EL DESCONCIERTO DEL INDIVIDUO EN LA SOCIEDAD

Asistimos todos los días a la experiencia de nuestra perplejidad frente al espectáculo que ofrece la vida cuando ésta no nos da respuestas o éstas son inadecuadas o absurdas. Quizá en este devenir, sospechamos saber por qué actuamos de una forma u otra, pero solo aprehendemos la vida desde su suceso. Para nuestra sorpresa, somos más de lo que desearíamos. Todas las personas en un infinito deseo de justificar lo que dicen o hacen, acaban por preguntarse por qué hacen o dejan de hacer una cosa cuando inicialmente creían saber porqué.

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Hablo como no podía ser de otro modo de lo que acontece en la vida sin que nosotros podamos planearlo. Nuestra vida sucede pese a nosotros mismos. Justificamos cada acto, cada acontecimiento y quizá cada decisión, a sabiendas que la elección es la necesaria y además justificable de nuevo para nuestro quehacer. Pero no es así. Todos somos un puzzle en donde encajamos cada suceso de nuestra vida.

En ciertos momentos necesitamos respuestas sensatas por parte de personas autorizadas para de una forma concreta, nombrar o dar forma a lo que nos ha sucedido por éste u otro hecho.

La sociedad actual se ve inmersa en un montón de información que no siempre sabe seleccionar y busca de un modo inquietante, expresamente buscado, los tags ó etiquetas que justifican su zozobra. Preguntas tales como ¿por qué se suicida una persona?, ¿cómo puede matar un padre a un hijo?, ¿por qué existe la deselealtad entre iguales?, ¿cómo pudo abandonarme mi madre? ¿cuáles son las claves de la felicidad?, o ¿cómo vivir mentalmente sano?, pueden ser preguntas que se lancen al aire cada mañana y que aparentemente nos sea imposible contestar. Sigue leyendo

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SER PSIQUIATRA

Hubo un tiempo –y no han pasado tantos años- en que el deseo de ser psiquiatra suponía ante todo tener una vocación de escucha una pasión por comprender los recovecos del arduo camino vital y por acompañar a otro ser humano a corregir un rumbo tal vez, o quizás a afrontarlo por vez primera.

Existió ese momento en el cual, cada vocación de psiquiatra suponía un compromiso personal de ser previamente observado y analizado, para comprenderse primero a sí mismo y no confundir las propias dificultades con las de los pacientes. Ese momento tuvo también el riesgo de acabar en un suicidio profesional,  muriendo todos de éxito por demasiadas seguridades…

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Luego…más tarde, fue el tiempo de los nuevos fármacos, prometiendo curaciones casi milagrosas y también el momento de las psicoterapias rápidas, supuestamente capaces de modificar conductas sin preguntarse nada sobre los orígenes de cada comportamiento. Los consultorios se saturaron de demandas.

Pero el tiempo humano es pendular…

Cada momento de certezas y promesas ilusorias viene precedido de uno anterior (de glorias derrumbadas) y aboca a un nuevo tiempo, con otra absurda promesa de felicidad sin fin… se diría que estamos destinados a repetir, sin poder aprender. Sin embargo, a pesar de nuestra torpeza para comprender lo que resulta doloroso en el camino, algo sí va modificándose gradualmente.

Ya hemos comprobado que nuestro mundo interno es demasiado complejo como para «resolverlo» por vías rápidas. También estamos sufriendo en nuestras propias carnes los efectos de todos esos medicamentos maravillosos, que, mal usados,  pueden dejarnos paralizados, enajenados y estupidizados…

Tal vez podamos aprender, a partir de ahora, a recuperar el tiempo de una escucha calmada y honesta, sin absurdas promesas de curaciones imposibles, pero capaz de acompañar de verdad al sufrimiento humano. Una escucha dispuesta a permanecer humilde y a utilizar bien todos los recursos disponibles –fármacos incluidos- cuando resulten necesarios.

Quizá, en este nuestro tiempo humano hasta ahora inevitablemente pendular, estemos aprendiendo al fin ¡con muchísimo dolor! de tantas decepciones y comencemos a tolerar las diferencias, sin tener que ir siempre de un extremo al otro y aceptando de una vez por todas la realización de múltiples cambios  (preferiblemente discretos) y cuantas correcciones sean útiles y necesarias, pero asumiendo de verdad, entre todos, las limitaciones inevitables.

Serían signos muy fiables de una verdadera maduración colectiva histórica.

José Maria Erroteta

ENFERMAR EN LA CRISIS: ¿ENFERMAR EN LA MENTE O ENFERMAR EN EL CUERPO?

El psiquismo humano se encarga de gestionar tanto de las tensiones internas (del cuerpo) como externas (la realidad). Para ello cuenta con dos recursos fundamentales; uno satisface directamente algunas necesidades, y el otro transforma la energía de las tensiones somáticas (del cuerpo) en necesidades psíquicas. La trasformación de una tensión del cuerpo, como la necesidad de alimento o sexo  a la mente tiene la ventaja de que se pospone la satisfacción para un momento más favorable para su realización.

En las situaciones ordinarias, una persona con un funcionamiento normal se las arregla mejor o peor para lograr un equilibrio. Sin embargo, las situaciones extraordinarias, como son las crisis de la vida, por ejemplo, debidas  la pérdida de un ser querido, o a una mala situación económica, provocan un aumento de la tensión interna, y una frustración externa, que ponen a prueba la capacidad de gestión de esas tensiones.

La persona entra en una situación de sobreesfuerzo, porque su funcionamiento mental tiene mucho más trabajo y con resultados más pobres. En la situación de crisis la gestión de las tensiones puede fracasar, lo  que le lleva a la persona a enfermar. Si la gestión fracasa pero consigue  mantener esas tensiones en forma de conflicto psíquico la persona enfermará en su mente, lo que habitualmente llamamos enfermedad mental, como la depresión. La segunda posibilidad es que las tensiones desborden la capacidad de gestión  mental y su consecuencia será que la tensión no se mantendrá en un registro mental, y la persona enfermará en el cuerpo. Conclusión: La crisis traen riesgos para la salud mental y física.

Que un individuo enferme en un nivel  físico o psíquico  dependerá de su capacidad de gestión, y del nivel  de la misma.

 

crisis

Mikel  Zubiri