LOS SUEÑOS EN EL DIARIO DE ANNA FRANK

Rosa, de 14 años y la hija de unos amigos, me preguntó este verano qué tal me parecía como lectura el para ella también famoso “Diario de Anna Frank”. Con sus padres había visitado en Amsterdam la casa-museo que le había impresionado por su austeridad y sencillez, pudiendo imaginarse fácilmente los meses que allí permaneció sin salir esa joven, en un reducto donde forzosamente tenía el camino de despliegue posible de sus fantasías.

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Cuando fuimos juntos a la librería Rosa y yo, nos encontramos con dos versiones de dicho diario adolescente, quizás el más leído en todo el mundo durante las últimas décadas. Nuestra sorpresa no consistió sólo en la confirmación del horror del terror nazi, sino que la edición más reciente era la no expurgada por el padre de Ana, quien había censurado algunos comentarios críticos respecto de su madre y otras fantasías erótica de su hija.

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