EN TORNO A LAS PRIMERAS SEPARACIONES

En los primeros meses de vida, los sentimientos del bebé son intensos y poco matizados. Sus estados de ánimo oscilan con rapidez y se manifiestan en sus cambios de expresión o de color. Poco a poco vamos pudiendo aprender a conocer sus sentimientos, a ir discriminando sus temores o sus angustias y a tolerarlos.

Al igual que el bebé vacía en su pañal el contenido de la vejiga o bien vomita el alimento, tiene la necesidad de descargar su malestar. Por ejemplo, un llanto muy fuerte nos puede dar la impresión de que lo expulsa fuera de sí , como si nos lo arrojara a la cabeza.

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En estos primeros meses de vida, para el bebé las sensaciones de incomodidad y de displacer son vividas como algo permanente de lo que tiene que deshacerse echándolo fuera de él, proyectándolo.

Por eso necesita que su madre permanezca junto a él, comprendiendo los sentimientos de su hijo pero sin dejarse abrumar por ellos y pudiendo devolvérselos metabolizados, digeridos para que él pueda hacerse cargo de ellos sin excesiva ansiedad.

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AMOR DE MADRE

A pesar de los muchos avances de la lucha feminista, aun hoy nos encontramos con que la queja principal de las mujeres que acuden a consulta, está relacionada con el sufrimiento por amor. Sufren por una relación maltrecha, por una situación de maltrato que no consiguen evitar o de la que no pueden defenderse. Perdonan una y otra vez lo imperdonable. Consienten una y otra vez lo que tendrían que prevenir.

Esa forma de amar exagerada que muestran algunas mujeres, puede responder a muchos motivos. La maternidad es uno de los rasgos universales que explicaría por qué una mujer tiene esa curiosa disposición al sacrificio y a la entrega incondicional.

Desde el punto de vista de la evolución, la mujer está hecha de la mejor manera posible para asegurar la supervivencia de la especie. Alguien tiene que cuidar de ese ser tan desvalido, alguien tiene que postergar sus propias necesidades en nombre de las necesidades del bebé, y ese papel suele desempeñarlo la mujer que es la única que ¡siempre está presente en el momento del parto!

Este rasgo, que tiene implicaciones extraordinarias para la humanidad, puede tener consecuencias desastrosas en la vida de pareja cuando una mujer ejerce su cualidad maternal fuera del contexto adecuado. ¡Un hombre no es lo mismo que un bebé! Aunque muchas mujeres los tratemos como si lo fueran, aunque muchos hombre se empeñen en comportarse como si lo fueran.

Si la mamá de un bebé recién nacido se olvida de sí misma para cuidar de su hijo y se comporta con su bebé como una mujer enamorada; muchas mujeres enamoradas se comportan con su pareja como si fueran la mamá de un bebé recién nacido y están dispuestas a postergar sus necesidades con tal de complacer a su pareja. Al bebé todo se le perdona, su indiferencia, sus pataletas, su ingratitud, sus llantos a deshora, ¡basta con que sonría!… el problema surge cuando perdonamos con la misma facilidad la indiferencia, la pataleta, la ingratitud o el maltrato ¡de un señor de 40! Sólo porque nos llama por teléfono, nos envía un WhatsApp, o nos dice al oído que nos quiere.

Cuando una mujer trata a su pareja con esa disponibilidad absoluta, cuando pretende hacerse indispensable para él, en el fondo está esperando que el otro dependa de ella sin fisuras, que la necesite y que no pueda vivir lejos de ella… como en efecto le ocurre al bebé…

El amor incondicional es un amor que nace, crece, se desarrolla y casi nunca muere, independientemente de la persona a la que va dirigido. A esa persona no se le pide nada para ofrendarle nuestro amor y no hay nada suficientemente grave que pueda hacer como para perderlo, aunque nos cause muchísimo dolor. Pase lo que pase, el amor incondicional seguirá allí, inmune a la realidad. En esa medida, no es un amor vincular que tome en cuenta al otro, sino que en el fondo ignora al otro porque se basta y se sobra a sí mismo.

Crear a un bebé-dios y amarlo incondicionalmente, es más fácil (y más peligroso) que conocer, aceptar o rechazar a un hombre normal y corriente, con sus virtudes y con sus defectos.

Mariela Michelena

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