ADOLESCENTES, EMIGRANTES Y REFUGIADOS

Las noticias sobre la cantidad de familias sirias que están tratando de entrar en Alemania ha conmocionado y pillado por sorpresa a la población mundial. Muchos de ellos son adolescentes, en los que su familia de origen ha confiado como si pudieran comportarse como adultos.

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Un informe mexicano del año 2013 ya exponía que “cada vez más niñas y adolescentes emigran de países pobres…buscan empleo o huyen de la guerra y la violencia”. Dada la falta de oportunidades en sus lugares rurales de origen, “quieren trabajar, aprender, adquirir habilidades y recursos”. También huyen a veces de los matrimonios tempranos, o movidos por la muerte del familiar que les cuidaba. Buscan la independencia económica o madurar en sus vidas.

Como está ocurriendo ahora en Europa, viajan a veces sin el apoyo de sus familias, están expuestos a agresiones y tratan con personas desconocidas. Aun yendo con sus familias son vulnerables a robos, maltratos o violaciones, o a caer en redes de tratas de personas. Trabajan en restaurantes o labores domésticas, pero urgen acciones específicas con estos adolescentes emigrantes y refugiados por parte de organizaciones del tipo de las ONG.
Save the Children se ha preocupado por estas situaciones. Al tomar la decisión de emigrar, muchos padres optan por dejar inicialmente a sus hijos en sus países de origen. También el comité español de UNICEF se ocupa de los menores de 18 años en relación con quién les acompaña. El mismo Papa actual acaba de dirigirse a los mexicanos residentes en E.E.U.U. para apoyarles respecto de los conflictos con sus tradiciones y aquello que aportan en países que han olvidado que ellos mismos se originaron como lugares de aluvión, donde los jóvenes se dirigían esperanzados como está ocurriendo ahora en la travesía incierta de Europa desde Oriente Medio.

El psicoanálisis nos ha enseñado, de una forma vivencial y no teórica, la parte oscura de la vida humana, las angustias y temores, las lágrimas que secretamente derramamos la mayoría de nosotros en las situaciones difíciles de nuestras vidas, una de las cuales suele ser todo un proceso de migración. La adolescencia es, por su propia naturaleza, una de las migraciones que todos realizamos, desde el calor de la infancia en el hogar de nuestros padres hasta la constitución lenta de un espacio propio, una transición en la vida que nos lleve a poder funcionar de una forma algo más adulta.

Los jóvenes que llegan a un nuevo país, buscando por sí mismos organizar otra vida, o bien arrastrados por su familia, atraviesan unos estados parecidos a los descritos por Cervantes en dos novelas ejemplares protagonizados por personas similares: “Rinconete y Cortadillo”, o Ciprión y Berganza en “El coloquio de los perros”.

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La ciencia psicoanalítica puede compararse a la multiculturalidad de los adolescentes de los que nos estamos ocupando. Además de recoger los colores específicos de cada país, ofrece una teoría clínica y una visión del mundo unificadas y con las que es posible escuchar y comprender a los jóvenes y las familias de distintos lugares del planeta, tanto si han emprendido una migración de mejora social o económica, como si ha de atender a individuos refugiados que traen consigo situaciones traumáticas que son difíciles de elaborar.

Con lo hasta ahora expuesto quiero indicar que muchos de los que nos hemos ocupado de los adolescentes emigrantes no podemos olvidar, y de ello partimos, que hemos llegado a las consultas con un bagaje de migraciones, que unas veces son claramente geográficas, en tanto que en otras ocasiones ha consistido en un largo viaje por la infancia y la adolescencia propias, por los procesos necesarios de migración madurativa a partir de unas familias que no siempre nos han parecido las óptimas, que hemos sentido dolor, culpa y angustia, es decir, unos estados afectivos que si los aprovechamos nos pueden ser bien útiles para empatizar con los adolescentes latinoamericanos, norteafricanos y centroeuropeos que vamos a exponer como ejemplos.
Durante unos años de mi actividad como psicoanalista de niños y adolescentes en la asistencia pública, me llamaron poderosamente la atención aquellas consultas con muchachos y muchachas procedentes de países latinoamericanos como Ecuador. Al Centro de Salud Mental de Villaverde donde yo trabajaba en estos años, entre 2009 y 2013, fui observando que era posible realizar con ellos algún tipo de actividad psicoterápica, la cual me llevaba a repasar los conceptos básicos de la técnica psicoanalítica: los motivos psicopatológicos de consulta, el abordaje mediante dibujos y juegos, el uso de las nuevas tecnologías que los propios muchachos me enseñaban, los juegos de ordenador y la música que se descargaban…
A través de esa forma técnica especial de escucha estos adolescentes extranjeros me introducían en el conflicto entre su país de origen y nuestra tierra, a la que habían acudido. Las familias les acompañaban muchas veces sin resolver sus propios problemas. La transferencia y la contratransferencia, sus resistencias y mis ensayos interpretativos, fueron así perfilando algún tipo de elaboración psíquica que no se apartaba básicamente de la técnica psicoanalítica, a pesar de las peculiaridades de dicho encuadre. Algo pudimos hacer, siempre y cuando ampliáramos nuestra comprensión hasta abarcar la multiculturalidad existente y sin olvidar los procesos desplegados en el curso de la adolescencia.
A mi consulta fueron entrando muchos latinoamericanos, pero también jóvenes procedentes del este de Europa y del Norte de Africa. Trazaban un mapa geográfico donde, las peculiaridades culturales en su familia de origen, no empañaban la universalidad de esa segunda oportunidad de trabajo psíquico y de avance en los procesos de separación e individuación que son comunes a la etapa adolescente de la vida.
Para centrarnos en la bibliografía psicoanalítica, el estudio de León y Rebeca Grinberg sobre la migración y el exilio sorprendió en su momento por su originalidad, y ha sido traducido a las principales lenguas del mundo. Cuando lo publicaron en Madrid y en el seno de la APM, dichos autores habían sorteado una situación dictatorial en Argentina. Confiesan hablar de primera mano sobre el tema, y comprenden mejor así a ese tipo de pacientes. Acabaron sus días con otra migración a Barcelona por motivos familiares, de enfermedad y por su envejecimiento. Sus ideas sobre la migración como un viaje con etapas, sobre una relación objetal, y sobre los tres vínculos (espacial, temporal y social) que conforman la identidad, especialmente en la adolescencia, son muy provechosas y recomendables para entender a los pacientes adolescentes inmigrantes.
Menos conocido en España es el psicoanalista de Filadelfia Salman Akhtar, quien aprovecha las ideas de los Grinberg y las relaciona con su origen hindú. La identidad y la aculturación son dos de sus temas favoritos en relación con las migraciones. Ha sido además el editor de un número de la revista American Journal of PsychoAnalysis consagrado a la emigración. Uno de sus capítulos se consagra específicamente a los adolescentes, y en él la teoría de Margaret Mahler sobre los procesos de separación e individuación tiene una aplicación muy beneficiosa.

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En la asistencia pública francesa se han usado también las características especiales de los jóvenes emigrantes que, especialmente de origen norteafricano, pueblan los alrededores de ciudades como París. En una conferencia en el Departamento de niños y adolescentes de la APM se presentaron filmaciones sobre el objetivo básico en la tarea con estos jóvenes: la reconstrucción de la relación básica entre el niño pequeño y su joven madre que fue sesgada y maltratada desde sus orígenes. Los mayores desviaban su atención a los traumas, desarreglos e incompletudes familiares que ocupaban principalmente su vida adulta.
Quiero destacar finalmente los trabajos de una psicoanalista de origen peruano, miembro destacado de la APM y del movimiento psicoanalítico europeo. Ha escrito tres trabajos de relacionados con nuestro tema: 1) El problema de la lengua materna y el espacio transicional, 2) la formación de la identidad, y 3) las relaciones entre la multiculturalidad y las migraciones. Esta colega tiene muy presentes las exigencias migratorias tanto por motivos personales, como por su valor evolutivo y formativo.
Terminaré resumiendo tres pacientes, procedentes de diversas áreas geográficas, de entre las muchas familias inmigrantes con las que tuve la oportunidad de aprender sobre estos temas.
A ISABEL, una joven mulata dominicana de quince años, la trajeron a mi consulta porque desaparecía de clase. Ante mí, entraba en un llamativo mutismo, que parecía ser el doloroso efecto en ella de la incomprensión de su padre, un albañil cuya principal actividad era el juego al dominó. Acude con un hermanito de dos años al que cuida en casa, donde ella discute con su madre porque tiene un novio que además no se dedica a nada. A pesar del mutismo, Isabel acepta volver a verme, probablemente por mi actitud de atención paciente, merced a la cual vamos aclarando las relaciones intrafamiliares multiculturales que probablemente desencadenaron el mutismo.
Medio año después, las fugas escolares de Isabel se repiten, y el novio la encuentra paralizada en un rincón del parque. Parece nuevamente disociada, reprimiendo con un “no sé” cualquiera de mis indagaciones sobre lo sucedido, a pesar de la evidente violencia hacia el mundo adulto que en general transmitía.
Menos mal que el inmediato viaje familiar de vacaciones a su país, les sienta bien a todos. Es luego cuando Isabel comienza a hablar llorando del estado depresivo en que ha estado sumida desde hace años por la actitud de su padre, muy querido por ella cuando era pequeña. Reanuda sus estudios en nuestro país con éxito y se siente mejor. Me dice que ella nunca le ha hablado de esas cosas de su vida íntima ni a su novio, y me pregunta que si no estoy cansado de haberla aguantado tan callada en los primeros momentos.
La madre se ha tranquilizado con el pequeño cambio de actitud de Isabel. El padre, si bien sigue en paro, la acompaña a alguna consulta para explicar que él es quien necesita portarse mejor, y que ha cambiado positivamente la actitud hacia su hija en vista de la mejoría en los estudios. La familia vive en la pobreza y al padre le preocupa finalmente la posible debilidad mental del siguiente hermano de Isabel, quien vivió más abandonado en su país de origen. Me pide que también le vea, por lo que en España han calificado de déficit de atención.
Mis últimas noticias son las de que Isabel consigue volver a la República Dominicana para iniciar allí los estudios universitarios que había elegido. Un nuevo novio trabaja allí en un locutorio. La necesidad de sentirse querida, así como su miedo global al rechazo, han sido los temas dominantes en las últimas entrevistas con ella. La migración familiar y las diferencias entre ambos países resultaron aquí temas secundarios.
PABLO es un muchacho polaco de quince años y de gran tamaño, que se siente muy unido positivamente a mí. Ataca a su madre de palabra, y dice que sueña el día antes con todo lo que le va a ocurrir, dentro de una forma omnipotente de pensamiento. Dibuja una casa más bien cerrada, probablemente como él se vive a sí mismo. En una segunda consulta es visto mejor por su madre, quien ha dejado de darle el fármaco antipsicótico que quiso que se le administrara. Pablo está triste, y me dice que llora porque cree que, los abuelos con los que se crió en Gdansk, tardan en llegar a España según habían prometido visitarle. Llama la atención de la gente por su rostro algo malformado, aunque a mí me aprecia mucho porque se siente comprendido por mí y puede explayarse sobre su ambiente natal.
Un mes después consigo que organice y exprese su psicosis en la relación establecida en la consulta. La madre está presente, e ignoraba que, cuando su hijo habla solo, está delirando. En dicho delirio, los padres se quitan la ropa y él se ha quedado sin familia. Después entra en el hospital con la novia, que para él coincide con su cuidadora. También se desnudan y después se visten. Pienso que sale del autismo psicótico gracias a una relación empática conmigo, y, asimismo, porque Pablo viene decidido a que hablemos, tal como le insinuó previamente a su psiquiatra de referencia. La función de descarga evacuativa de muchas psicoterapias da paso a nuevos pensamientos.
A la semana siguiente está más tranquilo gracias a la combinación del psicofármaco con la psicoterapia. Resulta que el delirio de la anterior consulta se ha transformado, y me parece un progreso, en un sueño donde Juanita, la cuidadora, se iba del hospital para desnudarse con varios hombres con los que luego se acuesta, entre besos y abrazos. Todavía hay cosas que Pablo no quiere contar hasta las siguientes consultas. Me quiere convencer de que la palabra “Cultura” ha de escribirse con K, como en su país, y comienza a explicar al personal sanitario del centro las aventuras eróticas de su cuidadora.
Los profesores le encuentran más tranquilo a partir de entonces. Su delirio sobre que Juanita se sigue acostando con dos hombres me lo guarda para mí porque empieza a no estar seguro sobre lo que le ocurrió en su país. Hasta prefiere dejarlo, porque teme cansarme y hasta que me duerma según va desgastando dicha historia. Es posible, pienso, que haya pasado a un segundo plano el delirio, ahora no encubierto, y que confía en la relación transferencial conmigo y con otras personas de su país de destino.
MOHAMED es un joven marroquí de 16 años que llega hablando de su conflicto con el padre que lee ataca; pero la gente le insultan por “plumas”, mientras que él sólo tiene como paranoico a un hombre mayor que por la calle le persigue, pero no se atreve a pensar en una muchacha que le guste. Viéndole al entrar en la consulta, verdaderamente parece algo amanerado. Le interpreto su probable conflicto interno con el padre que le persigue. Como indicador principal de la consulta le relaciono el sueño con ese señor que le persigue con las discusiones con su padre. Este adolescente ha llegado de Casablanca después de unos años en que se había criado abandonado por el padre, que ya estaba trabajando en España. Mohamed suspende la ESO, a pesar de estar repitiendo curso, y parece tener toda su identidad en el aire.
Es difícil resumir sobre este tema de los adolescentes emigrantes y refugiados, por cuanto que es algo que, si nos lo tomamos en serio, nos conecta con los duros procesos de migración que todos vamos teniendo a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo, el psicoanálisis es una herramienta necesaria para aceptar la universalidad del desarrollo humano, independientemente de nuestro país de origen y de los destinos que se van sucediendo, para los que no es excusa el nacionalismo, la xenofobia o el racismo, más allá de la vida pulsional y relacional que subyace en esas actitudes, unas veces fanáticas y otras acogedoras.
FRANCISCO MARTI FELIPO

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