EL DRAMA DEL DESEO INCONSCIENTE EN HAMLET

La obra de Hamlet ha tenido multitud de interpretaciones y representaciones teatrales. Ninguna tan bien lograda como las realizadas por los propios actores ingleses, quienes tienen a gala como una cierta culminación de su éxito interpretativo el haber representado a este paradigmático personaje, o al menos a algunas de sus figuras secundarias de la obra. Lacan dice que según su propia experiencia es irrepresentable en francés. Y ello

porque no hay un solo verso de Hamlet, ni una réplica, que en inglés no tenga tal poder de choque, tal violencia de términos que a cada instante nos deja absolutamente estupefactos”

(pag. 285 del Seminario del Deseo y su interpretación. Paidós 2014).

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¿Podría responder esa violencia y choque de términos de la lengua anglosajona a lo implícito del drama que el autor escribió?. En la pieza de Hamlet se ponen en juego diferentes planos, y estos planos constituyen el marco en el que viene a situarse el deseo; es como una malla, red, en la que el deseo del hombre queda atrapado. En la obra ese deseo está articulado dentro de las coordenadas que Freud nos ha descubierto, o sea su relación con el Edipo y la Castración.

Shakespeare, plantea los términos de la dramática del deseo en Hamlet con una modificación importante respecto a la estructura clásica del Edipo. Desde el principio de la obra hay un elemento esencial que marca esa diferencia entre Hamlet y Edipo. Lo cual va a traer consecuencias para avanzar en la comprensión analítica de la trama del deseo en la obra, así como los efectos que ello puede producir en la clínica analítica. Edipo no sabe. El crimen edípico es cometido sin darse cuenta. Y solo en la medida que va sabiendo, llega a su castigo. En cambio en Hamlet el crimen edípico es sabido, por su víctima, el padre, que en forma de espectro, el ghost, se lo comunica a su hijo para que éste lleve a cabo la venganza. Edipo actúa porque no sabe; mejor dicho sin saber lo que le empuja a la acción. Hamlet, en cambio, aplaza la acción; la acción de la venganza; lo cual sorprende porque sabe a priori del crimen cometido contra el padre. Pero la dramática del conflicto en uno y otro caso se instaura sobre el desconocimiento del deseo para ambos. Parecería sencillo así planteadas las cosas, porque en el caso de Edipo este ha de averiguar lo que desconoce y que cuando lo conozca, de ello se derivará su castración. Y en el caso de Hamlet, que parece que sabe, tiene que fundar su saber sobre algo que no es tan evidente; sobre el objeto que elige, Ofelia, alejado/a de lo que Hamlet desconoce de si mismo, su deseo (inconsciente).

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Del Edipo a la castración y de la castración al Edipo se tejen estos vaivenes por medio de la fantasía. A Edipo estas fantasías en vaivén le llevan a la acción. A Hamlet, al aplazamiento de dicha acción. Pero en ambos casos, esa fantasía, ese fantasma es el eje o piedra de toque del deseo.

Nos surgen varias preguntas; ¿en qué consiste el deseo de Hamlet?, ¿cuáles son las mimbres de la trama que permiten acceder a ese deseo?. El punto de partida es que se trata de un buen drama del deseo, y que la cuestión a plantear es ¿qué quiere decir un deseo si no produce efectos o no tiene consecuencias? Veamos si algo no funciona en el deseo de Hamlet.

Situemos brevemente la trama de Hamlet a modo de recordatorio, en un doble plano.

Primer plano: Hamlet es príncipe de Dinamarca. Por hilvanar la trama, el padre de Hamlet había muerto, pero no de muerte natural y Hamlet sospechaba que había sido asesinado. Lo había sido de manera muy elegante, es decir, le habían metido un veneno por la oreja (referencia a envenenar por la oreja, malmetiendo). Aparece el Gost o espectro que literalmente ordena a Hamlet vengar su muerte. Y aquí efectivamente Hamlet tendría que actuar contra el asesino de su padre. Diríamos que tiene en su mano todos los sentimientos necesarios para actuar contra el asesino de su padre. En primer lugar ha sido desposeído, doblemente desposeído. Desposeído porque él sería el heredero de Dinamarca y en cambio, Claudio, su tío, es el que se ha colocado en su lugar (el marido de la madre); además tiene el sentimiento de usurpación, pues Hamlet era cosa querida de la madre y por tanto estaba incluido en el deseo materno hondamente. No solo la usurpación del reino, la desposesión del deseo materno, también la rivalidad, doble rivalidad, la rivalidad edípica con el padre reduplicada y aumentada en la rivalidad con el asesino del padre, y además la venganza. Y muchos más que se puedan pensar. Es decir que sentimientos tiene todos los necesarios para justificar el acuerdo y llevar a cabo el asesinato de Claudio. Y lo que vemos en la obra es que a pesar de tener todos los sentimientos necesarios para actuar, no actúa. Esta va a ser la trama de la obra casi hasta el final.

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Segundo plano: Hamlet había estado enamorado de Ofelia. Y Ofelia de Hamlet. Pero no era una relación bien vista por la familia de ella. Tanto Polonio, el padre, como el hermano, Laertes, desaconsejaban la relación. No ven con buenos ojos a Hamlet; hay dos motivos fundamentales; por un lado es un príncipe y los príncipes no se casan así como así con quien quieran, tienen que casarse con quien les manden. Al menos hasta épocas recientes. Por otro, lo consideran poco fiable por su manera de conducirse, sería el equivalente a decir: “este chico no está bien”. Ofelia no hace caso y se va con Hamlet. Pero hay dos conversaciones de Hamlet con Ofelia que sitúan la dramática del deseo de Hamlet; el punto común de ambas conversaciones es que en la primera Hamlet rechaza a Ofelia y en la segunda se añaden a este rechazo términos usados por Hamlet de manera soez y vulgar con clara referencia a una sexualidad femenina denigrada. Ofelia sufre por ello, se va al sauce a dar rienda a su dolor; la rama en la que se sostiene se quiebra y cae al agua y con ella Ofelia, que sumergida en el agua, muere ahogada en el riachuelo. Podríamos pensar en que se autoaniquiló?. Es algo ambiguo y daría para otro artículo acerca de las consecuencias del masoquismo femenino y el deseo en la mujer. .. lo que en estos momentos nos aleja del drama de Hamlet.

La continuación de la historia es que Laertes regresa de su viaje a Francia, y se encuentra con que Ofelia está muerta, y en el momento en el que el hermano se sitúa ante la tumba de Ofelia, es cuando Hamlet, (que antes de esto estaba metido en su conocido monólogo ser o no ser…etc) al oír voces y ruidos, se precipita a la tumba de Ofelia y ve que está muerta. Y ahí en cierto modo es donde se da cuenta de que Ofelia era el objeto de su deseo. La historia continúa, pero detengámonos en estos dos planos para aproximarnos a qué es lo que se va poniendo en juego acerca del deseo de Hamlet.

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Lo más sencillo de pensar, es que respecto al primer plano, Hamlet hubiera consumado la venganza que se le pedía por medio del fantasma, espectro o Ghost, (es a través de la fantasía como podemos acceder a algo del deseo inconsciente). Y también sería bien sencillo recurrir a que Hamlet estaba identificado con su tío Claudio y que entonces Claudio realizó el deseo de Hamlet, esto es, lo que Hamlet no se atrevió a hacer. Y ¿por qué no lo hizo al principio, por qué va aplazando la venganza si ésta es solicitada por un padre admirado por sobre todas las cosas? ¿por escrúpulos de conciencia?.

Freud dice: los escrúpulos de conciencia de Hamlet son la representación consciente de algo que se articula en el inconsciente”…Y entonces aquí es donde nos acercamos a que hay un problema para Hamlet respecto a su deseo.

Y para entender un poco más debemos aproximarnos al segundo plano de los dos que hemos señalado. Se trata de la relación con Ofelia. La relación de Hamlet con el personaje de Ofelia, va marcando la medida de la posición de Hamlet respecto a su deseo, que se va entretejiendo con las siguientes mimbres: Ofelia puede ser conscientemente un objeto apetecido por Hamlet pero se encuentra ¿con qué? con que lejos de seducirla y conquistarla, la denigra con su discurso soez y vulgar apartándola de sí. Y en ello vemos cómo Hamlet se sitúa en el drama, en tanto que el objeto femenino le produce un horror que nos hace pensar en lo que dice Freud acerca de la consideración de la feminidad por parte del varón:

Cuánto desprecio o hasta horror a la mujer y cuánta disposición a la homosexualidad se derivan del convencimiento definitivo de su carencia de pene”.

La carencia de pene es interpretada como una castración, surgiendo entonces en el niño el temor a la posibilidad de una mutilación análoga… para estimar exactamente la importancia del complejo de castración, es necesario atender al hecho de su emergencia en la fase de la primacía del falo ” (véase “En la organización genital infantil” 1923. Ballesteros. Tomo III. Pag 2699). ¿Es este horror a la condición femenina lo que lo sitúa en el drama de su deseo? ¿Y de ahí su desprecio a Ofelia? Se puede pensar en que de todos modos esto contradice el hecho de que Ofelia puede ser conscientemente un objeto apetecido por Hamlet, pero no deseado. ¿Y qué?….¿ Adónde nos conduce pensar así, adónde nos lleva? Sí, sí, podríamos decir, lo deseado es despreciado (inconscientemente por supuesto). Pero nos resulta insuficiente porque seguimos como estábamos en cuestión del deseo de Hamlet.

Continuemos pues con la reacción de Hamlet al ver a Ofelia muerta. Verla muerta no es suficiente para que se produzca el sentimiento de pérdida ( y duelo consiguiente) en Hamlet. Es necesario, algo más, que se de cuenta. ¿Pero de qué se tiene que dar cuenta? De que ya no está. Pero ¿qué quiere decir que ya no está?  Que Ofelia  -objeto-, se ha velado, ya no es, y esta percepción de veladura (o desaparición del objeto) es precisamente lo que permite el surgimiento del deseo. Y es entonces cuando se da cuenta de que Ofelia era objeto de su deseo. Antes había rebajado en Ofelia la dimensión femenina que la madre ha encarnado para él durante todo este tiempo. Está rebajando a la madre, pero es a Ofelia a quien se lo dirige. Por eso la ha rechazado como objeto de su deseo.

Era necesaria una vuelta de tuerca para que pudiera surgir o ser desvelado el deseo en Hamlet. Y esta vuelta de tuerca tiene que ver con la caída del objeto. El objeto Ofelia ya no está. Y si antes en Hamlet su deseo estaba bien lejos de poder pagar pasando a la acción del amor y del deseo con Ofelia, ahora a través de su falta, de su pérdida (por la muerte de Ofelia, surge la castración de Hamlelt) es cuando podrá seguir los designios de su deseo.

Y aquí podemos acercarnos un poco más a entender por qué Hamlet aplaza la acción. ¿Qué significado tiene el acto que se le propone? El cometido es esencialmente conflictivo en sí mismo. Por varias razones. Diríamos que no es el de consumar la revuelta contra el padre como le ocurre a Edipo. Edipo es un héroe mientras no sabe nada. Hamlet en cambio sabe que es culpable de ser, y su drama edípico se abre al principio, no al final, y por eso se siente culpable de ser.

Su dilema de “ser o no ser”, es porque o bien averigua lo que el desea o sino queda capturado en el deseo del padre que pide la venganza, pero que además fue sorprendido por la muerte en la flor de sus pecados.

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No es de extrañar que Hamlet se resista a vengar el pecado del Otro que no fue pagado. ¿De ahí el aplazamiento?. Solamente cuando surge su castración puede acceder a la acción y por tanto a dar rienda a algo de su propio deseo. Pero su castración sobrevuela, no tanto sobre la encomienda del padre que pide venganza, sino sobre algo más que se oculta en esa venganza y que tiene que ver con el deseo de la madre. Esta que ha sido cómplice de la muerte del rey, no ha tardado ni dos meses en sustituirlo por el segundo rey. Y aquí se pone en evidencia que si Hamlet venga la muerte de su padre en la figura de Claudio, a la vez deja desposeída a la madre del objeto de su deseo, y como diríamos mataría dos pájaros de un tiro. Al matar a Claudio se venga de la madre, objeto de deseo del padre. La madre ha traicionado con su deseo, al padre (la madre tiene su propio deseo), pero también ha traicionado a Hamlet que inconscientemente desea a la madre pero no lo sabe. Pero si en gran parte de la obra sigue aplazando la venganza, es porque Hamlet sigue siendo cómplice del deseo de la madre sin saberlo.

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Muerte al padre. Traición e infidelidad de la madre. Deseo del padre y deseo de Hamlet, he aquí varios de los ingredientes por los que sobrevuela el drama hamleriano. Hamlet desconoce su deseo y solamente se desvela en un punto de la tragedia al darse cuenta de la muerte de Ofelia. Hamlet no sabe de su deseo, lo intuye a través de la muerte del padre, y de la venganza que este le solicita. Venganza que aplaza por estar confundida la suya con la del padre en su dramática edípica y hasta que no pueda encontrar ese punto de pérdida por si mismo, su castración, a través de la figura de Ofelia, no podrá seguir con los designios de su propio deseo.

Pero detengamos aquí la reflexión, porque la obra continúa y daría para un artículo que excede a las coordenadas de este blog.

 

María Soledad Fontecha Fresno

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