IDENTIDAD O SUBJETIVIDAD: EL PEQUEÑO NICOLÁS

Hace pocos días en Madrid un jóven apodado en los medios de comunicación el pequeño Nicolás, producía el asombro de cualquier ciudadano que hubiera accedido a alguna de las fuentes informativas disponibles, prensa, radio, o TV. Lo más llamativo es que debido a sus artimañas este joven había aparentado, tanto ante sus compañeros de universidad como en los circuitos sociales en los que se movía, ser alguien importante; se jactaba de llevar billetes de 500 €, gastaba en consumiciones – ante espectadores- hasta 2000 €, y cerraba operaciones en un chalet del Viso; además se procuraba un chófer porque no tenía carnet de conducir, y se invitaba a acontecimientos sociales de alto standing y de gente del poder político y económico. En términos morales se le calificaría de impostor. En términos psicológicos nos encontraríamos con un intento estudiado e intencionado de aparentar ser importante, para producir admiración, consideración y aceptación en un entorno que intenta conseguir como alcanzable. No se trataba de suplantar la identidad, aunque él mostraba ser alguien distinto del que en realidad era. Lo más curioso es que los de su alrededor picaron” y se creyeron su farsa.

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¿Qué puede producir este episodio cuando se descubre el engaño?. Emociones varias, sin duda. Pero sobre todo para los receptores, para aquellos ante quien se presentaba la farsa, seguro que se han sentido estafados; ante el engaño es inevitable que uno se sienta un poco tonto, algo devaluado, por haberse fiado sin pruebas, como a ciegas, de la puesta en escena. Sigue leyendo

LA AMISTAD

Posiblemente la amistad sea uno de los vínculos que mejor pueda representar la magnitud ética de las relaciones humanas.

Este “lazo” que en sus implicaciones más profundas, parece estar altamente devaluado en la actualidad, como tantos otros tipos de vínculos de “usar y tirar”, continua sin embargo, dando signos de gran satisfacción (y, a veces tristeza) entre los seres humanos que podemos gozar de su privilegio.

Desde luego, hay algo fundante que favorece el que dos futuros amigos lo sean y este caldo de cultivo es la libertad. Una de las grandes alegrías de la amistad, es quizás el que no viene impuesta, el que no supone unión por una obligación, lo que sería el compañerismo o los camaradas, sino que se elige libremente y sin reglamento que la regule.

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Pero también es bueno saber, que ese acto libre de la amistad únicamente podrá sostenerse en el tiempo gracias a la fuerza vital del deseo, con todos sus registros de afecto, ternura, cariño, atracción, eso sí, dentro de las propias peculiaridades de cada persona. Es precisamente aquí, es decir, en las diferencias (los tiempos, la intensidad, los ritmos…) entre como cada sujeto vive ese vínculo, lo que aún viene a engrandecer más la relación de amistad, donde se podrá aceptar la separación por lo diferente, sin que signifique ruptura. He aquí, la oportunidad para que la generosidad y la confianza se muestren como dos características básicas de la amistad.

Esta fuerza vital originaria, en el caso de la amistad y, tal como Sigmund Freud, en el segundo de sus artículos de enciclopedia “La teoría de la libido” (1923) la define, es de naturaleza sexual, aunque como señala, son “aspiraciones sexuales de meta inhibida”, es decir, que procediendo de una inclinación sexual, declinan su satisfacción y se conforman con una aproximación a la satisfacción, lo que justamente permite que ese lazo sea especialmente fijo y duradero.

Otro de los aspectos en los que se apoya la amistad es la identificación con el otro, con sus particulares dinámicas: por tener un proyecto en común, por el compartir experiencias vitales del pasado similares, o muy diferentes, o simplemente (nada más y nada menos) como dice el clarificador filósofo italiano Giorgio Agamben “por un compartir puramente existencial y, por así decir, sin objeto: la amistad como con-sentimiento del puro hecho de ser”. Sigue leyendo