ACERCA DE ROBIN WILLIAMS

Las cenizas de Robin Williams descansan desde hace unos días en la Bahía de San Francisco. Su reciente suicidio está desplegando en la opinión pública algunas reacciones sorprendentes y otras, quizá, no tanto.

Es trágico que una persona que atraviesa un episodio depresivo grave, decida suicidarse a pesar de ser un destacadísimo actor con una carrera sumamente exitosa que le había hecho ganar un Óscar, varios Globos de Oro y había tenido una brillante trayectoria tanto en el cine como en la T.V. Padre de varios hijos, con un gran patrimonio personal y dotado de los amplísimos registros emocionales necesarios, para haber hecho reír y llorar a millones de espectadores, cometa un suicidio.

Sin embargo, por otro lado, no es sorprendente, pues las ideas de acabar con el sufrimiento depresivo por una vía drástica son un tanto frecuentes.

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Resulta a primera vista sorprendente el ciberacoso al que se vió sometida su hija a través de la publicación de pretendidas fotos suyas en la morgue, pero tampoco debieran sorprendernos estos rincones siniestros del psiquismo en los que se genera, anida, y emerge la envidia y la destrucción.

Según parece, Robin Williams estaba deprimido. Había tenido varios episodios depresivos anteriores y en más de una ocasión parece que abusó del alcohol y de otras sustancias. Sigue leyendo

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LOS SUEÑOS SEGÚN LEÓN GRINBERG

León Grinberg* dedicó toda su vida a la enseñanza y a la práctica del psicoanálisis, alcanzando una gran popularidad. Tanto en España, donde acabó residiendo, como en el mundo psicoanalítico internacional a través de libros tan originales como “Culpa y depresión” o “Psicoanálisis de la experiencia migratoria”. Respecto al tema onírico que nos ocupa, perfiló tres valiosas aportaciones con las que usar mejor los sueños durante los tratamientos.

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En primer lugar, Grinberg se fija en la cantidad de pacientes que le cuentan sueños de la víspera al llegar a la primera sesión de la semana. ¿Qué sentido tiene? ¿Será acaso una forma de expresar las vivencias sobre la separación del fin de semana? Tanto respecto de aquello que sienten que han dejado a medio analizar, como sobre lo que se figuran de loque hace su terapeuta durante esos días en que las sesiones quedan interrumpidas.

Así pues, estos “sueños del día lunes” (1960) indican cómo viven las personas las separaciones y las pérdidas, así como el descontrol y otras defensas con las que se las procuran arreglar. Las “rutinas” de la vida diaria se han abandonado temporalmente. Según la forma de ser de cada persona, el grado de ansiedad varía. Lo mismo ocurre con las fantasías que se nos ocurren y con las relaciones personales que sugieren los argumentos de nuestros sueños. En especial, si nos enfadamos y hasta odiamos, van a resultar sentimientos difíciles de encajar. A veces toma la forma de las relaciones sexuales entre una pareja, del abandono y hasta de la muerte.  Sigue leyendo

LA DISCAPACIDAD VISTA DESDE OTRO LUGAR

El gran avance que se ha dado en las últimas décadas en la atención de los discapacitados no debe hacernos olvidar que hay un aspecto desconocido relacionado con ellos de suma importancia, y del que no se habla. Me refiero a los sentimientos de los padres. Sentimientos variados y complejos en los que siempre está presente el sufrimiento; no es el único sentimiento pero siempre es muy intenso. Ser conscientes de este dolor y poder tratarlo debe ser una de las prioridades en la ayuda a los discapacitados. Supone una ayuda indirecta pero de enorme importancia pues afecta al entorno que les cuida. Ese dolor es un sentimiento, que debe ser reconocido porque si es negado las consecuencias para los padres, y en consecuencia para el hijo discapacitado, serán muy perniciosas.

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Ya en el embarazo los pensamientos de los padres sobre su futuro hijo siempre incluyen uno: ¿estará sano?. A veces, la discapacidad se descubre un tiempo después del nacimiento y el golpe emocional es mayor porque se daba por hecho que el hijo era normal. Así sucede también en los casos de niños que cuando son adoptados no presentan problemas aparentemente. Confrontados con el hecho de que el hijo es discapacitado, se inicia un complicado proceso en el mundo afectivo parental. Porque junto al amor, cariño, sacrificio y apoyo hacia ese hijo, pueden coexistir sentimientos de pena, culpa, desgracia, frustración, rabia, tristeza y depresión. Además de temores sobre su futuro: cómo se cubrirán sus necesidades tanto económicas como afectivas y quién le consolará cuando los padres no estén.

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