LOS SUEÑOS EN EL DIARIO DE ANNA FRANK

Rosa, de 14 años y la hija de unos amigos, me preguntó este verano qué tal me parecía como lectura el para ella también famoso “Diario de Anna Frank”. Con sus padres había visitado en Amsterdam la casa-museo que le había impresionado por su austeridad y sencillez, pudiendo imaginarse fácilmente los meses que allí permaneció sin salir esa joven, en un reducto donde forzosamente tenía el camino de despliegue posible de sus fantasías.

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Cuando fuimos juntos a la librería Rosa y yo, nos encontramos con dos versiones de dicho diario adolescente, quizás el más leído en todo el mundo durante las últimas décadas. Nuestra sorpresa no consistió sólo en la confirmación del horror del terror nazi, sino que la edición más reciente era la no expurgada por el padre de Ana, quien había censurado algunos comentarios críticos respecto de su madre y otras fantasías erótica de su hija.

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EL TRABAJO INFANTIL: UNA REALIDAD DOLOROSA

Actualmente cerca de 250 millones de niños trabajan en el mundo y mas de 150 millones lo hacen en condiciones peligrosas.

El trabajo infantil se refiere a cualquier trabajo o actividad que priva a los niños de su infancia. La infancia es definida por el psicoanálisis, como un período que corresponde a una etapa cronológica en la estructuración del aparato psíquico, en el que la protección y el cuidado de los adultos son esenciales.

 Manos infantiles

Será Sigmund Freud quién dará un nuevo estatuto al niño y un nuevo estatuto a la infancia, pues a partir de un texto llamado “Tres ensayos para una teoría sexual”, se cae el mito del paraíso infantil y se ubica al niño como un ser sexuado. Sigue leyendo

LOS SUEÑOS AL ALCANCE DE TODOS (*I )

A los niños les fascinan los sueños. Los viven como creaciones personales que les hace despertarse con cierta perplejidad. A veces ilusionantes y a veces aterradores, los sueños no dejan indiferentes a los niños, y siempre que pueden buscan a un adulto al que poder contarle lo soñado. Pienso que en mucha medida la pasión del psicoanalista tiene que ver con ese misterio.

Saber que había alguien con ganas de escuchar el relato del sueño es un aliciente para cada mañana retenerlo en la memoria. Al hacernos mayores, eso no siempre es posible, y nuestros sueños tienden a diluirse con el trascurso del día. Una alternativa al olvido natural puede ser la de escribir al levantarse un esquema con las ideas básicas, y a lo largo del día relatarlo.

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En relación a la interpretación de los sueños, la sesión psicoanalítica es sin duda el espacio idóneo. Sin embargo, y esto no excluye a lo anterior, al apuntar una serie de sueños de una temporada, podremos ver cómo la temática puede ser parecida a lo largo de los días. Hacer el esfuerzo de crear lazos entre lo vivido y lo soñado, también abre vías para poder comprenderlos.

Pintar un sueño, dibujarlo, hacer relato o crear alguna melodía con él son procesos en los que uno se relaja y se conecta de manera diferente con los contenidos del sueño. De la idea inicial al resultado siempre se advierten transformaciones que permiten descubrir nuevos matices.

Pero, ¿qué son los sueños? Los sueños son historias en forma de imágenes que no pueden compartirse más que parcialmente ya que son creaciones exclusivas del soñante, y ni siquiera a él le pertenecen de igual manera en todo momento. De la mano del sueño está el despertar que siempre se lleva consigo algo del sueño.

Sabemos que el soñar es, entre otras cosas, una antigua modalidad de pensamiento que tenemos los seres humanos. En el principio, para el bebé no existe la razón ni, por tanto, el pensamiento lógico. La conquista de la madurez es paralela a la incorporación de esta nueva modalidad de pensamiento. Así los bebés no distinguen entre el soñar y el pensar: son la misma cosa. Empujados por la realidad, que nos obliga a postergar y a renunciar deseos en favor de una vida en sociedad (papás y hermanitos como primera vida en comunidad), nuestro aparato anímico se resiste a dar por perdidos sus anhelos y consiente, a través del sueño, las satisfacciones de las que nos vemos privados durante la vida diurna.

Las cosas se tornan más complejas cuando dejamos de ser niños, y lo mismo ocurre con los sueños. Si bien de niños soñábamos con un juguete anhelado o con volar, de más mayores las temáticas se nos presentan más enigmáticas. Por ejemplo: un niño puede soñar que su hermano cae por el precipicio cuando por el día han tenido una fuerte discusión y el hermano ha salido indemne a ojos de los padres. Este mismo niño, pero con 40 años, y ante una discusión con el hermano, soñará con un compañero de trabajo que es calvo (como su hermano) y al que la policía arresta y condena a la silla eléctrica. Es un ejemplo simple, pero la idea es entender la evolución de una censura que se va a ir desarrollando a medido que crecemos.

Cecilia Caruana

 

*Este post consta de dos partes. La segunda se publicará en breve.