EL CUERPO EN EL ORIGEN DEL PSIQUISMO DEL BEBÉ

La investigación del funcionamiento corporal y mental, nos adentra en la biología,  en la constitución psíquica y su funcionamiento; objeto de investigación y controversia para el psicoanálisis.

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El cuerpo como vehiculizador y constituyente del crecimiento de nuestro aparato psíquico, juega una importante función. En el diálogo cuerpo a cuerpo con la madre, el recién nacido va tomando conciencia de su existencia en el mundo, lo que como muestra Christophe Dëjours, va a permitir la transformación del cuerpo biológico en un cuerpo erógeno, un cuerpo pulsional en busca de un objeto pulsional constitutivo de su subjetividad. La comunicación entre el niño y el adulto se moviliza en principio por la autoconservación, por las necesidades del cuerpo fisiológico, pero junto a los cuidados prodigados por el adulto se transforma en un cuerpo pulsionalizado, a la búsqueda del objeto materno. Sigue leyendo

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¿NOS AYUDA EL MODELO DE LA PIEL A ENTENDER EL DESARROLLO PSÍQUICO?

En los comienzos de la medicina psicosomática se acumuló mucha experiencia sobre cómo diversos factores psicológicos influían en el comienzo y curso de diversas enfermedades dermatológicas. Ha sido el caso del eczema atópico, de la urticaria y la psoriasis, de la alopecia y la tricotilomanía, del prurito y el rascado que se presentan en muchos de esos trastornos. Se pensó que la agresividad reprimida, la depresión y los traumas diversos estaban presentes en las interconsultas de enfoque psicoterápico que practicaban algunos psicoanalistas que seguían a la escuela de Alexander: Ida Macalpine, Wittkower,…

BabyAhora bien, en 1968 una psicoanalista de niños que trabajaba en la Clinica Tavistock inglesa, publicó un sorprendente artículo sobre La experiencia de la piel en las relaciones tempranas de objeto”. En nuestro ambiente es ya poco conocida, a pesar de que personas como Rebeca Grinberg difundieron la forma de entender Bick el “Análisis infantil, hoy”, que presentó en un symposium internacional en Edimburgo. Después pensó en el tipo adhesivo de identificación, y, en especial, propuso un método de observación de bebés que resulta una necesidad en la formación de la mayoría de los analistas, mucho más si lo son de niños.  Sigue leyendo

DÍA MUNDIAL DE LA VISIÓN

Todo sucede en unas horas. La vida cambia de secuencia o escenario cuando ésta se reconoce distinta. Y sucede. A todos nos ha sucedido alguna vez. Alguna vez sentimos por primera vez que vemos menos. No sabemos si de cerca o de lejos, tal vez, ni de cerca ni de lejos. Otros, una vez cumplidos ciertos años se acercan y se alejan el objeto para poder enfocarlo. Y no lo ven. Todos ellos somos nosotros.

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Las personas nacemos con una vista que se deteriora por causas ajenas a nuestra voluntad la mayor parte de las veces. La peor situación de todas es la que no tiene cura. Esa enfermedad silenciosa que acaba haciéndonos reconocer que ni con la mejor corrección posible podemos distinguir algo, que no hay operación, ni gafas, ni gotas, nada que nos devuelva la vista. Y sucede. Esto también sucede. Poco a poco asistimos al espectáculo que nos brinda la vida cuando al contemplar aquello que nos hacía ver bien el objeto, de pronto no está, desaparece, se ve borroso, se ve a través de una nube, no se distingue, no se puede leer. 

Al pasar varios diagnósticos, varias pruebas que determinan lo que vemos nos dicen que no vamos a ver más, que poco a poco, en meses o en años, perderemos la vista. Y sucede. Esto también sucede.

Entonces, empezamos a indagar y ya tenemos título. Somos discapacitados visuales, vemos menos pero no somos ciegos. En la misma contradicción, el informe dice que somos ciegos legales pero que podemos manejarnos con los restos visuales. Y sucede.

En esa sucesión de acontecimientos nuestra mente tiene que encontrar dónde empieza la tragedia y cuándo acaba el duelo porque ésto no ha hecho nada más que empezar. Día a día, mes a mes, la persona obtiene de la realidad en imágenes cada vez menos mensajes. Los pocos que distingue le hacen considerarse distinto y cuanto menos minusválido ante esta sociedad que no está acostumbrada a ponerse en los zapatos del prójimo. No sabemos que no se pueden leer carteles hasta que sin gafas no somos capaces de leer lo que pone. No podemos ser suficientemente solidarios si una persona ciega va a cruzar porque no sabemos ni cómo dirigirnos a ella. Y todos nosotros, en mayor o menor medida, según cumplimos años, vamos siendo discapacitados visuales.

La mente entonces empieza a recordar y van apareciendo diferentes aspectos que hace que no nos identifiquemos con la persona anterior. Yo antes veía, ahora no. En esa nueva realidad, mostrarnos capaces de seguir sin ayuda, aprender a pedirla, intentar leer o aprender a manejarnos con lupas, programas de voz y otras herramientas, cosa que no es fácil. Se trata de crear un nuevo universo y conformarnos con ver con los restos visuales es lo que nos queda para poder trabajar con esos pensamientos recurrentes que nos hacen comprobar que día a día, olvidamos aquello que antes reconocíamos y apenas nos acordamos de cómo era ésto o aquéllo.

La pérdida está ahí. Ya nunca más volveremos a ver igual, nunca, y eso, hay que tragarlo, digerirlo, asimilarlo. Aparece un cocodrilo y no sabemos si viene de frente o de cola; en ambos casos, nos va a matar. El individuo que antes era alegre pasa por estadios de tristeza, de desesperanza, de un dolor inmenso que no sabe dónde colocar porque todo el universo conocido desaparece pero el dolor cada vez es más intenso pues además nos hace entrar en el túnel de lo desconocido. Se trata, en principio, de elaborar un panorama sin datos, de viajar sin hoja de ruta, esto también debe suceder para poder seguir adelante”

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