MARGARET LITTLE Y WINNICOTT

Con cuarenta y ocho años de edad, trece años después de haber buscado por primera vez ayuda psicológica, Margaret Little consultó a Winnicott. En una de las primeras sesiones sintió con desesperación que nunca lograría que la entendiera. Recorrió la consulta intentando encontrar un medio de comunicación y se lanzó sobre un florero con lilas blancas, lo hizo trizas y lo pisoteó.

Winnicott salió de la habitación y regresó al terminar la hora. La encontró ordenando el revoltijo y exclamó: “Podía suponer que haría eso más adelante”. Al día siguiente una réplica exacta reemplazaba al florero. Unos días después Winnicott le dijo que había roto algo valioso para él.

Winnicott

Unas semanas más tarde, durante toda una sesión, se apoderaron de ella unos espasmos de terror. Little se aferró con firmeza a las manos de su analista hasta que se liberó de los espasmos. Al finalizar Winnicott le dijo que estaba reviviendo la experiencia de su nacimiento y le sostuvo unos minutos la cabeza. Little lo rememoró después como el “nacimiento a una relación”, a través de sus movimientos espasmódicos. Nunca más volvió a experimentar esos espasmos.

 

Atravesando la transferencia delirante

En enero de 1967, cuatro años antes de su muerte, se le pidió a Winnicott que diera una charla en el “Club 1952”, una asociación integrada por analistas británicos veteranos que se reunían para debatir ideas de modo informal. Se habló de la relación entre su teoría y otras formulaciones del desarrollo temprano.

En los últimos minutos dijo:

“Ahora bien, había algo que necesitaba y no podía lograr por mí mismo, y era un uso pleno del concepto de transferencia delirante. Esta es una de las cosas más difíciles de las que debemos ocuparnos en el análisis, y desde mi punto de vista, este fragmento lo tomé realmente de alguien. Si Margaret Little no hubiera sido capaz de aclararlo, yo me habría quedado detenido, como pienso que están detenidos un montón de psicoanalistas. Ese es, pues, un pequeño fragmento de mi vida en el que realmente saqué algo de otra persona, casi como si lo hubiera robado del bolso de mi madre”.

En el año 1957, el año en que terminó su análisis con Winnicott, Little escribió “Sobre la transferencia delirante (psicosis transferencial)”.

Allí postuló que, a veces, el analista se encuentra con pacientes que no pueden valerse de las interpretaciones transferenciales.

Señala varias características:
1.- El análisis habitual de sus sueños no es eficaz.
2.- Hay deficiencias del pensamiento y de la capacidad para simbolizar.
3.- El acting out es violento o bien la violencia aparece en forma negativa como pasividad.
4.- Tienden a ser muy dependientes y parecen desarrollar una forma de adicción al análisis.
5.- Estas condiciones parece haber surgido de una situación en que la madre misma había sido infantil y tan incapaz como su bebé de tolerar la separación o la fusión, una madre cuya ansiedad y falta de adecuación constituyen persecuciones reales para el niño.

En estos pacientes el carácter de la transferencia es, en esencia, delirante. No tiene esa cualidad de “como si”.

Para resolver la transferencia delirante es necesario lograr que el paciente pueda reunir amor y odio en una misma persona, que encuentre afectos buenos y malos en el analista, en sus padres y en él mismo y que discrimine entre realidad imaginaria y objetiva.

En el estado de delirio transferencial, sujeto y objeto, sentimientos, pensamientos y movimientos, se experimentan como la misma cosa.

Cuando el desplazamiento es hacia afuera, hacia el analista, se establece contacto con una persona que está separada de esos sentimientos y movimientos. El analista los experimenta, pero su experiencia es distinta de la del paciente y esto conforma una nueva situación. Comienza la recuperación al emerger la diferenciación y el apagamiento del delirio, que ya no es necesario.

Se puede comparar esta situación con la del bebé que despierta de un sueño y que necesita que alguien esté a su lado para ayudarle a despertarse.

Little padeció un delirio de total identidad, continuidad y ser uno con su madre que luego transfirió a Winnicott. Él era el vientre de su madre. En algún momento del tratamiento, Little tuvo que descubrir que en realidad no lo era, que él y ella no eran idénticos y que uno no era la continuación del otro.

 

 

Ricardo Jarast

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