ACERCA DE UN FENÓMENO DE MASAS

Llevo unos días pensando, alentada por la lectura de artículos periodísticos y de noticias televisivas, acerca de un fenómeno muy presente en nuestros días: la aparición y ascenso de nuevos líderes de masa dentro de la política.

¿Cómo aparecen estos líderes de masa, y por qué arrastran fervientes seguidores que se multiplican día tras día? Intentaré responder a esta pregunta desde el psicoanálisis y su metapsicología.

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Comenzaré por la filogenia humana; la Teoría de la Neotenia expone que uno de los aspectos que contribuyeron a la evolución de nuestra especie fue la capacidad de retener ciertas características infantiles durante más tiempo.

Es el caso del encéfalo, que con un tamaño más pequeño en el nacimiento conlleva una mayor plasticidad neuronal y desarrollo postnatal más largo, fundamental para el desarrollo de capacidades avanzadas como el lenguaje. Las consecuencias negativas de este fenómeno son un aumento de la fragilidad en las primeras fases del ser humano. A diferencia de otros mamíferos, los humanos nacemos con una dependencia total al objeto, sin el cual no podríamos subsistir. Este estado de indefensión del lactante Freud lo denominaría “Desvalimiento”. Todos pasamos por esta situación, pero el vínculo establecido con el “asistente ajeno” (la persona a cargo del cuidado del bebé, normalmente los padres) diferenciará la experiencia vivida. Este desvalimiento es el núcleo genuino del peligro más primario: la autoconservación. Peligro que puede ser sentido frente a estímulos internos, pero también frente a un peligro real externo (por ejemplo: quedarnos en el paro y las incertidumbres que implicaría este hecho, como no poder afrontar la hipoteca) lo que disparará la angustia. Para evitarla, el ser humano crea mecanismos de defensa de eficacia variable.

Uno de los mecanismos de defensa que se origina en épocas muy tempranas de nuestro desarrollo psíquico es la Proyección. Ésta consiste en poner fuera, en el mundo exterior, aspectos psíquicos interiores. De esta manera, nos protegeremos de la angustia generada al evitar identificar como parte de nosotros esos aspectos psíquicos. Conforme avance correctamente el desarrollo psíquico, iremos haciendo uso de mecanismos más adaptados a la realidad, dejando atrás los más arcaicos como el de la proyección. Aun así, momentos generadores de angustia excesiva para el aparato psíquico, como podrían ser épocas de crisis y pobreza pueden retrotraernos a un estado de desvalimiento activando mecanismos primarios de defensa como la comentada proyección. La cual liberará nuestra angustia con razonamientos de la forma “el problema X está fuera y los culpables son Y, yo no tengo nada que ver”.

Esta situación de fragilidad psíquica puede ser aprovechada por actores políticos, que fomentarán y harán suyo este razonamiento, valiéndose de el para unir a la masa a la que se dirigen. Ésta terminará por aceptar los razonamientos como reales. Unidos mediante ese nexo común, pueden llegar al delirio grupal, de manera que idealizarán al líder de la nueva “verdad”, del cual asumirán que “todo lo que hace y pide es justo e intachable”[1]. Se convertirá en el símbolo de los ideales de la masa.

 

La respuesta qué ofrece este líder se alinea y alimenta la proyección: “si lo estamos pasando mal es por culpa de otros”. Así, se vuelve garante de la “solución perfecta” a nuestros principales miedos y angustias de desvalimiento. Ejemplos sobran en la historia, con resultados conocidos. También encontramos en la literatura autores que mostraron con detalle éste fenómeno, como el escritor británico George Orwell, quien lo ejemplificó en sus obras “La Granja” y “1984”, publicadas tras la segunda guerra mundial.

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Todos estamos de acuerdo en que abundan políticos con malas prácticas, y que el cohecho y la corrupción campan a sus anchas en nuestra sociedad. Ahora bien, ¿Es la solución pensar que toda la culpa la tiene el otro, y que nosotros somos víctimas del sistema? ¿No sería más sano asumir que nosotros formamos parte del sistema, y como tal tendremos algo que ver? Plantear colocarnos en esta segunda opción no nos gusta, porque nos hace formar parte del problema y resulta doloroso. Nosotros, psicoanalistas, y especialmente los que trabajamos con niños-padres y familias, experimentamos cada día que la modificación de un elemento del sistema puede transformar la totalidad de éste.

Pero ese cambio sólo puede ocurrir si el elemento (sea un niño, padre o ciudadano) se hace cargo de su responsabilidad como integrante del sistema.

 

 

Patricia Sáez Rodríguez

 

*[1] Sigmund, Freud. (1921). Psicología de las masas y análisis del yo.

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