“JE SUIS”: ACERCA DEL FANATISMO Y LA INTOLERANCIA CRIMINAL

“Quien persigue un ideal y supuestamente cree haberlo alcanzado, justamente por ello tiende a ir más allá de él. … (Y generalmente cae al vacío)”
F. Nietzsche: Aforismos –132. (Edit. Edhasa)

El fanatismo, la intolerancia y el odio hacia “el diferente” y/o “lo diferente” y hacia la sociedad democrática, en general, está creciendo en muchas áreas geográficas del mundo. Es un hecho real y para nada producto de la imaginación. Las noticias recogidas en la prensa internacional lo acreditan. Desde los lamentables acontecimientos del 11-S y del 11 M, hasta la masacre indiscriminada reciente donde murieron más de 132 niños en una escuela de Pakistan a manos de fanáticos talibanes y el asesinato de 12 humoristas de la revista satírica francesa Charlie Hebdo hace una semana causada por dos fanáticos yihadistas.

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La intolerancia criminal se extiende a nivel planetario, vislumbrando posiciones contrarias a la globalización de los derechos humanos y a los valores democráticos. Intolerancia criminal que coincide con un resurgimiento de fundamentalismos e integrismos (religiosos, políticos, ideológicos y económicos) a gran escala que amenazan con dar al traste las grandes conquistas democráticas y sociales de la historia de la humanidad. Sigue leyendo

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LA PASIÓN DEL FÚTBOL

En una memorable escena de la película “El secreto de sus ojos” (2009, segunda película argentina en ganar el Óscar a la mejor película extranjera), dirigida por Juan José Campanella, y protagonizada por Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, y otros actores) Pablo Sandoval, (Guillermo Francella),que trabaja en un juzgado, hincha del Racing Club de Avellaneda expone lleno de inspiración en un tugurio de hinchas a Benjamín Espósito (Ricardo Darín),agente judicial retirado,las profundas conclusiones sobre su propio funcionamiento psíquico y también sobre el psiquismo humano; “Mirame a mí, soy un tipo joven y como vos decís me sigo cagando en la vida viniendo a un sitio como éste…..Más de una vez me dijiste ¿Por qué estás ahí Pablo? ¿Qué hacés ahí? ¿Y sabés por qué Benjamín? Porque me apasiona. Me gusta venir acá, ponerme en pedo, cagarme a trompadas si alguien me hincha las pelotas,….y vos lo mismo Benjamín……no hay manera de que te pueda sacar de la cabeza a Irene“-

Posteriormente en otra secuencia de la misma escena, “Una pasión es una pasión” dice otro personaje, el “escribano”, el “doctor” Andretta;verdadero experto en la historia del club, explicando su incondicional amor por éste. “¿Te das cuenta Benjamín?” “El tipo ( el hombre) puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín: no puede cambiar de pasión…..”

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En estos días de pasión futbolística, hemos visto al presidente Obama repetir y animar ante un grupo de entusiastas el “We can” ante un decisivo partido de su resistente selección de fútbol, y a muchos otros como el de Uruguay, mostrar abiertamente su pasión deportiva, ”Los de la FIFA son una manga de viejos hijos de p….”. “Me adhiero a las palabras del Presidente”, corroboró su mujer.  Sigue leyendo

LA FAMILIA

Los psicoanalistas escuchamos frecuentemente relatos en relación a la familia. Las personas que acuden a nuestras consultas hablan de sus padres, hijos, hermanos…, y no es de extrañar  porque la familia constituye el lugar privilegiado donde se efectúan vínculos afectivos de tal intensidad que dejan  una huella perdurable a lo largo de toda la vida.

Freud conceptualizó el “Complejo de Edipo”, eje rector en la estructuración del psiquismo y eje fundamental del psicoanálisis. Hablar de Edipo es hablar de la complicada situación  afectiva que se da en la relación de todo niño/a con sus padres,  de los intensos sentimientos de amor, odio, celos o rivalidad que se ponen en juego en el seno de ese grupo tan íntimo como es la familia y que todo niño/a  vivirá y tendrá que resolver en su camino hacia la  socialización.

La familia se sostiene en relaciones  de parentesco que sitúan a cada uno de los miembros del grupo en un lugar.  Este parentesco no depende tanto de la dimensión biológica, aunque la mayor parte de las veces las relaciones sean de consanguinidad, sino más bien de acuerdos para que las distintas funciones paterna, materna, filial se configuren, se mantengan y se transmitan mediante el interjuego de roles diferenciados, constituyendo así el modelo básico de toda situación grupal.

En la familia no hay nada exclusivamente natural,  No basta con concebir un hijo o con traerlo al mundo. Ser madre, ser padre implica una apropiación,  implica asumir ese lugar y esa función. Por ejemplo, el lugar del padre puede estar ocupado por el padre biológico, o por el hermano de la madre, o por un segundo marido. Al psicoanálisis no le interesa el orden natural sino  el simbólico.

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Las familias no siempre se han constituido de la misma manera. Desde la primera familia mítica organizada en pequeños clanes ha habido muchas formas de organización. En épocas no muy lejanas lo normal era que en la familia convivieran  tres o cuatro generaciones juntas. En la actualidad,  la familia tradicional que hemos conocido compuesta por padre, madre e hijos está dando paso a otras formas de familia: familias monoparentales, familias con padres homosexuales, hijos producto de inseminaciones artificiales con genitores desconocidos, familias reconstituidas con hijos de distintas parejas…Todo esto seguro que afectará a la subjetivación de las personas,  pero sea cual sea la forma que tome, y dando por sentado que no existe una familia ideal, si parece importante que toda familia lleve a cabo una serie de funciones para que ese pequeño cachorro que adviene a ella se transforme en un sujeto humano.

Una función que podríamos llamar materna consistirá en procurar un espacio donde se den lazos de amor y cuidado. Es en el entorno familiar donde el niño aprende a amar y ser amado mucho antes de que pueda distinguir entre ambas cosas. La familia debe proporcionar al niño un sentimiento de seguridad. Sentirse seguro es sentirse amado y comprendido no sólo con palabras sino con cuidados, atenciones e interés. Es una escuela de sentimientos en tanto le permite ensayar sus recursos emocionales.  Además, la familia tiene que ayudar al niño a vivir a pesar de su debilidad y de su indefensión inicial amortiguando las presiones del medio externo y enseñándole a hacerse cargo y a dominar las presiones internas.

Otra función que podríamos llamar paterna consistirá en instituir prohibiciones fundamentales como son la del incesto y la de respetar la diferencia de generaciones. La autoridad del padre es tranquilizadora pues marca los contornos de lo permitido y lo prohibido, lo que se puede o no hacer, y si se transgrede genera culpa por miedo a perder el amor de los padres. Es en la familia donde se aprenden las leyes que fundan las relaciones humanas y sociales del individuo: entre grandes y pequeños, varones y mujeres, poderosos y débiles, con todos sus matices, siendo por tanto un eslabón intermedio entre el individuo y la sociedad.

No se puede pensar  la familia sin hablar de narcisismo. Los padres recrean en el hijo las propias perfecciones de un narcisismo perdido y ven a su bebé como un dechado de virtudes. Pasa a ser el rey de la casa,  “Su Majestad el Bebé”. Simétricamente el bebé inviste a los padres a quienes cree perfectos en tanto coinciden con sus necesidades primero y sus deseos después.

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Cuando llega un miembro nuevo la familia lo inviste, lo cuida, le asigna un lugar,  le señala límites,  le ofrece pertenencias, enuncia prohibiciones. Pasa a ser un eslabón más en una cadena de generaciones, heredero y servidor, se espera de él que cumpla los sueños y renuncias de las generaciones que lo anteceden. La familia  tiene una pulsión a transmitir.  En su seno se transmiten ideales, valores, mitos, referencias identificatorias… Será en este grupo que lo recibe, lo sueña y le pone un nombre donde el niño se haga sujeto y vaya conformando su identidad.

Es difícil imaginar la estructuración de un psiquismo estable más allá de la  familia. Sabemos que sin un continente familiar la personalidad se organiza muy frágilmente dejando marcas imborrables de por vida. Sin embargo, la familia tampoco es una garantía absoluta para la salud mental. Es en el ámbito íntimo y secreto de la familia donde se dan también relaciones de violencia. La violencia se produce cuando no se respetan las prohibiciones, cuando las relaciones son indiferenciadas, cuando no hay espacios individuales y todo se comparte, cuando no es posible la individualidad y los vínculos familiares son de pegoteo aunque con una total desconexión afectiva de modo que cada miembro está aislado, completamente solo y a la vez no se puede separar de los otros.

Si algo observamos desde el psicoanálisis es que todas las personas conforman su propia “novela familiar”, obra de ficción que da cuenta de las vivencias del infantil sujeto y que orienta el rumbo de su historia. Vale la pena, entonces, pensar sobre la Familia.

Almudena Santos