EL DESARROLLO DE LA ADOLESCENCIA

El pasado 14 de Marzo se celebró en la sede de la APM un homenaje a Eglé M. Laufer, autoridad mundial en el abordaje y tratamiento de trastornos del adolescente.

Eglé M. Laufer, psicoanalista, docente de la Sociedad Psicoanalítica Británica, junto al que fue su marido, Mosés están considerados pioneros del enfoque psicoanalítico de adolescentes.

Su libro, en la actualidad un clásico, “Adolescencia y Desarrollo”, ha sido traducido a muchas lenguas y resume algunas de sus tesis más importantes en el campo del psicoanálisis de la adolescencia exponiendo con profundidad, intuición clínica y riqueza los casos clínicos tratados.

Los Laufer consideran la pubertad, el inicio de un proceso de experimentación e integración del cuerpo sexuado, pieza clave del desarrollo psicológico. La intervención psicoanalítica es pues específica en este período de la vida.

La forma en que se incorpora  la pubertad al psiquismo reactiva los “conflictos y ansiedades en un contexto nuevo y peligroso”.

Este proceso puede ser especialmente difícil para algunos  adolescentes, que pueden rechazarlo todo porque lo viven como una situación de pasivo sometimiento a las necesidades de éste cuerpo y sus necesidades,  o bien a las de sus padres.

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ADOLFO SUÁREZ

Figura histórica, providencial e irrepetible para España al igual que lo fuera Mandela para Sudáfrica. Ambos ocuparon enclaves de poder singulares y excepcionales desde donde era posible transformar el sistema político y social tanto hacia la construcción como hacia la destrucción; desde una actitud de dejar hacer, a otra, de coger el toro por los cuernos.

Su visión, estrategia, gestión y legado son lo real y verdaderamente constituyentes, pues han generado un estado de relaciones humanas inédito entre los distintos actores pues han sido capaces de ordenar e integrar un sistema social y político desarticulado, obsoleto, primitivo, rígido y caótico conviertiéndolo en otro articulado, moderno, actualizado, flexible y ordenado. Sin ese necesario consenso emocional y humano nada habría sido posible por mucho que los legisladores hubieran escrito los más depurados textos constitucionales.

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En sentido opuesto, un ejemplo  es la oportunidad perdida tras la Constitución liberal de las Cortes de Cádiz de 1812; auténticamente moderna para su tiempo, inspiradora de muchas otras constituciones modernizadoras, tanto en Latinoamerica  como en Europa. ( Lamentablemente frustrada en España por Fernando VII y su sometimiento a Napoleón).

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SER PSIQUIATRA

Hubo un tiempo –y no han pasado tantos años- en que el deseo de ser psiquiatra suponía ante todo tener una vocación de escucha una pasión por comprender los recovecos del arduo camino vital y por acompañar a otro ser humano a corregir un rumbo tal vez, o quizás a afrontarlo por vez primera.

Existió ese momento en el cual, cada vocación de psiquiatra suponía un compromiso personal de ser previamente observado y analizado, para comprenderse primero a sí mismo y no confundir las propias dificultades con las de los pacientes. Ese momento tuvo también el riesgo de acabar en un suicidio profesional,  muriendo todos de éxito por demasiadas seguridades…

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Luego…más tarde, fue el tiempo de los nuevos fármacos, prometiendo curaciones casi milagrosas y también el momento de las psicoterapias rápidas, supuestamente capaces de modificar conductas sin preguntarse nada sobre los orígenes de cada comportamiento. Los consultorios se saturaron de demandas.

Pero el tiempo humano es pendular…

Cada momento de certezas y promesas ilusorias viene precedido de uno anterior (de glorias derrumbadas) y aboca a un nuevo tiempo, con otra absurda promesa de felicidad sin fin… se diría que estamos destinados a repetir, sin poder aprender. Sin embargo, a pesar de nuestra torpeza para comprender lo que resulta doloroso en el camino, algo sí va modificándose gradualmente.

Ya hemos comprobado que nuestro mundo interno es demasiado complejo como para «resolverlo» por vías rápidas. También estamos sufriendo en nuestras propias carnes los efectos de todos esos medicamentos maravillosos, que, mal usados,  pueden dejarnos paralizados, enajenados y estupidizados…

Tal vez podamos aprender, a partir de ahora, a recuperar el tiempo de una escucha calmada y honesta, sin absurdas promesas de curaciones imposibles, pero capaz de acompañar de verdad al sufrimiento humano. Una escucha dispuesta a permanecer humilde y a utilizar bien todos los recursos disponibles –fármacos incluidos- cuando resulten necesarios.

Quizá, en este nuestro tiempo humano hasta ahora inevitablemente pendular, estemos aprendiendo al fin ¡con muchísimo dolor! de tantas decepciones y comencemos a tolerar las diferencias, sin tener que ir siempre de un extremo al otro y aceptando de una vez por todas la realización de múltiples cambios  (preferiblemente discretos) y cuantas correcciones sean útiles y necesarias, pero asumiendo de verdad, entre todos, las limitaciones inevitables.

Serían signos muy fiables de una verdadera maduración colectiva histórica.

José Maria Erroteta