WILLIAM DE BASKERSVILLE

El primer número del semanario Time fue publicado en 1923. Al año siguiente Freud fue portada. En 1930 fue galardonado con el Premio Goethe, premio literario alemán de alto prestigio. Poco después de la toma del poder por los nazis, el 10 de mayo de 1933 sus libros fueron quemados en la Bebelplatz de Berlín. El franciscano inglés William de Baskersville y su discípulo llegan a una abadía benedictina en los Apeninos septentrionales italianos, famosa por su biblioteca. William debe organizar una reunión eclesiástica para discutir una supuesta herejía, pero el éxito de la reunión se ve amenazada por una serie de misteriosas muertes en el monasterio.  Ese es el argumento de El nombre de la rosa de Umberto Eco. William de Baskersville deberá ser un Sherlock Holmes medieval.

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El bibliotecario Jorge de Burgos es un monje anciano y ciego empeñado en ocultar el segundo libro de la Poética de Aristóteles, dedicado a la comedia, la risa y el humor. Como nos enseñó Freud en El chiste y su relación con el inconsciente; la risa es algo muy humano. En un diálogo entre Baskersville y Burgos leemos:

William de Baskersville: ¿Qué tiene de malo la risa?

Jorge de Burgos: La risa acaba con el miedo. Sin miedo no hay fe. Porque sin miedo al diablo no se necesita a Dios… La risa es un invento diabólico, que deforma las facciones y hace que los hombres parezcan monos.

William de Baskersville: Los monos no ríen. La risa es un atributo humano. Finalmente se queman los libros, la biblioteca y la abadía.

“El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo… Quizá evolucionen sus componentes, quizás sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”, dice Eco.

Y en todas las épocas habrá batallones incendiarios como los de Farenheit 451 de Bradbury. La ignorancia es muy atractiva.  

Ricardo Jarast

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PARAíSO: AMOR, FE y ESPERANZA

El Paraíso que antecede al título de estas tres películas parece  conducirnos al Edén,  a la felicidad utópica, al germen de nuestros ideales y  al placer de los deseos soñados.

La obra fue gestada como una sola película, pero, dada la extensión de la cinta, el director decidió fraccionarla. Cada una de las  piezas tiene entidad por sí misma y puede ser vista como una unidad, pero las tres  están interrelacionadas. Como en “Vidas cruzadas, de Robert Altman, estas tres composiciones cruzan los caminos de las tres protagonistas, unidas por vínculos de parentesco: la madre, la hija y la hermana y tía respectivamente. Discurre la trilogía durante la época estival. De este modo, cada heroína disfrutará de sus vacaciones según sus fantasías, deseos y necesidades.

      Paraíso Amor (2012) nos describe la aventura de Teresa, una mujer madura que viaja a Kenia con el deseo de descansar, además de satisfacer y experimentar una sexualidad que en su vida personal está frustrada y casi extinguida.

La composición de esta primera obra  nos enfrenta al turismo sexual tan frecuente en lugares deprimidos social y económicamente, colonizados por otros países donde impera el capitalismo.

El director austriaco establece ángulos  muy diferenciados en la película para mostrarnos las playas virginales de un complejo turístico donde Teresa conocerá a otras mujeres que viajan con el mismo objeto.

Las imágenes, unas veces hermosas, otras casi oníricas e inquietantes del complejo de vacaciones, nos muestran en planos largos y longitudinales a los turistas tumbados tomando el sol. Cuerpos estáticos y mortecinos separados por una línea de seguridad. Al otro lado se agolpan ordenadamente los nativos tratando de vender  baratijas y su propio cuerpo como un abalorio más. Como contrapunto  Seidl nos pasea por el pueblo indígena. Un contexto plagado de miserias humanas y la dramática realidad de cada nativo que vende amor adulterado para sostener la propia vida y la de su familia.

No es frecuente que se muestre la sexualidad femenina con tanta libertad y crudeza. Una sexualidad impregnada de soledad, de amargura  por la juventud perdida, de conversaciones excitantes  y de utilización de los jóvenes africanos como productos de consumo.  El director ha escudriñado en la psicología para exponer un retrato femenino sobre la angustia y el patrón al que se someten las mujeres para alcanzar un ideal propuesto desde el entorno, ideal de amor/sexo, ideal de belleza, ideal de espiritualidad.

Los psicoanalistas sabemos que no existe una sexualidad sin historia infantil, sin fantasías, sin temores, anhelos y fantasmas. Por eso hablamos de psicosexualidad y por esta razón la protagonista, que viaja a por sexo, regresa con el corazón maltrecho.  Pero no nos engañemos, viene a decirnos Ultrich Seidl, nadie miente a nadie y todos compran y venden.

La segunda obra Paraíso Esperanza (2013) nos enfrenta al complejo mundo de los adolescentes con problemas de obesidad. En este caso, la hija de Teresa pasa el verano en un campamento para jóvenes que desean rehabilitarse de sus problemas de adicción a la comida.

Asistimos a las conversaciones de los adolescentes sobre sus inquietudes sexuales, sus dificultades para elaborar lo corporal, sus juegos y su avidez. A pesar de la disciplina marcial a la que están sometidos, la curiosidad propia de una sexualidad adolescente y de las emociones que la acompañan se abrirán paso de forma turbulenta.

El juego amoroso entre los niños y los adultos puede adoptar formas eróticas, pero ha de permanecer siempre en clave de la ternura. La admiración e idealización de los adolescentes por las figuras que representan la autoridad, maestros, médicos sitúa a estos jóvenes y principalmente a la protagonista frente al halago de ser seducida, reconocida y elegida. En paralelo observamos la indefensión de los adolescentes al verse sometidos a la identificación con su agresor. Sandor Ferenczi define los procesos de seducción traumática y establece dos tipos de lenguaje entre el de la pasión del adulto y el de la ternura en los niños. Ambos idiomas deberían ser inequívocos. El director se mueve en estas turbias aguas, aunque el contexto elegido sea un bello bosque, como en el cuento de “Caperucita”, y el lobo sea una figura representativa  de la institución.

Para finalizar Paraíso: Fe (2012) nos presenta a Anna Maria, hermana y tía de las anteriores. Otra mujer que invierte sus vacaciones tratando de convertir y salvar a descarriados y marginales por medio de la religión. En esta película el fanatismo, las prácticas religiosas extremas, como sacrificios y flagelaciones, desvelan lo que se esconde tras los rituales obsesivos compulsivos y su margen de placer. Una caricatura de la religión donde el director ha forzado al máximo la historia hasta convertirla en un esperpento.

Atrapados en sus dramas, en sus mentiras y en la pérdida de la inocencia los personajes de este tríptico nos atrapan como espectadores.

El director nos ha convencido; definitivamente, el Paraíso no existe.

Magdalena Calvo Sánchez-Sierra

PARAISO:AMOR, FE Y ESPERANZA

Director: Ultrich Seidl (2012/2013)

(Austria, Francia, Alemania)