico más que científico, y por ello con un enorme potencial de daño sobre menores y adultos privados de toda posibilidad de defensa (pues cuando se utiliza el término “diagnóstico” todo intento de defensa se puede convertir en auto-confirmación del diagnóstico asignado).

Los argumentos que los profesionales de salud mental podamos aportar a los profesionales de justicia deben basarse en literatura científica y suficientemente contrastada y no en meras conjeturas y/o repeticiones de recetas simplistas de un caso extrapolado a otro.

 

 

FRANCISCO MUÑOZ MARTIN

(Psicólogo Clínico. Psicoanalista. Miembro Titular con función didáctica de APM e IPA. Secretario Científico de la APM)

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