LA TRAGEDIA DE LOS ALPES

¿Por qué un joven piloto decide estrellar un avión con 150 ocupantes, en su mayoría muchachos? ¿Por qué alguien comete suicidio? ¿La depresión supone un riesgo de cometer suicidio? ¿El ser humano es intrínsecamente bueno o malo?

Según leemos, Andreas Lubitz, estaba en tratamiento por depresión, quizás temía perder su carrera como piloto por un problema de desprendimiento de retina y tal vez atravesaba un período de ruptura de pareja. En este sentido, las preguntas que nos hemos formulado sobre el psiquismo humano son inquietantes y para encontrar respuesta hay que buscar en su profundidad.

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Afirmaba Freud en “Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte”, escrita a raíz de la devastación de la Primera Guerra Mundial, que el ser humano lleva dentro de sí un asesino potencial que, bajo determinadas circunstancias emerge dejando tras de sí un saldo de destrucción. Hay pocas dudas, especialmente después de la II Guerra Mundial de que esto es cierto, y de que la “banalidad del mal”, según describía Hanna Arendt puede emerger del interior del psiquismo de las personas “normales”. Sigue leyendo

EL INTERÉS DE HANNA SEGAL POR LOS SUEÑOS

En la mayoría de los trabajos de Hanna Segal, basados en material clínico de pacientes adultos, se incluyen sueños, que le han servido para desarrollar sus propias ideas sobre la interpretación onírica. José Rallo ha usado los mecanismos oníricos descritos por autores kleinianos como Segal para proponer que existe un doble contenido latente en los sueños.

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*Imagen Cedida The Guardian

En su primer trabajo específico sobre “La función de los sueños” adelanta que la concepción freudiana no se formuló según el conflicto entre las fantasías libidinales y las destructivas, sin tener en cuenta que el trabajo onírico forma parte del trabajo psíquico elaborativo. Si el yo puede reprimir, será capaz de elaborar algo de los problemas internos, y de simbolizar. En cambio, del fracaso del continente y de la función alfa resulta la incapacidad de cumplir el trabajo onírico, y aparecen entonces los sueño psicóticos muy concretos.
Entre las contribuciones psicoanalíticas más importantes de Hanna Segal figuran sus trabajos sobre los sueños de los pacientes borderline y psicóticos. Son sueños que se evacúan en lugar de ser comunicados, y como tales han de ser interpretados adecuadamente. Segal habla de “sueños predictivos”, en pacientes en los que la actuación del sueño era muy literal y con todo detalle. Sigue leyendo

LOS AMANTES DE DEPORTES EXTREMOS (II)*

Algunos niños pequeños lloran golpeando la cabeza contra los barrotes de la cuna, otros se ponen a la defensiva alejándose lo más que pueden de la fuente de inquietud, de esta mamá que los deja en el desbordamiento, desamparados,  parece que se quieren escapar cuando se los coge en brazos. Se enferman, vómitos, cólicos, problemas para dormir….Serán niños con vulnerabilidad para las enfermedades y que al crecer tendrán tendencia en muchos casos a preferir juegos que se desenvuelvan con menos componentes emocionales y que requieran  más de lo mecánico y de la acción que de la imaginación.

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Evitarán las emociones a medida que crecen, se automatizarán en sus juegos.

Como automatizan sus juegos los niños mayores que han sufrido situaciones traumáticas, situaciones en las que no han podido reaccionar emocional e intelectualmente para poder metabolizarlas, asimilarlas. Esta falta de poder “digerir” tiene que ver a veces con el factor sorpresa que no les permite ponerse en guardia para lograr hacer algo, para defenderse psíquicamente al menos ( un accidente de coche en el que hay heridos y muerte, por ejemplo). Lo que podemos observar en los tratamientos de estos niños que han sufrido una situación traumática es el intento de elaboración a través de una conducta repetitiva, de un juego repetitivo que expresa algo de lo ocurrido, y también un gran empobrecimiento de sus capacidades psíquicas para enfrentarse con su vida cotidiana. Esto se hará evidente en la mecanización y rutina de sus juegos, monótonos y repetitivos. En la falta de matices de su vida emocional.

Lo curioso es que la manera de funcionar de estos bebés, de estos niños para defenderse de una angustia inmanejable tiene mucho en común con los adultos que acuden a consulta por situaciones traumáticas.

Muchos de los deportistas del extremo manifiestan estas características de su funcionamiento centrado en la acción, en las rutinas, en la extenuación, en la búsqueda de control,  en el establecimiento de rutinas de exigencia, en la necesidad del éxito, del logro de objetivos, de la superación de metas. Vencer. Poder con lo que otros no pueden. Llegar a lo imposible (¿recuerdan el curioso nombre del programa “Al filo de lo imposible?). Rozar la muerte.

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Szwec dice que estos “galeotes voluntarios” buscan como los bebés desamparados, como los niños traumatizados, la reproducción de una situación en la que se enfrentan a la inmensidad  a la desmesura, como desmesurado y desproporcionado respecto a sus fuerzas es el mundo para un bebé, para un niño, para cualquiera en una situación en la que no se puede reaccionar. Un mundo en el que cuenta  mucho el dominio del propio cuerpo, tener la “mente fría” para lograr encontrar el “gesto” adecuado, el movimiento, la velocidad que los lleve a vencer el miedo, el horror, la muerte. Cada vez enfrentarse y vencer. Prepararse para ello, ser siempre el superviviente, el fuerte, el mejor.

Concentrarse, vaciarse internamente, volcarse en las rutinas, dejar de lado los dolores internos, los sentimientos dolorosos, ser todo cuerpo, ser una máquina. Una máquina perfecta. Sufrir para no sufrir.

Poder finalmente dominar lo que alguna vez fue desbordamiento, indefensión y muerte.

Cristina Rolla

(*Este post tiene una primera parte)