LOS SUEÑOS SEGÚN MAURO MANCIA Y LA MEMORIA IMPLÍCITA

Hace años, Mancia dictó una conferencia en la APM sobre un escritor y su poesía, uno de los intereses de este psicoanalista que desarrolló una gran amistad con personas de nuestra asociación como Luis Martín y José Rallo, entre otros. Ahora nos interesa situarle en su labor de puente entre las neurociencias y el psicoanálisis; una labor muy de actualidad que, sin embargo, Mancia supo centrar en su aportación del concepto de la memoria implícita, visible para él en la transferencia y en los sueños contados en análisis por sus pacientes.

Insistimos en que el hecho más llamativo de la personalidad de Mancia fue seguramente, eso; su personalidad.

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Ha sido una de las pocas personas del mundo que podía hablar del cerebro y de la mente con un completo conocimiento de ambos, y adquirido de primera mano. Los recientes desarrollos en el campo de las neurociencias tales como el descubrimiento de las neuronas espejo, y de los sistemas cerebrales para la representación interna de las acciones y los estados de los demás, han validado un compromiso tan comprensivo como el de Mancia para integrar el psicoanálisis y las neurociencias, un tema que fue siempre central en sus investigaciones científicas. Por un lado, su formación neurofisiológica fue rigurosa. 

 

En la década de los años cincuenta, y en la universidad de Pisa, se formó con Moruzzi, en el centro más famoso del mundo para el estudio del dormir y de la actividad electroencefalográfica. Allí se centró en los circuitos sincronizantes talamo-corticales, en las influencias del tronco cerebral caudal sobre el dormir, y en la integración reticular de los aferentes sensoriales. En los años sesenta, Mancia en Los Angeles y en la conocida UCLA, fue supervisado por Magoun en sus estudios sobre el control centrífugo de las neuronas olfatorias por las estructuras reticulares del tronco cerebral. Comienza a montar su propio laboratorio neurofisiológico en Milán, si bien en los años sesenta trabaja en Nueva Delhi sobre la fisiología del sueño en los monos, y muestra las interacciones entre el tronco cerebral, el tálamo y el área preóptica.

Desde mediados de los setenta dirige un grupo interdisciplinario consagrado al estudio neuroanatómico de las estructuras cerebrales comprometidas en el control del sueño (hipotálamo anterior, por ejemplo), en la química y farmacología del dormir (papel de los sistemas colinérgicos y serotoninérgicos) y en la neuroinmunología (neurotransmisores clásicos y citoquinas).

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Con Mancia se han formado buenos científicos, y funda la Sociedad italiana de investigación del sueño, de la que es su primer presidente. Es premiado internacionalmente en 2003, con ocasión del cincuentenario del descubrimiento del sueño REM, por sus apasionadas contribuciones a la ciencia del sueño, y con dos centenares de publicaciones. Me he extendido en la faceta de Mauro Mancia como neurofisiólogo porque es menos conocida en nuestro medio, donde, si acaso, es citado como psicoanalista.

En la década de los años setenta se analizó y formó con prestigiosos psicoanalistas como Franco Fornari en Milán y Donald Meltzer en Londres. Su actividad clínica ha sido abundante, realizando supervisiones y convirtiéndose, a mediados de los noventa, en un analista didáctico de la Sociedad psicoanalítica italiana. En esta faceta escribió cerca de un centenar de trabajos, tanto en Italia como en la revista de la IPA Valgan como ejemplo de sus publicaciones los siguientes temas (traduzco los títulos):

“Aproximación interdisciplinaria al sueño y al instinto” (1974), que también aparece en la revista francesa de psicoanálisis. “Neurofisiología y psicoanálisis frente al problema de la vida psíquica fetal” (1977). “Sobre los comienzos de la vida mental en el feto” (1981, IJPA). “Arqueología del pensamiento freudiana y la historia de la neurofisiología” (1983, IJPA). “Construir y reconstruir la transferencia” (1992). “Imitación, representación e identificación: su papel en el desarrollo de la transferencia” (1996). “El sueño: una ventana abierta a la transferencia” (2000). “Sobre las muchas dimensiones de la memoria: confrontación entre las neurociencias y el psicoanálisis” (2000). “La personalidad de Wittgenstein y sus relaciones con el pensamiento de Freud” (2002, IJPA). “Los actores del sueño y el teatro de la memoria” (2003, IJPA). “Memoria implícita e inconsciente no reprimido: su papel en la creatividad y la transferencia” (2003). “Idem: su papel en el proceso terapéutico” (2006, IJPA) También sus libros fueron abundantes, teniendo en cuenta que falleció en el año 2007, a los 78 años: “El sueño como religión de la mente” (1987), “Bajo la mirada de Narciso” (1990), “Del Edipo a Narciso” (1990), “Reflexiones sobre el psicoanálisis contemporáneo” (1995). “Sonido y sueño” (1996)…”El sueño y su historia” (2004). “Sentir las palabras. Archivos de la memoria implícita y musicalidad de la transferencia” (2004).

En sus últimos años, Mancia dedicó su atención a la memoria implícita, que no es consciente y no puede ser verbalizada, a diferencia de la memoria explícita y declarativa. La memoria afectiva y emocional, que Mancia ve como una dimensión de la memoria implícita, implica para Mancia la existencia de un núcleo inconsciente del self, un inconsciente no reprimido, que es completamente diferente del inconsciente reprimido “clásicamente” descrito por Freud en sus trabajos. El inconsciente no reprimido no es el resultado de la represión dinámica y contiene experiencias presimbólicas que no pueden ser recordadas ni expresadas en palabras, porque su expresión es simplemente no verbal.

La memoria implícita, afectiva y emocional, a pesar de no ser consciente, influye en toda nuestra vida y aparece en la comunicación no verbal. Sólo los sueños transforman simbólicamente nuestras experiencias presimbólicas y preverbales en algo que pueda ser hablado y expresado, accesible a la conciencia. Con sus representaciones, los sueños crean la figurabilidad psíquica, ayudando a llenar la brecha del inconsciente no reprimido. Los sueños y el dormir son, para Mancia, esenciales para la comprensión de la mente humana y para su tratamiento cuando estamos perturbados. En 2006 publica uno de sus últimos trabajos sobre “La memoria implícita y el inconsciente temprano no reprimido: su papel en el proceso terapéutico (“Cómo las neurociencias pueden contribuir al psicoanálisis)”. En este trabajo examina la memoria desde el punto de vista de las neurociencias y la biología molecular, y propone una integración con la teoría psicoanalítica del inconsciente.

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El descubrimiento de la memoria implícita ha ampliado el concepto de inconsciente y sostiene la hipótesis de que las experiencias emocionales y afectivas –incluidas las traumáticas- presimbólicas y preverbales de las relaciones primarias madre-niño se depositan en esta forma de memoria. Ellas formarían la estructura base de un núcleo inconsciente temprano no reprimido del self. La identificación del inconsciente con la memoria permite establecer una hipótesis sobre su organización anatómica y funcional.

El inconsciente no reprimido puede ser recuperado en el análisis mediante la “dimensión musical” de la transferencia, caracterizada por la voz (tono y ritmo) y la prosodia del lenguaje que se relaciona con la lengua materna como acceso privilegiado a los afectos de la transferencia. Los sueños pueden transformar simbólicamente experiencias presimbólicas y preverbales, de manera que puedan ser verbalizadas y pensadas aun sin ser recordadas. Los sueños también pueden crear representaciones pictográficas capaces de cubrir el vacío de la no representación que caracteriza el inconsciente no reprimido. La descripción de un fragmento de análisis de una paciente que sufre angustia de muerte aporta una ilustración clínica de las teorías discutidas en el trabajo. La interpretación de su voz y de la prosodia de su lenguaje, aparte de la elaboración de los sueños, reproducía la esencia emocional de las experiencias traumáticas infantiles de la paciente. Esta reconstrucción le permitió hablar y pensar sobre ellas a pesar de no producirse un recuerdo real.

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A Mancia le gustaba mucho la música y era un asistente regular a la Scala de Milán, de lo cual da fe otro melómano cercano, José Rallo, que fue invitado allí por él. Le gustaban las artes figurativas, y entre sus amigos figuraban artistas italianos contemporáneos de importancia. En su casa milanesa estaban colgados algunos de sus cuadros; parecía un renacentista y un maestro que enriquecía la vida de sus colegas y amigos. Luis Martín Cabré y otros analistas madrileños añadirían muchos recuerdos con sentimiento a estas notas.

 

 

Francisco Martí Felipo

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