FANATISMO Y FAMILIA: EL SECUESTRO DE LA IDENTIDAD

Seguramente, el fanatismo es una de las mayores lacras que padecemos los seres humanos, desde los principios de nuestra historia. Sin embargo, actualmente la presencia de este tipo de “funcionamiento mental” en diferentes acontecimientos ocurridos en la sociedad, está al orden del día, poniendo en evidencia la necesidad de poder explicarnos las preguntas al porqué de este horror y de esta necesidad de abolir al que piensa y siente de forma diferente (sea cual sea su diferencia, política, religiosa, racial, social y sexual entre muchas otras).

La interpretacion de los Suenos-3

La actitud fanática, lejos de cómo suele pensarse, no extiende sus redes únicamente en las instituciones religiosas, las instituciones políticas, las deportivas o las científicas, espacios, por cierto, cuya forma oficial de poder, a veces, suele permitir su consolidación. El fanatismo como señalaré más adelante, también puede anidar al calor del hogar, “cociéndose” sus ingredientes a un fuego lento que alimenta y asegura casi diríamos al 100% toda la maquinaria intelectual, comportamental y afectiva que conllevan las personalidades fanáticas.


Sigmund Freud, ya enunció que el fanatismo es un mecanismo de defensa ante la infelicidad y la inseguridad emocional personal. De hecho, esta inseguridad muchas veces puede llevar a exigir a los otros cambios que uno mismo no puede hacer.

Como dice Amos Oz en su libro “Contra el fanatismo” la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. Dice literalmente este escritor: “muy a menudo todo comienza en la familia.

contra-el-fanatismo

El fanatismo comienza en casa. Precisamente por la urgencia tan común de cambiar a un ser querido por su propio bien

…Comienza por la urgencia de decirle a un hijo: tienes que hacerte como yo, no como tu madre, o tienes que hacerte como yo, no como tu padre o por favor, se muy diferente de ambos”.

Es casi inevitable pensar, que las resonancias que dejan estas palabras, nos llevan a imaginar cual podría ser el destino de un hijo que ha de desarrollarse como un ser humano que ha tenido que renunciar, a veces a partes pero a menudo, a la “totalidad” de su forma de ver y sentirse en el mundo.
Leyendo el libro “Identidades Asesinas” del gran escritor libanés, Amin Maalouf, me encontré con una frase que capturó inmediatamente mi atención y que es la siguiente:

… Nadie tiene el monopolio del fanatismo, y a la inversa, nadie tiene tampoco el monopolio de lo humano…” Efectivamente, este “Nadie tiene el monopolio de lo humano”, entra directamente en contacto con la idea central del fanatismo “larvado al fuego del hogar”.

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Para poder entender el origen de la inoculación del funcionamiento mental fanático a través del vínculo familiar, con uno de los referentes parentales (naturalmente puede ser la madre o el padre u otra persona que tenga que hacerse cargo del niño), es importante saber que el mecanismo fundamental que se pone en juego es la Identificación. De hecho, tras el fanatismo, lo que indefectiblemente se esconde casi siempre, son los déficits de identidad. Para que el niño, devenga futuro ser humano, adulto y maduro, es necesario que la llamada identidad pueda asentarse de una forma “suficientemente” sólida en la personalidad.
Este hecho, el desarrollo de todo un proceso de identidad, puede verse seriamente perturbado, precisamente por la inoculación, no sólo de sentimientos fanáticos, sino de un particular modo de funcionamiento mental que podemos denominar funcionamiento mental fanático. Son “características-ingredientes” fundamentales de este funcionamiento: el autoritarismo, el maniqueísmo, la intransigencia, el dogmatismo, la discriminación, la obsesión y el reduccionismo entre otros.
La identificación tal como la entendemos los psicoanalistas, es un proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad, pues, se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones. Esta identificación, aúna toda una serie de conceptos psicológicos como la imitación, la empatía, la simpatía, el contagio mental y la proyección entre otros.
Esta identificación, en los inicios de la vida humana, se denomina identificación primaria y son los primeros momentos de relación con el otro significativo. En esta relación, no ocurre únicamente que el bebé se identifica con la madre, sino que también lo hace con la función que esta le transmite, la que llamamos función materna.
Cuando esta función se desarrolla suficientemente bien, será protectora, cuidadora, nutricia y potenciadora de una futura autonomía del niño y por lo tanto favorecedora de una identidad propia de éste.  Pero, si por el contrario, esta acción no se desarrolla de una forma satisfactoria, sino que está basada en una construcción psíquica deficitaria o perturbada del referente parental, podemos encontrarnos con la futura patología y por ende, con la creación del vínculo familiar fanático.

En este último caso, el bebé puede recibir todos los sentimientos intolerables de la madre, sentimientos de odio, de angustia, pero sobre todo de ira y de rabia, muy característicos del fanatismo.

Dada la prematuridad de la mente en esos momentos de la vida, el niño se verá sometido a una intrusión devastadora, sin poderlo asimilar, sino únicamente sentir. Podríamos decir que todas esas proyecciones cargadas de omnipotencia, son comunicadas al niño como una mera descarga “aleccionadora” de odio y prepotencia. Así, debido al fuerte y violento carácter de esa intrusión materna, la posibilidad de una primera identificación suficientemente estable queda arrasada y prácticamente secuestrada.

Separación

Las terribles necesidades emocionales que a veces resultan irreconocibles a muchos referentes parentales, son así, cubiertas para poder alimentar ese gran vacío de identidad que pueden tener estas personas.

Una de las cosas más increíbles de esta vinculación mental fanática, y de muchas otras, es que se va a ir transmitiendo transgeneracionalmente. Es decir, esta forma de funcionar y entender el estar en el mundo se va a ir propagando de generación en generación, de abuelos a padres, de padres a hijos y de estos a los suyos, quedando la realidad de este funcionamiento totalmente negada y por lo tanto sin tener un acceso a lo consciente. Justo de ahí, resulta la importancia de que estos mecanismos y estas formas patológicas de relacionarse con el otro (donde como en el fanatismo, el otro no puede ser visto como un ser humano libre que piensa y siente diferente) puedan ser abordadas y entendidas emocionalmente.
Así el tratamiento psicoanalítico, en sus distintas modalidades, puede ofrecer luz y permitir un abordaje suficientemente profundo, riguroso y eficaz, que la alta complejidad de este funcionamiento fanático requiere.

Ana María Martín Solar

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