EL FALSO SELF Y EL GESTO ESPONTÁNEO

Durante uno de mis viajes, el ocasional compañero en mi vagón del tren se dedicó a ayudarme a recoger las pertenencias cuando ya nos acercábamos a mi lugar de destino. Me llamó la atención este “gesto espontáneo” del viajero, porque yo no le había pedido que lo hiciera. En el trayecto que nos quedaba, me explicó que se le había ocurrido en agradecimiento al alivio que había sentido conmigo según iniciábamos el viaje y me había ido contando lo que él sentía como “las penas” de su vida.

Ese hombre hacía eso a veces sin pensarlo mucho, pero que en él era algo sincero y auténtico. En sus años jóvenes le atraían los actores, por la capacidad que tenían de conseguir parecer lo que no son ante la gente entre los que se movían. Sin embargo, tenía el mal recuerdo infantil de que tenía que someterse a los dictados de su madre, y luego de los maestros que le tocaron en suerte.

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No tenía más remedio que adaptarse, desde sus primeras impresiones a las normas que imponían sus padres, que no sólo abarcaban todos los aspectos de la “politesse” o de la buena educación en la casa, sino que dictaban comportamientos para la vida extrafamiliar. Durante muchos años, y hasta que pudo encontrar un buen profesor que le escuchaba sin decirle lo que tenía que hacer, nuestro viajero no cayó en la cuenta de que sus auténticos deseos e impulsos “espontáneos” quedaban en la oscuridad y fuera de su conciencia.

Creo que “El Pequeño Nicolás” entra dentro del terreno de esos actores a los que nos estamos refiriendo. ¿A quién se está sometiendo con una conducta propia de un “Superman” mentiroso y destapador de embustes sociales? Según muchos comentaristas es difícil saber la verdad que esconden sus actos, como se desconoce gran parte de su corta vida anterior.

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Nuestro compañero viajero serían un ejemplo sencillo de lo que el pediatra y psicoanalista Winnicott describió como “falso self”, en oposición a la verdadera forma de ser de uno mismo, que entre otras cosas, se basa en el despliegue y recuperación de los “gestos espontáneos”. El enfoque que proponemos de “El Pequeño Nicolás” se asemeja mejor a las personalidades “as if”, a la gente que es “como si” desempeñaran un rol superficial con el que se están identificando.

Hay abundantes películas como “Tootsie”, “Mrs Doubtfire”, “Too Much”, “Victor, Victoria”, que basan una tragedia tras la comicidad del disfraz de una niñera, de pretender ser una mujer, de ser a la vez un hermano gemelo, de ser una drag-queen.“Zelig” es un hombre que busca la aceptación social mediante el desarrollo de la capacidad de imitar hechos y hábitos de las personas que le rodean. En España “Mi querida señorita”, o algunas películas de Berlanga, han tocado estos temas de las falsas identidades.“Cumbres Borrascosas” es una novela romántica que ha sido entendida en términos de la lucha del yo verdadero por romper la superposición de las convenciones sociales y familiares.

En los niños pequeños es natural que sientan que ellos y sus madres son una sola cosa. Lentamente van viendo que viven separados y que son personas diferenciables. No saben por qué no siempre hacen lo que quieren, y los papás les dicen a veces que “los niños no han de llorar”. Si arman mucho ruido en casa, su madre les manda callar porque el padre está trabajando y necesita silencio. Los niños entonces han de decidir entre hacer “cosas de los buenos chicos” y lo otro más propio de los “niños malos”. Portarse bien es una forma de conseguir ser queridos y aceptados por su valor en la opinión de los padres, esas grandes personas que hacían cualquier cosa, que lo podían y lo sabían todo. Se convierten en intérpretes de personajes que no coinciden con su ser auténtico. Se han puesto una armadura, el falso self, que les protege de los grandes disgustos, para que se les siga queriendo en su familia, o luego en la escuela.

Donald Winnicott apoyando el verdadero self del niño mediante la exploración conjunta de su juego.

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En 1964 Winnicott escribía en un borrador que: “Enseñamos a nuestros hijos pequeños a decir gracias”. En realidad les enseñamos a decir “gracias” por cortesía y no porque lo sientan. En otras palabras, les enseñamos buenos modales y esperamos que sean capaces de decir mentiras, esto es, de ajustarse a las convenciones en la medida necesaria para lograr que la vida sea manejable. Algo más allá están los que tendrán una vida difícil a causa de la necesidad en que se encuentran de establecer y restablecer la importancia del self verdadero en relación con todo lo que sea falso.

El falso self es una medida adaptativa, que puede existir en cualquier persona, con la que se somete a la intrusión ambiental, mientras que el verdadero self es una suma de las necesidades sensoriomotoras y emocionales de la vida. El niño es seducido y se conforma, reaccionando con su falso self a las demandas ambientales y abandonando, o bien ocultando, los remanentes de su espontaneidad, aquella que pervive en su verdadero self.

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 El falso self es una defensa contra la temida aniquilación del self verdadero, y se convierte en un self cuidador, tomando sobre sí mismo las funciones no realizadas por la madre. Las personalidades donde predomina el falso self pueden ser superficialmente exitosas, pero dentro existe vacío y soledad; pueden llegar a ser cuidadoras de otros, pero son incapaces de permitir la dependencia en ellos mismos.

 

 

FRANCISCO MARTI FELIPO

 

DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Frecuentemente el psicoanalista interviene en situaciones que parecen retrotraernos a otras épocas, a otros lugares, a otros códigos de relación y de conducta. Realmente, en el psiquismo así sucede.

Las relaciones de pareja entre hombre y mujer están inmersas en la dinámica, los lenguajes y la lógica de las pulsiones. Éstas a su vez son la traslación en el terreno psíquico de las necesidades corporales, que suponen un incesante trabajo de elaboración, representación y sublimación de las mismas, tanto en la historia de la evolución humana como en la del psiquismo individual.

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Cuando el bebé no accede a la madre en la medida en que la necesita y desea, la odia intensamente. Normalmente este odio queda neutralizado por el amor y gratitud hacia ella, pero no siempre se culmina éste proceso con éxito. Por muy diversas razones como en las experiencias de necesidad insatisfecha, abandono, distancia o incomunicación, la representación en su psiquismo inconsciente tanto de ella como de todas las mujeres puede contener éstos sentimientos de odio no neutralizado, deseo de venganza, posesión violenta y deseo de sometimiento que se podrán actuar cuando sea adulto e inicie una relación.
Si la mujer accede a sostenerla y no pone límites más pronto que tarde, se verá involucrada en una espiral de maltrato de la que le resulte muy difícil salir y que en demasiadas ocasiones culmina con la muerte de ésta a manos de aquel.

Ella contribuye a ello si no ha establecido identificaciones correctas en su niñez que den consistencia a su personalidad, ha tenido traumatismos, tiene áreas de minusvaloración, de confusión de identidad o sentimientos de culpa, y puede resultarle extraordinariamente difícil salir de esta espiral donde el miedo, la duda y la confusión la paralizará.

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El maltratador la situará en el centro de su universo y esto la hará creer que es amada, pero esto no es más que una faceta del conglomerado de otras violentas emociones donde prevalece el odio, la necesidad brutal y el deseo de venganza.

Se requerirá de un trabajo terapéutico sobre estas poderosas fuerzas inconscientes para salir de esta espiral de daño psíquico incontrolado.

Carmen Monedero Mateo

El CÁNCER DE MAMA Y EL ALMA FEMENINA

El 19 de octubre se celebra anualmente el día del cáncer de mama. Aunque también afecta a varones, es una enfermedad fundamentalmente femenina que padecerán, a lo largo de su vida, una de cada ocho mujeres.

Cuando una persona es diagnosticada de cáncer tiene que adaptarse psicológicamente a la nueva situación: ha perdido su salud, la enfermedad que padece es grave, y el futuro que le espera después del tratamiento es incierto. La dinámica de sus relaciones laborales, personales y familiares se verá profundamente alterada. Si es un hombre o una mujer en la edad media de la vida no podrá seguir enfrentado sus responsabilidades laborales, familiares o sociales ya que tendrá que ocuparse de la recuperación de su salud. Su tiempo y su energía psíquica los invertirá en realizar los tratamientos médicos y en someterse a los tratamientos quirúrgicos que le indiquen.

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Las medidas preventivas que permiten detectar un cáncer de mama en estadios precoces de la enfermedad han calado en la población general y son muchas las mujeres que se realizan periódicamente una mamografía de control. Cuando en la mamografía aparece una imagen sospechosa de poder ser un tumor se pone en marcha el protocolo de actuación establecido para estos casos: se localiza a la mujer y se le realiza una ecografía de la mama y una biopsia de la  tumoración sospechosa. Si en la biopsia se encuentran células tumorales, en la Unidad de Mama, después de realizarle las exploraciones complementarias necesarias, le explicarán las actuaciones terapéuticas que se van a seguir: Cirugía, quimioterapia (antes o después de la cirugía) y radioterapia son los tres pilares del tratamiento de la enfermedad.

La pérdida de la salud y el diagnóstico de una enfermedad grave de futuro incierto van a desencadenar una reacción emocional de duelo que se manifestará  por sentimientos de perplejidad ante los acontecimientos que se van desarrollando, desconfianza frente al diagnóstico realizado, rabia por padecer la enfermedad,  tristeza por haber perdido la salud y, finalmente, aceptación de la nueva realidad en que se encuentra y a la que se tiene  que enfrentar.

Cuando el diagnóstico de cáncer de mama ha sido realizado, la mujer siente la misma perplejidad, desconfianza, rabia, tristeza y aceptación que acompaña a la reacción emocional de duelo que desencadena padecer una enfermedad grave de pronóstico incierto. Sin embargo, en el cáncer de mama no solo enferma el cuerpo y se siente la pérdida de la salud, sino que también sufre el alma femenina. La identidad femenina y el sentimiento de feminidad que toda mujer tiene de sí misma se verán afectados por un tsunami afectivo que amenazará su función cuidadora y su feminidad.

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En nuestra sociedad la mujer sigue siendo la proveedora de cuidados en el ámbito familiar, cuida a sus descendientes y también a sus ascendientes. Cuando se encuentra en la edad media de la vida, ni ella ni su familia están preparados para invertir las funciones: de cuidadora ahora, enfrentada a la enfermedad, necesita ser cuidada. A pesar de los esfuerzos que haga por seguir cuidando, no podrá hacerlo. Si es una mujer que trabaja, la mayoría lo son, tendrá una baja por enfermedad y entre la sociedad y la empresa se ocuparan de la actividad laboral que venía realizando; pero, de su función cuidadora en el ámbito familiar ¿quién se va a ocupar?, ¿quién hará la compra?, ¿quién llevará a los niños a las actividades extraescolares?, ¿quién acompañará al médico a los abuelos?, y muchas más preguntas que siempre giran en torno a una responsabilidad familiar que siente suya.

La organización familiar y el equilibrio que tenían se han roto. En esos momentos la reacción de la familia nuclear (esposo e hijos) y de la familia de origen (padres y hermanos) es fundamental, tendrían que reaccionar como una empresa y como la sociedad asumiendo la función cuidadora que ella tenía. El proceso de adaptación para ellos no es fácil y, sin darse mucha cuenta (inconscientemente), pueden negar la necesidad de cuidados y atenciones que tiene la mujer enferma. Los conflictos de pareja y los conflictos familiares que pudiera haber antes de la enfermedad pueden recrudecerse. Cuando las relaciones de pareja y de familia son buenas, la enfermedad puede unirles más y fortalecer sus relaciones futuras.

Actualmente la cirugía del cáncer de mama es más conservadora, puede quitarse sólo el tumor, o un cuadrante de la mama, o la mama completa. Cuando se realiza una resección completa de la mama (mastectomía), la mujer tiene que enfrentar y elaborar psicológicamente la pérdida de la mama y afrontar la visión de la cicatriz que ocupa su lugar.

En la realidad psíquica femenina, la mama tiene una representación simbólica que está íntimamente unida a la representación de su identidad femenina y de su feminidad. Una mujer adulta se sigue pensando, sintiendo y reconociendo una mujer sexualmente atractiva ante su mirada y ante la mirada del varón al que quiere y al que desea, o al que podría querer y desear. En la mama operada queda una cicatriz que altera la estética que tenía, en la mastectomía la cicatriz ocupa el lugar que correspondía a la mama,  recordando a la mujer que ha perdido parte de su feminidad, de su atractivo, diciéndole, sin decirle, que ya no es una mujer sexualmente atractiva. La disminución del deseo sexual, e incluso su desaparición, suele reconocerse como un efecto secundario del tratamiento farmacológico, aunque en parte esté profundamente unido a estos sentimientos en torno a la feminidad de la mujer que ha despertado la cirugía que afecta a la mama enferma. La cirugía plástica permite a la mujer recuperar la integridad de su identidad femenina y de su feminidad.

La quimioterapia está irremediablemente asociada a la pérdida del pelo, de las cejas y de las pestañas. El cabello femenino, su largura, su color, si es liso o rizado, natural o teñido, es un símbolo sexual femenino. Una melena larga, rizada, morena evoca a la mujer seductora, sexualmente activa; una melena rubia y lisa es signo de pureza angelical. Pelo largo para las mujeres jóvenes, media melena para las mujeres adultas, pelo corto para las mujeres mayores; amplio abanico de símbolos asociados a feminidad y a la sexualidad femenina. Para cada mujer su pelo está cargado de significados que confluyen en su identidad femenina y en su feminidad. Perderlo, sustituirlo por una peluca, es una dolorosa experiencia afectiva que encuentra alivio en la esperanza de recuperarlo cuando el tratamiento de quimioterapia haya llegado a su fin.

El cáncer de mama obliga a la mujer a enfrentar una enfermedad grave de evolución incierta, pero también la obliga a enfrentar la violencia que la enfermedad y su tratamiento infringen a su identidad femenina, a su feminidad y al vínculo que mantiene como mujer adulta con el hombre al que quiere y al que desea sexualmente.

En el proceso interno de recuperar su identidad femenina y su feminidad es importante la actitud del hombre que tiene a su lado. Para él, para los hijos y para la familia afrontar la enfermedad y las necesidades afectivas de la mujer enferma es un proceso afectivo complejo y difícil que en ocasiones puede necesitar el apoyo y ayuda de profesionales.

De lo que sucede en el cuerpo informan los médicos que atienden a la mujer, de lo que sucede en el alma femenina enferma, les informa, muy brevemente, un médico que es mujer y psicoanalista.

Rosario Serrano Lindes