VALOR E IMPORTANCIA DE LA PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA EN EL TRATAMIENTO DE LAS PSICOSIS

El Psicoanálisis, ya desde sus inicios a finales del XIX, abrió importantes caminos tanto para comprender como para tratar los que llamaremos genéricamente trastornos psicóticos; Freud ya lo reflejó en algunas de sus primeras descripciones de casos.

Ya en 1903, antes de la Primera Guerra Mundial, el Hospital Universitario Burghölzli de Zúrich que dirigía E. Bleuler y donde trabajó Jung, fue la primera clínica universitaria que adaptó el psicoanálisis al conocimiento de las enfermedades mentales graves como la esquizofrenia y, comenzó la terapia psicoanalítica de las psicosis siguiendo el método de Freud de la asociación libre y prestando atención a las expresiones del inconsciente.

En realidad, a lo largo de la historia de la humanidad, en los tratamientos de este tipo de trastornos siempre han coexistido medios físicos y psíquicos (morales o espirituales), por ejemplo en el XIX se llamó “tratamiento moral”.

A lo largo del XX los tratamientos a base de psicoterapia han evolucionado y se han diversificado, aunque su uso (en nuestro medio más acusadamente) no ha aumentado en consonancia con su desarrollo y con el papel dominante del tratamiento psicofarmacológico.

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¿Está indicado su uso en el tratamiento de las psicosis?, ¿le aporta beneficios al paciente?.

La respuesta rotunda a ambas preguntas es: si.

Hoy día la terapia psicoanalítica individual es la modalidad de tratamiento que mejor permite una re-estructuración hacia la salud de la personalidad del individuo. No obstante, no olvidemos que se trata de trastornos muy complejos y difíciles dado que, generalmente: esas personas tienen serias dificultades para establecer relaciones personales y, habitualmente no reconocen su trastorno, por lo que será complicado que acepten algún tipo de ayuda psicoterápica. Será necesario evaluar la personalidad y la gravedad subyacente del paciente para decidir la conveniencia o no de una psicoterapia analítica o, de otro tipo de psicoterapias (cognitivo-conductuales, de familia, grupos etc), según la consideración de conjunto que se haga para cada individuo concreto.

En los casos en que se den circunstancias adecuadas, tendrán que concurrir, un paciente que acepta la experiencia terapéutica psicoanalítica y un terapeuta psicoanalista dispuesto, formado y capaz: entonces se puede crear la posibilidad de un nuevo y restaurador crecimiento de la personalidad sobre la base de la confianza que se establece. Por ello, quizás la precondición más importante recae sobre la capacidad empática del terapeuta analista y su capacitación, para que sea capaz de establecer una relación interactiva y de recibir los movimientos afectivos del paciente.

Manuel  Alejandre.

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