EL PRINCIPITO Y EL AVIADOR

Hace unos días se ha conmemorado el aniversario de la desaparición, en 1944 y en circunstancias no del todo aclarado, de Antoine de Saint Exupery. Vamos a intentar explicar el éxito mundial de su relato “El pequeño príncipe”. Creemos que su simbolismo, muy bien acogido entre los jóvenes, tiene que ver con lo que nos dice sobre las relaciones humanas, sobre el valor imaginativo de lo que nos decimos y a veces nos duele

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Tras un accidente con su avioneta, el piloto aterriza en el desierto. Las palabras del niño con el que se encuentra le exigen más tiempo y paciencia del que creía. Ya recuerda que a los seis años se preguntaba “¿Qué es lo que asusta de un sombrero?”, y su respuesta íntima era la de “una serpiente boa que digiere un elefante”.  Sigue leyendo

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LOS ANIMALES EN LA VIDA DE UN NIÑO

He tenido la oportunidad de conocer este verano a un niño con un afán desmedido de relación y de preocupación con los animales. Todo empezó, cuando tenía cuatro años y acudió a preguntarme si yo creía que era “chico” o “chica” el joven caballo que tenían sus vecinos. En cuanto el potrillo le veía, acudía a curiosear al lado de la valla, esperando que le echara algunas de las hojas verdes y tiernas que veía a su alcance.

Este fue el motivo de que Pedrito, que así se llamaba el niño, me contara que por qué esa lombriz que correteaba por el suelo echaba el alimento por el “culo”. No le bastó que yo le explicara la creación de abono que realizan estos gusanos, porque, aunque la entendió, pasó a relatarme por qué se multiplican tanto los por él llamados “tocinillos” que corren por el agujero que hacía de cloaca al lado del pozo. En ese momento le expuse su posible curiosidad por el nacimiento de sus hermanos. Pedrito me confirmó que no soportaba ni las hormigas entre la tierra ni las avispas en su piscina. Tenía que pisarlas y matarlas, porque le parecía que ensuciaban la tierra y el agua, más allá de lo que los adultos podamos razonar.

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Este niño sufría una pesadilla repetida donde veía a un toro con uno de sus mejores amigos en el fondo de ese pozo del que me hablaba, repleto de basura. Por si fuera poco, en el garaje de su casa creía que existían ratas que le daban mucho miedo. Y encima, siguiendo su conversación, había oído que, en casa de su abuela, los escarabajos pasaban desde la habitación en la que, antes de nacer su hermana, dormía con sus padres, hasta su primer cuarto en el que dormía solo. De día guardaba en su armario los muñecos y las revistas infantiles con las que pasaba el rato. Sin embargo, como psicoanalistas de niños podemos pensar que esos terrores a los pequeños animalitos representan al inconsciente.  Sigue leyendo

LA AMISTAD

Posiblemente la amistad sea uno de los vínculos que mejor pueda representar la magnitud ética de las relaciones humanas.

Este “lazo” que en sus implicaciones más profundas, parece estar altamente devaluado en la actualidad, como tantos otros tipos de vínculos de “usar y tirar”, continua sin embargo, dando signos de gran satisfacción (y, a veces tristeza) entre los seres humanos que podemos gozar de su privilegio.

Desde luego, hay algo fundante que favorece el que dos futuros amigos lo sean y este caldo de cultivo es la libertad. Una de las grandes alegrías de la amistad, es quizás el que no viene impuesta, el que no supone unión por una obligación, lo que sería el compañerismo o los camaradas, sino que se elige libremente y sin reglamento que la regule.

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Pero también es bueno saber, que ese acto libre de la amistad únicamente podrá sostenerse en el tiempo gracias a la fuerza vital del deseo, con todos sus registros de afecto, ternura, cariño, atracción, eso sí, dentro de las propias peculiaridades de cada persona. Es precisamente aquí, es decir, en las diferencias (los tiempos, la intensidad, los ritmos…) entre como cada sujeto vive ese vínculo, lo que aún viene a engrandecer más la relación de amistad, donde se podrá aceptar la separación por lo diferente, sin que signifique ruptura. He aquí, la oportunidad para que la generosidad y la confianza se muestren como dos características básicas de la amistad.

Esta fuerza vital originaria, en el caso de la amistad y, tal como Sigmund Freud, en el segundo de sus artículos de enciclopedia “La teoría de la libido” (1923) la define, es de naturaleza sexual, aunque como señala, son “aspiraciones sexuales de meta inhibida”, es decir, que procediendo de una inclinación sexual, declinan su satisfacción y se conforman con una aproximación a la satisfacción, lo que justamente permite que ese lazo sea especialmente fijo y duradero.

Otro de los aspectos en los que se apoya la amistad es la identificación con el otro, con sus particulares dinámicas: por tener un proyecto en común, por el compartir experiencias vitales del pasado similares, o muy diferentes, o simplemente (nada más y nada menos) como dice el clarificador filósofo italiano Giorgio Agamben “por un compartir puramente existencial y, por así decir, sin objeto: la amistad como con-sentimiento del puro hecho de ser”. Sigue leyendo