DIA INTERNACIONAL DE LA DISCAPACIDAD: VIVIR CON DISCAPACIDAD

A partir de la tormenta emocional que supone la evidencia de que la vida nunca  será igual que antes debido a la pérdida de la movilidad, de la vista, de la audición o de que el bebé recién nacido se verá afectado por diversas deficiencias, el individuo y su familia se enfrentan a la necesidad  de redefinir la existencia de una forma enteramente nueva, de saber sobre la índole de lo sucedido, de cómo enfrentar el dolor de la pérdida  y de cómo minimizar el efecto potencialmente invalidante en todas las formas posibles.

Se abre así una lucha sin tregua en multitud de ámbitos, el primero de los cuales es la propia designación de sí mismo y de la nueva situación.

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Por eso la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad subraya en 2006 justamente que se trata de personas con discapacidad, no de discapacitados, es decir enfatiza el aspecto positivo de ser una persona entre personas con quien se comparten todos los ámbitos de la existencia.

Una de las primeras tareas  será pues  cambiar la designación negativa de discapacitado, de no enfatizar aquello que falta, estigmatiza y margina, instalándole en la diferencia y  el conformismo, sino de luchar por sostener, permanecer y participar en todo aquello que resulte posible y le haga igual entre iguales .

Lo que  el psicoanálisis  denomina metafóricamente castración debe ser entonces elaborado como todo ser humano  debiera hacerlo, sabiendo que es una etapa indispensable para edificar y adquirir posteriormente sobre terreno firme las bases de la propia potencia vital.

El equilibrio psíquico requiere así de lo que  Green denomina “el trabajo de lo negativo”, que pasa por el reconocimiento de lo  que se tiene, de lo que no se tiene, de lo que jamás se podrá tener y de lo que se podría llegar a tener con trabajo y esfuerzo.

La tarea de la persona discapacitada y de sus seres queridos transcurre así por éste duro trabajo de duelo por las cosas perdidas, pero también por la oferta de apoyo en momentos de flaqueza y por la estimulante, heroica y creativa tarea de  búsqueda de nuevas y sustitutivas oportunidades que esperan a que alguien las descubra y luche por ellas.

La constatación del amor y el coraje de los suyos después de la pérdida irreparable resulta así el mayor estímulo para no dejarse derrotar, para luchar hasta conseguir las mejores condiciones posibles en la existencia.

La inquebrantable decisión de sobrevivir, sobreponerse y seguir luchando es lo que ha permitido que personas con discapacidad como Miguel Ángel, Beethoven, Goya, Braille, Edison, Joaquín Rodrigo, Ray Charles o Roosevelt  nos hayan transmitido en su obra el legado de  su lucha.

Pedro Gil Corbacho.