SOBRE LAS TERAPIAS DE PAREJA, RELATOS CORTOS DE CASOS

Para ser fiel al compromiso de confidencialidad con las personas que vienen a tratamiento no expondré ningún caso real. El que presento es totalmente imaginado, aunque naturalmente, apoyado en mis experiencias terapéuticas.

En mi opinión,la presentación de un material clínico en forma de pequeña historia, aunque ésta sea ficticia como es el caso, permite a quien lo lee una mejor representación mental y un mejor entendimiento; por esta razón me lo he permitido. El tema a resaltar es el de la utilización que, con muchísima frecuencia, y de maneras más o menos sutiles, hacemos de nuestros hijos. No hablaré de aspectos técnicos porque no cabrían en este relato.

Imaginemos pues, el caso de una pareja en tratamiento que tienen tres niños de cuatro y dos años, y pocos meses el tercero. La pareja muestra una enorme y recíproca violencia; son jóvenes, los veo una vez a la semana  y llevan unos meses en tratamiento.

terapia

Desde la primera entrevista las acusaciones entre ellos van mostrando la utilización inconsciente de los hijos para hacerse daño el uno al otro. A los hijos se les dicen cosas como: “Mamá siempre está de mal humor y no nos deja vivir ni a vosotros ni a mí”, o, por el contrario, puede hablar la madre y decir: “ Papá se hace el buenecito pero vuelve tarde a casa todos los días, con su futbol y otras zarandajas, y yo, sola, tengo que encargarme de vosotros además de trabajar fuera y ganar para la familia”. Estos u otros comentarios, (o gestualidades), más sutiles  y descalificadores suelen formar parte de las relaciones cotidianas.

Independiente de quién tenga o no la razón, en este relato, ya lo he dicho, me voy a centrar en la muy frecuente utilización que los padres hacen de sus hijos, consciente o inconscientemente, buscando alianzas frente al otro miembro de la pareja a la vez que le descalifican.

Pareciéndome importante este hecho que ya desde el principio del tratamiento era muy evidente para mí como terapeuta, aunque no tanto para ellos ya que parecían no ser conscientes, fijo la atención en su relación con los hijos y les pido que me hablen de ellos; el mayor tiene cuatro años, no come apenas, no duerme y en el colegio o guardería permanece en silencio, alejado de los compañeros y con “carita de estar muy asustado”. Por primera vez en estas entrevistas-sesiones veo a ambos padres conmovidos y centrados en el dolor de sus hijos, más conscientes del daño que podrían estar haciéndoles. Del segundo niño relatan los mismos síntomas aunque algo atenuados y nada dicen del tercero, de momento. Terminada la sesión nos despedimos hasta la semana siguiente.

A la siguiente sesión acuden emocionados y sorprendidos del cambio “tan espectacular” que han dado sus hijos; “los niños están contentos, mas cariñosos, comen y duermen mejor, y así toda la semana, pero no sabemos a qué se debe ésto, porque cuando llegamos a casa la semana pasada les atendimos como siempre, les dimos la cena, les acostamos, en fin, como cualquier otro día.”

Yo les dije que seguramente no les atendieron “como siempre” ni “como cualquier otro día”, y que era probable que “preocupados por sus hijos, se olvidaron de ustedes mismos,  de sus diferencias y de sus discusiones, para centrarse en el sufrimiento de ellos, y éstos, en respuesta, se han mantenido “espectacularmente” felices toda la semana, según ustedes dicen.”

Lo que quiero subrayar de manera especial en la exposición de este relato es mostrar la importancia que tiene para la salud de los hijos el trabajo terapéutico dirigido a las primeras relaciones padres-hijos para que el efecto preventivo (o efecto vacuna) tenga su mayor eficacia. Es lo que vengo llamando la “terapia familiar precoz”.

No olvidar a los hijos en los tratamientos de pareja tiene, además del efecto beneficioso sobre ellos, el estímulo terapéutico que supone para los padres contemplar, y, además sentirse artífices, de la evolución favorable de los hijos. Pero este tema puede ser motivo para otro relato corto. Como puede verse, el tratamiento a los hijos puede hacerse sin la presencia de éstos en las sesiones; ya Pichón Riviere, a mediados del siglo pasado, vino a decir que toda persona en tratamiento genera un cambio en las personas de su entorno.

Luciano Sánchez.

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