LIDERAZGO LOGRADO DE NUESTROS DEPORTISTAS VERSUS LIDERAZGO FALLIDO DE NUESTROS POLÍTICOS.

Coincidió el penúltimo fin de semana la final de la Champions y las elecciones al Parlamento Europeo; lo que mostró algunas evidencias dignas de reflexión:

Para empezar, pudimos contemplar entonces, el extraordinario espectáculo de la final de la Champions, ofreciéndonos la imagen de las mejores cualidades que encarna el líder, como el sentido del honor, la estrategia elaborada, la lucha extenuante y tenaz, la asunción del riesgo, la resistencia ante el dolor, el espíritu de iniciativa, el respeto ante el adversario, el juego limpio y el espíritu de equipo.

Una enorme cantidad de ciudadanos gastó una apreciable cantidad de dinero y viajó a Lisboa para contemplar una final “histórica” que daba cuenta del extraordinario triunfo de ambos equipos. Compartían los unos la euforia por un triunfo, que consolida al Real Madrid como el equipo históricamente más grande, y los otros, la presencia de un Atlético de Madrid también en el podio de los grandes por su demostrada capacidad de competir y derrotar a equipos como el Chelsea o el Barcelona, al que gana la liga en el Camp Nou y haber estado a punto de hacerlo con el propio Real Madrid. Todo esto con un presupuesto sensiblemente inferior. A punto ha estado David de derrotar a Goliat. Por eso, más de once millones de espectadores vieron la final y sendas muchedumbres acudieron a los respectivos estadios para contemplar el partido o esperaron hasta el amanecer para esperarlos y vitorearlos. Los seguidores amaban, admiraban y confiaban en su equipo, jugadores y entrenadores.

Por su parte, Nadal se encumbra a base de esfuerzo y superación al primer puesto del ranking ATP de tenistas, gana o pierde, felicita al triunfador, reconoce sus aciertos o consuela al perdedor, explica sus fallos y responde sensatamente cuando se le pregunta. Maneja como puede sus dolores y sus lesiones, no se descontrola ni rompe raquetas encolerizadamente, asume los efectos de la tensión del juego, que se manifiesta en una colección de rituales y tics que descubren su lucha interna y los límites que tiene para dominarla.

 

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Nos ofrece también la lograda sublimación de la agresión, el espectáculo de la masa musculada del gran primate rugiendo, que muestra sudoroso el puño cerrado después de ganar trabajosamente un punto, transformando la cara de buen chico en la de un tipo realmente amenazador. No da un punto por perdido y lo pelea hasta que el límite físico o la lesión traumática pueden aparecer, mostrando así su pundonor. En ambos espectáculos lo que se ve parece ser verdad. Es difícil engañar. Sufren, luchan, ganan o pierden, chocan, muestran dolor, sufrimiento, alegría, tristeza, risa o llanto, esfuerzo y estrategia, muestran ser creíbles, próximos, ejemplares.

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ADOLFO SUÁREZ

Figura histórica, providencial e irrepetible para España al igual que lo fuera Mandela para Sudáfrica. Ambos ocuparon enclaves de poder singulares y excepcionales desde donde era posible transformar el sistema político y social tanto hacia la construcción como hacia la destrucción; desde una actitud de dejar hacer, a otra, de coger el toro por los cuernos.

Su visión, estrategia, gestión y legado son lo real y verdaderamente constituyentes, pues han generado un estado de relaciones humanas inédito entre los distintos actores pues han sido capaces de ordenar e integrar un sistema social y político desarticulado, obsoleto, primitivo, rígido y caótico conviertiéndolo en otro articulado, moderno, actualizado, flexible y ordenado. Sin ese necesario consenso emocional y humano nada habría sido posible por mucho que los legisladores hubieran escrito los más depurados textos constitucionales.

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En sentido opuesto, un ejemplo  es la oportunidad perdida tras la Constitución liberal de las Cortes de Cádiz de 1812; auténticamente moderna para su tiempo, inspiradora de muchas otras constituciones modernizadoras, tanto en Latinoamerica  como en Europa. ( Lamentablemente frustrada en España por Fernando VII y su sometimiento a Napoleón).

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ENFERMAR EN LA CRISIS: ¿ENFERMAR EN LA MENTE O ENFERMAR EN EL CUERPO?

El psiquismo humano se encarga de gestionar tanto de las tensiones internas (del cuerpo) como externas (la realidad). Para ello cuenta con dos recursos fundamentales; uno satisface directamente algunas necesidades, y el otro transforma la energía de las tensiones somáticas (del cuerpo) en necesidades psíquicas. La trasformación de una tensión del cuerpo, como la necesidad de alimento o sexo  a la mente tiene la ventaja de que se pospone la satisfacción para un momento más favorable para su realización.

En las situaciones ordinarias, una persona con un funcionamiento normal se las arregla mejor o peor para lograr un equilibrio. Sin embargo, las situaciones extraordinarias, como son las crisis de la vida, por ejemplo, debidas  la pérdida de un ser querido, o a una mala situación económica, provocan un aumento de la tensión interna, y una frustración externa, que ponen a prueba la capacidad de gestión de esas tensiones.

La persona entra en una situación de sobreesfuerzo, porque su funcionamiento mental tiene mucho más trabajo y con resultados más pobres. En la situación de crisis la gestión de las tensiones puede fracasar, lo  que le lleva a la persona a enfermar. Si la gestión fracasa pero consigue  mantener esas tensiones en forma de conflicto psíquico la persona enfermará en su mente, lo que habitualmente llamamos enfermedad mental, como la depresión. La segunda posibilidad es que las tensiones desborden la capacidad de gestión  mental y su consecuencia será que la tensión no se mantendrá en un registro mental, y la persona enfermará en el cuerpo. Conclusión: La crisis traen riesgos para la salud mental y física.

Que un individuo enferme en un nivel  físico o psíquico  dependerá de su capacidad de gestión, y del nivel  de la misma.

 

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Mikel  Zubiri