EL DESCONCIERTO DEL INDIVIDUO EN LA SOCIEDAD

Asistimos todos los días a la experiencia de nuestra perplejidad frente al espectáculo que ofrece la vida cuando ésta no nos da respuestas o éstas son inadecuadas o absurdas. Quizá en este devenir, sospechamos saber por qué actuamos de una forma u otra, pero solo aprehendemos la vida desde su suceso. Para nuestra sorpresa, somos más de lo que desearíamos. Todas las personas en un infinito deseo de justificar lo que dicen o hacen, acaban por preguntarse por qué hacen o dejan de hacer una cosa cuando inicialmente creían saber porqué.

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Hablo como no podía ser de otro modo de lo que acontece en la vida sin que nosotros podamos planearlo. Nuestra vida sucede pese a nosotros mismos. Justificamos cada acto, cada acontecimiento y quizá cada decisión, a sabiendas que la elección es la necesaria y además justificable de nuevo para nuestro quehacer. Pero no es así. Todos somos un puzzle en donde encajamos cada suceso de nuestra vida.

En ciertos momentos necesitamos respuestas sensatas por parte de personas autorizadas para de una forma concreta, nombrar o dar forma a lo que nos ha sucedido por éste u otro hecho.

La sociedad actual se ve inmersa en un montón de información que no siempre sabe seleccionar y busca de un modo inquietante, expresamente buscado, los tags ó etiquetas que justifican su zozobra. Preguntas tales como ¿por qué se suicida una persona?, ¿cómo puede matar un padre a un hijo?, ¿por qué existe la deselealtad entre iguales?, ¿cómo pudo abandonarme mi madre? ¿cuáles son las claves de la felicidad?, o ¿cómo vivir mentalmente sano?, pueden ser preguntas que se lancen al aire cada mañana y que aparentemente nos sea imposible contestar. Sigue leyendo

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EL LLANTO DE UN NIÑO (**)

En nuestra consulta de niños recibimos padres impacientes e insatisfechos, hasta enfadados porque no se haga nada con estos estados de su bebé. A veces la madre está adquiriendo sus primeras experiencias en la crianza, sin otro modelo que el de su infancia, y, otras veces, sin una abuela que le ayude en el postparto, cuando los ahora conocidos “blues” o momentos de tristeza se han infiltrado en la mente de la madre puérpera.

Y es que sus bebés no pueden identificar y pensar claramente aún aquello que les incomoda, sólo saben llorar. A veces se les da palmaditas en la espalda por si tienen “gases” y así eructan. Forma parte de las manipulaciones con las que cualquier madre intenta proteger a su bebé, y de hacerle de algún modo saber lo que le va a ofrecer el mundo exterior a él. De paso, sabemos que desde que tiene un mes se calma al ver u oír a quien le está cuidando, y eso va trabando el lazo afectivo entre ambos, y representa el primer modelo emocional para el resto de nuestras vidas.

bebé

No sólo come y duerme el neonato, sino que está demostrado que es bueno aprovechar los estados en que comienza a escanear el medio, según está despierto. Con su mirada va a seguir los trastos coloreados que movamos cerca de su cara. ¿Por qué las primeras melodías que les tatareamos van a preferirse pasados los meses cuando se las pongamos? ¿Y los musicales o los móviles colgados enfrente de su cuna? Ahí están nuestros primeros juegos. Sigue leyendo

RUTH Y SUS GARABATOS

El pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott (1896-1971), adaptaba su técnica a las necesidades de cada caso en particular. Si hacía falta y era posible un psicoanálisis extenso, lo hacía. Si no, variaba el método, pasando de las sesiones regulares a las sesiones “a pedido”, o a las consultas terapéuticas aisladas.

Winnicott trabajó décadas en el hospital Paddington Green Children´s de Londres.

La consulta terapéutica es una modalidad de primera entrevista en la que, sobre un encuadre confiable, se aprovecha la “capacidad del paciente para creer en una persona que lo ayude y lo comprenda”. Escribe Winnicott: “Es bien sabido que la primera entrevista de un psicoanálisis puede contener material que luego aparecerá para su análisis durante meses o incluso años”.

Winnicott aprovecha el carácter sagrado del encuentro.

winnicott

El objetivo diagnóstico implica determinar “el grado de rigidez o de flexibilidad de las defensas” mientras que el terapéutico opta por provocar un cambio en el paciente. Para ello el terapeuta ofrece un espacio transicional, una zona de juego, estable y dinámica, en el que se promueve el despliegue del gesto espontáneo del paciente.

En la consulta terapéutica Winnicott usa la técnica del  juego del garabato, un juego no reglado cuya importancia radica en el uso que se le da al material que el juego produce, un juego que no ha de dominar la escena durante más de una sesión, o a lo sumo, dos o tres.

El juego del garabato que se realiza entre el paciente y el terapeuta, consiste en realizar una serie de garabatos, que empieza uno y que debe ser completado por el otro, tratando el terapeuta de dar sentido al dibujo común a partir de la imagen resultante de su interacción.

“Ruth”, 8 años

El caso de Ruth se le presentó a Winnicott de la siguiente manera: un hombre lo consultó acerca de sí mismo; era el padre de Ruth. En el transcurso de una hora en la que dijo lo que quería decir acerca de sí mismo, le contó un gran número de hechos, entre los que había dos cosas que eran significativas en la descripción de los problemas de Ruth: la primera era que su hija, la del medio de tres hermanas, había empezado a robar en la escuela; al mismo tiempo su personalidad había cambiado y se había convertido en una niña reservada y furtiva. Había disminuido la calidad de su trabajo escolar y la escuela había pedido su expulsión. El otro hecho fue que el padre, que estaba tratando de mantener unida a su familia mientras hacía su propio trabajo, estaba confuso en relación con el modo de manejar las enfermedades de su mujer: ella padeció tres enfermedades que obligaban al marido a tratar con tres hospitales diferentes y esto produjo una falla de comunicación entre los dispositivos de asistencia social de ellos. El hombre se sintió desgarrado en tres partes y le insumía mucho tiempo cumplir con esas exigencias. Al final de la entrevista le dijo a Winnicott que por haber escuchado sus distintas y variadas quejas, se sentía capaz, por primera vez, de verlas como una unidad y que creía que podría afrontarlas sin ayuda adicional.

GARABATOS

Sin embargo sentía que necesitaba ayuda para Ruth y Winnicott dispuso una entrevista con ella. Era necesario que él en esa entrevista intentara revertir su tendencia antisocial y, si lo lograba, entonces confiaba en que el padre podría hacer frente a toda la situación familiar con la ayuda de las cualidades positivas de su esposa, a pesar de su mala salud.

En esa única consulta terapéutica, a través del juego del garabato, Ruth pudo recordar y revivir la tensión relacionada con la época en que se convirtió en una niña carenciada, y también pudo ilustrarla con un dibujo. La experiencia fue terapéutica para Ruth y los cambios que se produjeron en ella beneficiaron a toda la familia

Seguimiento

Cinco años. Desarrollo satisfactorio; no se produjeron robos. La familia se ha restablecido.

 

RICARDO JARAST