EL CUERPO EN EL ORIGEN DEL PSIQUISMO DEL BEBÉ

La investigación del funcionamiento corporal y mental, nos adentra en la biología,  en la constitución psíquica y su funcionamiento; objeto de investigación y controversia para el psicoanálisis.

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El cuerpo como vehiculizador y constituyente del crecimiento de nuestro aparato psíquico, juega una importante función. En el diálogo cuerpo a cuerpo con la madre, el recién nacido va tomando conciencia de su existencia en el mundo, lo que como muestra Christophe Dëjours, va a permitir la transformación del cuerpo biológico en un cuerpo erógeno, un cuerpo pulsional en busca de un objeto pulsional constitutivo de su subjetividad. La comunicación entre el niño y el adulto se moviliza en principio por la autoconservación, por las necesidades del cuerpo fisiológico, pero junto a los cuidados prodigados por el adulto se transforma en un cuerpo pulsionalizado, a la búsqueda del objeto materno.

La comunicación entre ambos es una relación desigual, en la que el adulto no puede dejar de reaccionar también con su pulsionalidad, quedando comprometido así con el niño a través de su propio inconsciente.

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Es en este diálogo continuo donde la función materna cobra una vital importancia para ese psiquismo naciente, porque la vida pulsional abrirá el juego a un mundo de representaciones, a toda una producción fantasmática en la que la vida psíquica se pone en juego. El cuerpo está marcado por el deseo y la pulsión, condiciones necesarias para que el cuerpo devenga erógeno. Pero también puede ser marcado por heridas, cicatrices y enfermedades.

Como aportó Melanie Klein, en el inicio de nuestra vida, el cuerpo a cuerpo con la madre a través del pecho, va a jugar un papel definitivo en nuestro psiquismo. El pecho como depositario de todo un mundo impulsivo que va a complejizarse en una estructuración psíquica, un pecho bueno, vivido como portador de todo lo bueno, amoroso, reconfortante y protector y un pecho malo , depositario a la vez todo un mundo temido y amenazador portador de amenazas e impulsos aniquiladores. De cómo la madre vaya ejerciendo su función materna y cómo el niño la integre se dependerá una mayor o menor consistencia psíquica.

Hay por tanto una impronta corporal del vínculo objetal, que abre todo un campo de relación con el cuerpo fantaseado de la madre, y en el que el objeto es mediador del dolor mental. Cuando todavía no hay un yo que habla y aún no hay palabras, las imágenes inconscientes del cuerpo, son un lenguaje, lenguaje de sensaciones y percepciones con una vibración erógena y relacional.

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Deseos reprimidos, identificaciones, normas e ideales se manifiestan en el vínculo con el hijo. Nada de ello podrá constituirse si no contamos con una madre suficientemente buena en palabras de Winicott, autor que habla de una madre suficientemente buena, capaz de entender, calmar y acompañar en ese crecimiento para poder así crear un espacio transicional, de fantasía, de ilusión, que permita al bebé generar en su desarrollo, un espacio amortiguador y transformador, que vaya constituyendo un adentro acptable frente a un afuera inhóspito
En esta dinámica bebe-madre, Bion habla de la función de rêverie materna, consistente en poder pensar por el bebé, desde el bebé, para así metabolizar todo aquello de lo que este bébé es incapaz por la insuficiencia psíquica y física con la que viene al mundo.

Bion también describió un ”aparato para pensar pensamientos”, un aparato que puede generar y captar pensamientos que serán utilizados en el creciente proceso del pensar. Todos los elementos perturbadores y no integrados, los elementos beta, deberán ser metabolizados en aras de la constitución de nuestro psiquismo.  Se inicia así todo un proceso continuo de codificación y decodificación con el mundo del bebé, construyendo un aparato para poder pensar pensamientos que lleva a una complejidad cada vez mayor.

Didier Anzieu, piensa en la piel como garante y metáfora de una función continente , que se ejerce gracias al “handling” materno, generando un sentimiento organizado de cohesión y fronteras del cuerpo, que permite diferenciar la experiencia interna de la externa, el si mismo y las representaciones de objeto.

El yo – piel como representación psíquica, emerge de las respuestas de la madre a las sensaciones y emociones del bebé, a sus repuestas gestuales y vocales que configuran un diálogo hacia la representación, tanto de sí mismo como del otro. Para poder acceder al nivel dinámico del funcionamiento inconsciente, necesitamos apoyarnos en una teoría psicoanalítica del cuerpo.Desde otro lugar, Piera Aulagnier hablará de la función materna, como responsable de la tramitación de las necesidades del eros y del desprendimiento de las toxicidades. Es el bebé quien autoengendra, y crea el pecho materno. Y así como el cuerpo crece, el psiquismo se produce.

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Cuando no puede hacerse esa importantísima función , queda la ausencia representacional en el adulto, como marca del vacío. Si no puede ser representado ese cuerpo portador de todos los afectos que vamos vivenciando, nos queda solo un soma, mas allá de lo psíquico.
El cuerpo lenguaje habla así a través de las imágenes inconscientes, mediadoras de la función simbólica. Es éste un diálogo donde los enigmas de los padres en relación con sus propios cuerpos, se transmiten al bebé a nivel inconsciente, quedando marcados en éste como primeras inscripciones no inteligibles.

De cómo resulten los primeros juegos, de cómo intervenga el cuerpo en ellos, resultarán también nuestras marcas, nuestras señales y el modo de funcionar en nosotros mismos. Así, el exceso de investimiento o su defecto, provocará violencia o inhibición en el cuerpo del niño. Toda violencia interrumpe la comunicación entre el niño y el adulto, proscribiendo registros que dejarán fallas y lagunas en las funciones del cuerpo erótico, interrumpiéndose así el proceso de subversión libidinal, como expresa Déjours en su teorización psicosomática sobre el cuerpo.

Cuando todavía no hay un yo que hable, es el cuerpo el que lo va a hacer, un cuerpo – lenguaje, un cuerpo psíquico, sexuado y hablante.
Como señala Beatriz Janín en sus trabajos, “el cuerpo está marcado por el deseo y la pulsión, condiciones necesarias para que el cuerpo devenga erógeno”. Pero puede ser marcado también por heridas, cicatrices y enfermedades.  La relación del cuerpo biológico y el cuerpo erógeno, se abre a la comprensión dinámica del padecer psíquico, a su comprensión, a su evolución, a su funcionamiento, pero como todo desarrollo en psicoanálisis abre dudas e incertidumbres, interrogantes cuya respuesta abre caminos a la investigación.

 

 

Carmen Monedero Mateo.

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2 pensamientos en “EL CUERPO EN EL ORIGEN DEL PSIQUISMO DEL BEBÉ

  1. Pingback: El cuerpo en el origen del psiquismo del bebé

  2. Gracias por el articulo y las citas a los autores, me ha ayudado a integrar diversas ideas dentro de una teorización determinada,
    Cuando conocí la relación entre Klein y su hija Melitta, quedé bastante impactada, precisamente en querer saber qué clase de madre fue ella
    saludos
    Susana Lugo

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